Un pequeño grupo de niños y niñas de kindergarten entra por primera vez al renovado salón de clases que será suyo durante este año escolar y desde el que comenzarán a descubrir el mundo.

Ninguno llora. Al contrario, están alegres. Cada uno, en silencio, se sienta y comienza a mirar con asombro a su alrededor, a explorar aquellas paredes pintadas de azul claro con arcoíris, nubes, estrellas y globos aerostáticos.

“Me gusta el salón”, comenta Randy, de cuatro años, pero quien no tarda en aclarar que “ya mismo” cumple cinco.

Para los pequeños, aquel espacio es nuevo, pero también lo es, en parte, para la maestra. Y es que, hace unos meses, ese salón del Colegio Sagrada Familia, en la calle Loíza, en San Juan, era muy distinto.

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No tenía aire acondicionado, ni aquellas nuevas sillas, ni la alfombra de colores, ni los anaqueles, ni aquel paisaje en las paredes; tampoco aquellas mesas donde, precisamente, una de las niñas apoya sus codos, coloca las manos en su quijada y sonríe, mientras balancea sus pies.

La transformación del salón fue posible gracias a un donativo de Fransglobal Charity Foundation, una organización sin fines de lucro que promueve el bienestar integral de la niñez y la juventud.

“Sentí mucha alegría, mucha satisfacción al entrar y ver el salón”, expresa Rebecca González Ouslán, directora ejecutiva de la entidad. “Nos dedicamos a ayudar a organizaciones y colegios como este para que tengan un espacio bonito, para que estén cómodos, contentos, puedan estudiar mucho y echar hacia adelante. Esperamos que les ayude a tener esa educación de calidad que merecen”.

 En 2012, el colegio estaba a punto de cerrar y un gurpo de voluntarios se organizó para ayudar a la comunidad y evitar que los estudiantes perdieran su escuela.
En 2012, el colegio estaba a punto de cerrar y un gurpo de voluntarios se organizó para ayudar a la comunidad y evitar que los estudiantes perdieran su escuela. (Suministrada)

Apostar por el futuro del país

La fundación nació hace casi cuatro años, cuenta Carlos Budet Vega, presidente de la Junta, cuando a eso de las 3:00 de la madrugada escuchó una voz que le dijo: “¡Qué mucho te he dado! Ahora te toca a ti. Tienes que comprometerte y hacer algo grande”.

esde entonces, “nuestra misión es ayudar a los niños de este país. Mientras un niño sea abusado o pierda la vida, tenemos mucho por hacer”, sostiene el ejecutivo. “Dentro de las calamidades que hay en Puerto Rico, que son muchas, qué mejor que ayudar al futuro del país. Si ayudamos a estos niños ahora, vamos a crear mejores ciudadanos”.

Por eso, cuando Rising Stars Foundation, organización sin fines de lucro que apoya al colegio, le presentó la iniciativa de modernización, no lo dudaron.

Un colegio con impacto social

El 80 % de los estudiantes que asisten al Colegio Sagrada Familia proviene del residencial Luis Lloréns Torres. El resto vive en sectores aledaños, como Villa Palmeras, y del municipio de Loíza.

Pero en 2012, el colegio estaba a punto de cerrar. Así que un grupo de voluntarios se organizó para ayudar a la comunidad y evitar que los estudiantes perdieran su escuela.

“Le ofrecemos a los niños y a sus familias una alternativa a ese núcleo que a veces no es favorable. Que sepan que pueden llegar a ser más de lo que tradicionalmente se espera de ellos”, puntualiza José Cruz, vicepresidente de Rising Stars Foundation.

Sus estudiantes han logrado destacarse en las pruebas estandarizadas. Y, contrario a lo que ha sucedido en otras instituciones, su matrícula para este año escolar 2026-2027 aumentó a 49 alumnos.

El renovado salón de kindergarten del Colegio Sagrada Familia brinda a sus estudiantes un espacio moderno, seguro y adecuado para sus primeros años de aprendizaje.
El renovado salón de kindergarten del Colegio Sagrada Familia brinda a sus estudiantes un espacio moderno, seguro y adecuado para sus primeros años de aprendizaje. (Suministrada)

Un salón para soñar

Pero para continuar ese legado, era necesario acondicionar el salón de kindergarten.

“Los primeros años de vida son determinantes para el desarrollo de cada niño”, resalta la directora escolar, Siulma Dávila Muñoz. “Tener un salón más bonito, cómodo, moderno, seguro, acogedor y climatizado, ayuda mucho a los estudiantes a enfocarse mejor, a concentrarse en sus clases. Ahora tienen un ambiente adecuado para aprender y descansar”.

Desde allí, ocho niños y niñas comenzarán a desarrollar todo su potencial, a crear, a soñar. Como Randy, que ya tiene claro qué quiere ser cuando sea grande: “un hombre”.