Hace casi 29 años, el 17 de noviembre de 1997, mi padre, Antonio Luis Ferré, vio algo que otros no estaban mirando: casi un millón de personas en Puerto Rico no leían el periódico. En su mayoría, gente joven.

Fue él quien tomó la decisión, entonces casi temeraria para la industria, de romper con todos los esquemas tradicionales del periodismo. Se fue a Inglaterra a estudiar los periódicos populares, esa mezcla de picardía y cercanía al pueblo que contaba la noticia de una forma distinta, con el oído puesto en lo que sonaba en la calle. El pueblo se vería reflejado.

Relacionadas

Así nació Primera Hora, con un lenguaje coloquial, mucho más cercano a la gente y, por supuesto, con una apuesta visual y de contenidos con una misión bien definida: fácil de leer.

No fue casualidad que esa primera portada llevara la imagen de Iris Chacón. Más que una fotografía, era una declaración de principios: este periódico iba a conversar de lo que la gente hablaba en la guagua, en el café y en la esquina. Como en La guaracha del Macho Camacho, el pueblo sería el protagonista. Y pegó. Y nos canibalizamos nosotros mismos, sin miedo, porque estábamos haciendo lo mismo que hacemos hoy: seguir al lector.

María Luisa Ferré Rangel, presidente y CEO 
de GFR Media
María Luisa Ferré Rangel, presidente y CEO de GFR Media (Suministrada)

Había un mercado, ¿por qué no abrir la puerta? Nos dijeron que PH duraría poco y que acabaría con El Nuevo Día. Nada de eso ocurrió. El pulso de la calle nos dio la razón, y hemos latido fuerte, rompiendo todos los récords de crecimiento periodístico, aun cuando la prensa escrita ya enfrentaba sus problemas.

Hacer prensa popular en serio no es un asunto menor. Es, de hecho, uno de los ejercicios más exigentes del periodismo. El sello, el alma de PH, fue clave desde el comienzo. Nos ganamos el corazón de los puertorriqueños rápidamente. No era una tarea sencilla. Había que dar con una propuesta atractiva, sin perder rigor. PH lo consiguió desde su nacimiento y lo sostuvo mezclando dos almas que rara vez conviven bien en un mismo periódico: el pulso de una revista y la densidad de la noticia y la investigación, pero hablando en arroz y habichuelas. Hacer periodismo con sazón, divertido pero serio, que te haga reír y pensar a la vez, es una fórmula que no muere: hoy PH digital tiene 40 millones de page views al mes y más de 1.3 millones diarios. Lanzamos los jueves Coge Calle y el horóscopo de Madame Mela innovando igual que hace 29 años, con el oído en tierra.

Primera Hora terminó siendo, sin proponérselo del todo, objeto de estudio en América Latina y más allá: la prueba de que la gente sí quería informarse de manera diferente, y de que estaba dispuesta a pagar por ello, siempre que alguien se lo contara en su propio idioma.

El equipo fundador y todos quienes se han sumado a esta aventura dieron vida al ADN inconfundible de la marca. Así consiguió su propio récord: es el periódico de más rápido crecimiento de la prensa puertorriqueña. Con secciones como Boricuas en la Luna y El Bombón de Así entre otras, abrimos camino: unimos a los puertorriqueños en los lugares más remotos del mundo y los fuimos a buscar.

Ese crecimiento no fue azar ni suerte. Ha sido un trabajo arduo. Y el norte no ha cambiado: seguir siempre a la audiencia. No es el periódico quien decide dónde deben estar los contenidos periodísticos. Cuando la gente estaba en la calle y en los semáforos, ahí estábamos. Cuando la gente se mudó a Internet, la seguimos: así nació primerahora.com en el año 2000, cuando casi nadie en la Isla se imaginaba hasta dónde llegaría. Y desde 2018, Primera Hora ha liderado —solo o codo a codo con su diario hermano, El Nuevo Día— el ranking de medios locales impresos con mayor presencia digital, según ha confirmado año tras año la Asociación de Ejecutivos de Ventas y Mercadeo de Puerto Rico (SME).

Nada de esto habría sido posible sin la gente que, todos estos años, le dio vida a este periódico: periodistas, fotoperiodistas, prensistas, distribuidores (carreros), voceadores, personal técnico y anunciantes hicieron de Primera Hora lo que es. Esa gente es PH tanto como cualquier portada memorable, de las que —seguro— recuerda varias, pues son y han sido icónicas.

Este año nos pusimos al día también en el nombre: adoptamos de una vez las siglas con las que ya todo el país nos llamaba en la calle, y estrenamos una imagen más moderna y directa. Ya no hace falta escribirlo completo. Con decir “PH”, todo el mundo sabe de qué se trata.

Hoy damos un paso más en ese mismo camino: dejamos de imprimir en papel. La audiencia sigue mandando, y ahora la audiencia está en la pantalla. Lo que no cambia es la promesa con la que nacimos: PH fue, es y seguirá siendo un periódico gratuito, de acceso libre para todo aquel que quiera seguirnos.

Para todos los boricuas que quieren bailar al son de su propio ritmo, ahí estaremos, con calor humano, con humor, con cariño, con la promesa de no olvidar que somos de la calle y del pueblo. No pusimos condiciones para leernos en la calle, y no las vamos a poner tampoco en Internet.

La calle sigue siendo la calle, solo que ahora cabe en la pantalla de un teléfono, y seguimos siendo, como siempre, quienes leen la realidad y consignan lo bueno y lo malo sin abandonar nuestra apuesta característica, la que late que late, de chocolate y caramelo y limón verde, inspirando lo que nunca dejaremos de ser: alegres y optimistas eternos.