“Gongo Fishing” ya tiene su sobo con aceite de culebra
El cazador de reptiles emprende con un producto para aliviar la inflamación y dolores musculares.
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Las recomendaciones de los adultos mayores a quienes ayuda con la captura de culebras que amenazaban sus hogares estuvieron “machacándole en la mente” hasta que, finalmente, lo convencieron.
José Luis Morales, mejor conocido como “Gongo Fishing”, no dejaba de escuchar las peticiones de que elaborara un producto que aliviara los dolores musculares y las articulaciones con una materia prima que conoce bien: las culebras.
“Cada vez que iba a una casa cuyos dueños tenían animales de granja, gallinas, me hablaban de que sus abuelos elaboraban un ungüento a base de aceite de culebra. Mucha gente me lo repetía, que por qué yo no hacía uno”, contó “Gongo” en entrevista con Primera Hora.
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Por generaciones, el aceite o grasa de culebra fue y es utilizada para aliviar dolores musculares y de las articulaciones, golpes, moretones y rigidez.
Tantos fueron los pedidos que se puso a investigar sobre el proceso el que pensó era más complicado. Así que habló con su equipo de trabajo, sumó a un biólogo y a una doctora para dar forma al proyecto que recién acaba de emprender: El Sobo de Gongo.

¿Cómo lo confecciona?
El cazador de reptiles comparte que una vez atrapa las serpientes, como pitones, el biólogo contratado se encarga de practicarles la eutanasia. Luego del manejo legal del ejemplar, Gongo hace la disección.
“Las abro a lo largo y extraigo las grasas, que mayormente están del estómago hacia abajo, hasta el rabo”, describe.
Una vez se separa cuidadosamente el tejido graso, inicia un proceso de limpieza de impurezas y de cocción a baja temperatura hasta que se vuelve completamente líquida.
Al indagar sobre su rendimiento, comentó que de “una culebra de 15 pies (de largo) lo que sale son como 8 envases”.
“Es como si pusieras la grasa en un caldero y pega a llorar (cocinar) a fuego lento, como hora y media llorando; se vuelve un aceite. Luego, la doctora y el biólogo lo filtran y purifican”, comenta el también estudiante de biología.
Pero, ¿a qué huele?
Gongo confiesa que tiene un olor “fuerte, como a aceite cuando cocinas chicharrón, pero no es malo (desagradable) ni nada”. De todas maneras, además de elaborarlo puro, “porque mucha gente lo pide así”, hay versiones con mentol y alcanfor.
Para el envasado, finalmente el aceite se coloca en recipientes limpios, identificados y sellados para su conservación.
Buen arranque
El joven cazador habla con sorpresa y entusiasmo de este proyecto el que se sigue difundiendo rápidamente. Explica que “mi trabajo es cazar las culebras, como siempre; que es lo que me gusta”, mientras que su equipo se encarga de todo lo demás, como la parte promocional, el etiquetado, en envasado y recibir las órdenes a través de sus plataformas en redes sociales.
“Hemos recibido más de 300 mensajes. Yo no hubiera podido hacer todo esto solo. Les doy las gracias que llegaron a mi vida”, dijo aliviado.
El Sobo de Gongo, cuyos clientes estrella son los adultos mayores, viene en diferentes tamaños y precios que van desde $20 hasta $75.
Pero no es el único proyecto en el que labora actualmente, pues ya está en etapa de pruebas de un repelente de serpientes.
“Comencé en esto para ayudar a la gente y sigo haciéndolo. Hace unas semanas una culebra se comió un perro y luego lo vomitó. También está el caso de los cinco gatitos que otra se comió. Yo voy a seguir cazándolas”, reiteró el joven quien hace poco perdió a su perro dóberman Hades y recién ayer recibió en su hogar a un cachorro de mes y medio.


