Más allá de defender al cuerpo cuando ocurre una cortadura, la inflamación crónica sistémica ocasionada por obesidad, hipertensión e hipercolesterolemia, entre otros diagnósticos, se levanta como un enemigo silente que incide en el desarrollo de enfermedades del corazón.

A esto se suman las afecciones reumatológicas, tales como artritis reumatoidea, lupus eritematoso sistémico, psoriasis y la enfermedad inflamatoria intestinal que, colocan al paciente en un riesgo mayor de infarto.

De acuerdo con el cardiólogo William Redondo del Puerto Rico Cardiology Institute, “en los últimos años se ha confirmado algo fundamental: la inflamación crónica es un motor silencioso de muchas enfermedades cardiovasculares”.

“Es importante diferenciar lo que es inflamación aguda o localizada, versus lo que es una inflamación crónica sistémica. Por ejemplo, una inflamación aguda es cuando nos cortamos o tenemos una inflamación temporal que tiene un efecto protector en el cuerpo. Sin embargo, la inflamación crónica puede durar meses o años y, muchas veces, suele pasar desapercibida. En ese estado, el sistema inmunológico permanece activo de forma constante y va liberando sustancias inflamatorias que dañan los tejidos sanos”, advirtió.

Asimismo, destacó que la inflamación favorece las formaciones de placa de colesterol en las arterias que “se pueden convertir en más inestables, aumentando el riesgo de que el paciente presente un infarto o derrame cerebral”.

“Este tema es especialmente relevante por el hecho de que hay un aumento en el síndrome metabólico caracterizado por la obesidad abdominal, la hipertensión, los problemas de colesterol y la resistencia a la insulina”, expuso.

Sobre este punto aclaró que no se trata únicamente del exceso de peso, sino que “el tejido de grasa o adiposo actúa como si fuese un órgano inflamatorio activo. Entonces, esas células grasas producen sustancias que se llaman citocinas, lo que aumenta la inflamación sistémica, la resistencia a la insulina y altera la función normal de los vasos sanguíneos”, detalló.

Por ende, dijo, “la obesidad se asocia estrechamente con hipertensión, con diabetes tipo 2, enfermedad coronaria, insuficiencia cardiaca y apnea del sueño”.

“Incluso, se ha visto que, una reducción moderada en peso, puede disminuir significativamente el marcador inflamatorio y, por lo tanto, disminuir el riesgo cardiovascular”, afirmó.

Otro aspecto que afecta la salud del corazón es el covid-19, cuyos efectos pueden provocar una respuesta inflamatoria intensa, impactando el sistema cardiovascular.

Según el cardiólogo, “recientemente se han visto casos de miocarditis o inflamación del músculo del corazón. También hay mayor riesgo de formación de coágulos y puede empeorar las enfermedades cardiacas que ya se padecían. Se ha visto también a personas que desarrollan síntomas persistentes tras padecer esta infección y se conoce como el covid prolongado. Esta inflamación sostenida puede jugar un papel importante en aumentar el riesgo cardiovascular, incluso, meses o años luego de haber tenido la infección”, lamentó.

En tanto, las personas con diagnóstico de enfermedades reumatológicas, entre estas, artritis reumatoidea, lupus eritematoso sistémico, psoriasis y enfermedad inflamatoria intestinal, “tienen un mayor riesgo de infarto”.

“En estos pacientes, específicamente, el sistema inmunológico está de forma activa continua y, esa inflamación no se queda en los órganos, sino que circula por todo el cuerpo, incluyendo el corazón y las arterias. Por eso, el riesgo cardiovascular aumenta, incluso en personas jóvenes que no tienen colesterol alto”, sostuvo.

De otra parte, confesó que, “lo peligroso de esto es que muchas veces no hay una señal de alerta como tal. Hay que crear conciencia sobre esto. Uno se puede sentir bien, pero el daño, poco a poco, se va haciendo”, agregó.

¿Qué podemos hacer para reducir la inflamación y proteger el corazón?

De acuerdo con el cardiólogo, la modificación en los estilos de vida puede ayudar a disminuir el riesgo de inflamación, así como prevenir o minimizar el desarrollo de enfermedades cardiovasculares en el futuro.

“Cuidar el corazón va más allá de mantener el colesterol, la diabetes y la presión controlada. La inflamación va a ser también un factor central y está influenciada por nuestro estilo de vida”, enfatizó.

Para lograrlo, recomendó la actividad física regular, además de una alimentación balanceada que sea rica en frutas, vegetales, granos integrales, pescado y evitar el consumo de carbohidratos en exceso.

“En pacientes que tienen apnea del sueño, manejar la apnea, manejar el estrés, ir a su médico, controlar su presión arterial, mantener controlado el colesterol y las azúcares. Todo eso son tratamientos que pueden ir dirigidos a reducir la inflamación y, por ende, disminuir los eventos cardiovasculares”, señaló.

“Además, el uso del cigarrillo también produce inflamación y el sedentarismo aumenta los factores de riesgo. Si modificamos estos factores de nuestro estilo de vida, podemos disminuir y prevenir el desarrollo de enfermedades cardiovasculares en el futuro”, asintió.

La autora es periodista colaboradora de Puerto Rico Saludable.