El diagnóstico de cáncer, como muchos otros, trae consigo incertidumbres, preguntas, y desaciertos en las personas que padecen la condición, así como en las personas que las acompañan. Por tal razón, es un proceso compartido de adaptación. Este proceso se ve reflejado en múltiples aspectos físicos, psicológicos y sociales del individuo. Ante esto, es de suma importancia educarse y entender el diagnóstico.

Luego de informarse, es imprescindible prepararse física y mentalmente para el proceso.

La Sociedad Americana Contra el Cáncer indica que la buena nutrición es importante para el manejo de la enfermedad y su tratamiento.

Al igual que la preparación física, es importante cuidar la salud emocional. Para ello, expresa las emociones que sientes (cuando quieras hacerlo), enfócate en lo positivo, evita culparte, evita cogerte pena, busca medios de cómo trabajar con las emociones, controla el estrés, mantente tan activo como puedas (dentro de las recomendaciones médicas) y dedícale tiempo a las actividades que disfrutas.

Cómo manejar los síntomas de estrés en los pacientes oncológicos:

1. Los síntomas de estrés postraumático pueden o no aparecer inmediatamente, o bien repetirse semanas después del trauma. Es normal, pero debes preocuparte cuando son muy prolongados y van acompañados de dificultades funcionales. Busca ayuda profesional.

2. Los niños y los adolescentes harán muchas preguntas relacionadas al evento. Por lo tanto, debes estar disponible para contestarlas en palabras que el menor pueda comprender. Debes saber que tendrás que repetir la información una y otra vez porque es parte del proceso de asimilación del menor, así que ten paciencia y no pierdas la calma. Háblale con la verdad de lo que está sucediendo y por qué; minimizar el evento con mentiras no terminará con sus preocupaciones. Déjale saber que estás ahí para protegerlo, aprender del evento, explicarle por qué sucede, apoyarlo y respetar sus emociones y sentimientos.

3. Quizás algunas personas y, en especial, los niños, no quieran hablar de sus miedos y emociones. Una buena estrategia es pedirles realizar un dibujo de lo que sienten, escribir una carta o contar una historia, entre otras actividades propias de su edad.

4. Si el paciente reconoce y habla de sus sentimientos y pensamientos, agradécele por compartirlos, dile que está bien sentirse así, pues validas todas las emociones y los pensamientos porque todos son importantes. Escúchalo, oriéntalo adecuadamente y apóyalo.

5. Repasa con tu familia tu plan de apoyo para el paciente sobre las decisiones que se deban tomar durante y después del tratamiento.

6. Las rutinas acostumbradas probablemente cambiarán, inquietando al paciente. Es importante crear rutinas acordes y explicarle el porqué de ellas.

7. Los menores notan la ansiedad y el estrés del adulto. Recuerda que eres humano, valida tu emoción y tus sentimientos, explicándoles por qué te sientes así y déjales saber que estás trabajando en ello. Sé un ejemplo para tu familiar; no le mientas, es parte del desarrollo de la inteligencia emocional comprender las emociones del otro. Estás haciendo lo mejor para mantener una salud mental estable en tu familia. Es importante que el paciente lo sepa y vea tu amor hacia él reflejado en el acto.

8. Probablemente, el paciente y los familiares escuchen, vean o lean información que no es correcta. Recuerda explicarles que los rumores son solo eso. Muéstrales las fuentes correctas, explícales que deben ser de base científica y fidedigna.

9. Algo que ayuda mucho es formar parte de actividades humanitarias. Esto le dará sentimiento de pertenencia. El paciente aprenderá sobre la resiliencia y podrá observar que no está solo en su proceso y que hay muchos como él.

Será un excelente momento para fortalecer sus valores y sentimientos de solidaridad, lo cual le ayudará en su sanación, dándole un sentido de pertenencia, seguridad y restablecimiento del orden.

10. Si la religión, la espiritualidad o alguna creencia es parte de sus vidas, fortalécelas. Mantenerse positivo ayuda a fortalecer la mente y el cuerpo. Mantenerse presente en el aquí y el ahora es clave en la recuperación.

11. Mantén al paciente activo en la manera que pueda. El ejercicio libera neurotransmisores asociados al bienestar.

Exhórtalo y benefíciate tú también. Los ejercicios de respiración ayudan a relajar.

12. La arteterapia, la musicoterapia y la aromaterapia son alternativas muy buenas para relajar a los niños y a los adultos. Considera utilizarlas antes de dormir.

13. Los pacientes con necesidades especiales pueden requerir atención adicional para comprender y lidiar con el trauma. Sé paciente y empático.

14. Si, como cuidador, te sientes abrumado y no apto para continuar lidiando con la situación, está bien buscar ayuda. Delegar es importante, recuerda que si no estás bien no podrás ayudar a los demás.

Reconocer que no podemos hacerlo todo es una forma realista de lograr nuestras metas, a tono con nuestro plan de acción.

Recuerda que los niños y los adolescentes pueden llevar a cabo tareas de acuerdo con su edad.

15. Duerme, come e hidrátate, de otra forma no podrás funcionar y tomar decisiones adecuadas.

16. Conocer los recursos de tu comunidad y los números de emergencia es de suma importancia. Compártelos con tu familia.

17. No todos tenemos la misma capacidad de recuperación. No compares, no juzgues, sé empático, practica la resiliencia y sé paciente. Hay creencias y prácticas que influyen en la conducta. Ten en cuenta la diversidad, la equidad y la cultura, al momento de ayudar.

18. Hay un dicho que dice “detrás de la tormenta siempre llega la calma”. Disfruta de tu familiar, aprovechen la desconexión de las rutinas y conócelo, abrázalo y dile cuánto lo amas.

Los autores son consejero profesional licenciado en salud mental e interno de Psicología en la Clínica de la Unidad de Medicina Conductual del Hospital Pavía de Hato Rey; psicóloga clínica y coordinadora de Servicios Terapéuticos del Hospital Pavía de Hato Rey; gerontólogo e interno de Psicología Clínica de la Unidad de Medicina Conductual del Hospital Pavía de Hato Rey; y consejera psicológica e interna de Psicología en la Clínica de la Unidad de Medicina Conductual del Hospital Pavía de Hato Rey, respectivamente.