Guánica. Ya hay algún verdor en Guánica. Los restos de los edificios derrumbados, en su mayoría, se han retirado. Sobre los escombros que aún yacen en el suelo, ha crecido vegetación, tal si fuera presagio de esperanza.

Pero andar por las calles del casco urbano revela la realidad de la que el municipio no puede escapar. Aún sin tener que conocer su historia, se sabe que, en este lugar, tembló la tierra ferozmente, pues en la mampostería de algunos edificios permanecen las “X” rojas que las agencias gubernamentales les pintaban para identificarlos como de peligro y que tenían que ser derrumbadas. Los cristales de otros aún están agrietados. Candados mohosos evitan la entrada de casas vacías.

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Este, miércoles 7 de enero, se cumplieron seis años desde aquella madrugada en la que un temblor de magnitud de 6.4 sacudió a Puerto Rico, cambiando el rumbo histórico del país y la vida de los residentes de Guánica.

Y sí, es cierto que la ayuda gubernamental ha sido a cuenta gotas y obligó a muchos a acudir al éxodo, confesó la líder comunitaria del barrio La Luna, Michelle Morales. Sin embargo, estimó que el futuro es alentador.

“Ha sido a paso lento, lamentablemente por todo lo que el gobierno tiene que pasar. No es algo que uno quisiera, demasiada permisología, demasiadas cosas, pero dentro de todo, aunque ha sido a paso lento, sí se ha notado que eventualmente hemos tenido una recuperación”, comentó a Primera Hora.

El mismo sentimiento lo compartió Miriam Caraballo, quien junto a su esposo Rubén Rodríguez, es propietaria de Caños Pizza, en el casco urbano.

“Fue fuerte, porque uno gastó prácticamente los ahorros y prácticamente lo que tenía para estar en ese tiempo”, recordó Caraballo.

Morales calculó que entre el 75 y el 80% de los residentes de su comunidad que salieron del pueblo tras el sismo y sus réplicas han regresado. Esa salida de residentes, que afectó todo el pueblo, fue el mayor escollo para Caraballo, pues no conseguía empleados.

El futuro para Caraballo es mantenerse de pie, ya que, para ella y su esposo, operar su restaurante no se limita a servir comida, sino que es un “compromiso” para sus vecinos.

“Mucha gente depende de nosotros en momentos de crisis, y si nosotros nos vamos, se hace un poco más difícil para el pueblo. En ese sentido, es más un compromiso moral”, aseguró la empresaria quien ha liderado el local desde 1992, superando los retos de los huracanes Georges, María y, ahora, los terremotos.

“Tratamos siempre, aunque se nos haga difícil, de estar, porque muchas personas dependen de que nosotros estemos aquí”, continuó.

Por su parte, Morales estableció que se debería dar prioridad a la construcción y rehabilitación de casas para que haya progreso en Guánica. También resaltó la necesidad apremiante de atender la reconstrucción y los arreglos de los planteles escolares, sobre todo porque los estudiantes de la escuela superior Aurea E. Quiles Claudio y la intermedia Agripina Seda comparten un solo edificio.

Honestamente, (deseamos que la prioridad) sea la vivienda, para que todos los guaniqueños que tuvieron que abandonar posiblemente el pueblo por alguna u otra razón en cuanto a lo que fue el terremoto pudieran regresar nuevamente a nuestro pueblo”, comentó al señalar que los problemas que enfrentan Guánica preceden a los temblores.

“Lo que es la escuela superior se vino a derrumbar hace escasamente unos meses, pero no hay información de parte del gobierno central que van a reconstruirla. Hace mucha falta”, agregó.