Guayama. Esperar que el agua emane del grifo ya se ha convertido en un acto casi fortuito. Tal ha sido el tema del día: este preciado líquido y su escasez.

El guayamés José “Moncho” Mazo sabe que hay una solución que habría aliviado a algunas familias puertorriqueñas en esta sequía y, a su vez, conserva una práctica centenaria: el uso del agua potable de pozos termales, específicamente los Pozos de Virella, en Guayama.

“Además de que los pozos son un sitio demasiado histórico, es agua potable. Ya tú sabes la sequía. Cuando la gente no tenía agua o les faltaba, iban pa allá, a manantiales y esos sitios también se deberían proteger desde ya”, comentó Mazo a Primera Hora.

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El redescubrimiento

Fue por prestarle el oído a las llamadas “leyendas urbanas” y explorar cada esquina de su pueblo natal que los localizó.

“Las aguas termales era una historia de pueblo”, contó, mientras endulzaba con azúcar morena su café. “Casi siempre, la historia que yo busco (es a través de la) historia oral. Yo quería buscar esas leyendas que hablaban por ahí de antes”, continuó.

Tal como nuestros ancestros, quienes compartían su historia y mitos oralmente, su meta por encontrarlos tuvo su génesis en pláticas con adultos mayores de su pueblo, quienes siempre están dispuestos a narrar las costumbres de antaño. Esto, claramente, lo reforzó con su investigación bibliográfica. Así, encontró los Pozos de Virella en 2020.

“Desde niño siempre me gustó la exploración”, aseguró. “Antes no había Nintendo, no había redes sociales, no había nada de eso. La gente de antes, los tíos míos, el paseo eran los ríos, la playa o el monte. Esos sitios. Ellos me fueron enseñando diferentes lugares y yo aprendí y siempre me ha gustado lo que es la exploración y esas cosas… Yo me di a la tarea de buscar esos lugares”, agregó.

Supo que no se “podía quedar con esto”. Comenzó su búsqueda y, en terrenos alquilados para la cría de ganado que, presuntamente, pertenecen a la Autoridad de Tierras, encontró los Pozos de Virella. Tanta era la vegetación que cubría los pozos que Mazo terminó cayendo dentro de uno de ellos. Así los encontró.

“¡Lo encontramos, lo encontramos!”, recordó exclamar desde el pozo que estaba repleto de sedimentación.

Publicó la revelación en la red social Facebook a través de la página que creó, “Redescubriendo el Sur P.R.”, y una avalancha de personas se ofrecieron como voluntarios para limpiar el área, llegando desde Ponce, Arecibo y San Juan.

Ha contado con el apoyo de arqueólogos, cuyos nombres mantuvo en el anonimato, e historiadores. Aprendió que los Pozos de Virella, o los Baños de Virella, datan de la década de los 1500 y eran propiedad de la familia catalana. Mazo dijo que otras 10 generaciones posteriores se quedaron allí. Los antiguos hacendados de esas tierras los usaban, al igual que navegantes. Ya para el siglo XVIII y XIX, se comenzaron a utilizar para el riego de la caña.

Los Pozos de Virella.
Los Pozos de Virella. (Suministrada)

De acuerdo con Mazo, los pozos, con una profundidad de hasta ocho pies, son agujeros circulares en el suelo alimentados por agua subterránea de hasta 93 grados Fahrenheit. El agua es dulce y potable y el azufre y los minerales la pintan de un azul verdoso.

Según el líder, los Pozos se han intentado rescatar durante los pasados 20 años. Los intereses de los ganaderos y la aparente falta de voluntad gubernamental han sido los escollos.

“La idea sería que ese lugar se convierta, no como unos Baños de Coamo que tienen cemento, sino que se (mantenga) natural, que se vea así con el estilo colonial, redescubrir las otras que están alrededor, porque hay como cinco más aparentemente”, previó tras hojear el libro “Guayama” de Adolfo Porrata Doria.

¿Y ahora qué?

Ha sido Mazo quien, con machete en mano, ha limpiado el área. Mantiene en secreto la ubicación específica, pues quiere evitar vandalismo y el uso indiscriminado de las aguas, ya que con los años se han ido deteriorando. Estima que les quedan unos 10 años de vida, de no tomarse acción inmediata.

Por eso, ha buscado ayuda gubernamental.

Confesó que ha sido escasa hasta ahora, cuando el representante Fernando Sanabria Colón, presuntamente, le aseguró que legislará para crear un proyecto que proteja los pozos y, a su vez, establezca una ruta ecoturística que los conecte a otras áreas de valor histórico en los pueblos adyacentes, como Salinas, Arroyo y Patillas.

“Es cuesta arriba, porque crear esa conciencia de estos lugares es bien difícil. En los videos míos (de las redes sociales) lo digo, ‘mira, si ustedes van para Egipto, van para Perú, Machu Picchu, van para Colombia, ¿qué ustedes van a ver por allá? Ah, las pirámides, las casas antiguas. Aquí eso lo tenemos’”, dijo Mazo, quien se dedica a la industria farmacéutica.

La propuesta que le ha hecho al político es que se conserven los pozos históricos y en otra área donde se pueda acceder al agua subterránea se construyan gazebos para uso del pueblo.

“¿Qué quiero hacer realidad? Por lo menos conservar las antiguas (instalaciones), hacerlo aparte para su protección, pero ahí mismo… también hacer una pública (cercana)”, estableció.

Primera Hora se comunicó hace varios días con el representante Sanabria Colón para su reacción, pero al momento de esta publicación se aguardaba por una respuesta.

Ante todo, Mazo mantiene su norte: que el pueblo tenga agua y conozca su historia.

“De aquí a unos años más se sabe que el agua va a valer más que el oro. Hay que identificar esos lugares para protegerlos para que estén accesibles para el pueblo, (pero) con control. Es punta de lanza para el turismo y, obviamente, desarrollarlo por la historia rica que tiene. Es un legado que se va a quedar para toda la gente y para Guayama”, indicó.