Generalmente, entre agosto y octubre, Puerto Rico experimenta la mayor actividad ciclónica. Para este año, la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA, en inglés) había previsto en mayo una temporada por encima de lo normal con un 65 % de probabilidad. En agosto varió el pronóstico a 60 %.

En la noticia, difundida por la agencia, aparece que la probabilidad de una actividad cercana a lo normal aumentó a 30 % mientras que se mantiene el 10 % para una temporada por debajo de lo normal.

Aunque a esta fecha la temporada se ha presentado por debajo de lo normal tal como sostuvo la meteoróloga Ada Monzón, se insta a no bajar la guardia. Un sabio consejo que el huracán Fiona se ha encargado de validar a un nivel catastrófico.

La NOAA ha previsto entre 14 a 20 tormentas con nombre, de las cuales 6 a 10 podrían convertirse en huracanes. Con un rango de confianza del 70 %, la agencia ha pronosticado que entre tres a cinco podrían convertirse en huracanes mayores.

“El aumento tan fuerte de la temperatura en el Atlántico Norte ha debido modificar el patrón del viento y el pronóstico general”, comentó.

Hasta que finalice la temporada de huracanes el 30 de noviembre, es importante continuar con los planes familiares y comunitarios de prevención y mitigación. Recuerda identificar rutas de desalojo y el lugar de reunión en caso de emergencia, y verifica las cláusulas y la vigencia de tus pólizas de seguro. Evalúa tu vivienda y lugar de trabajo y atiende adecuadamente los riesgos.

Impacto del cambio climático

Los patrones de temperatura y precipitación han cambiado, los glaciares se derriten y aumenta el nivel del mar. Debido a la alta concentración de gases de efecto invernadero ligados a la actividad humana irresponsable como la tala de árboles, la destrucción de los ecosistemas, el uso de energía no renovable, entre otras causas, la temperatura de la Tierra ha aumentado.

“Lo que más me preocupa es lo acelerado que está el cambio climático”, dijo Monzón. Acerca de la rápida intensificación del huracán María, afirmó: “Como único lo puedes explicar es por el exceso de calor en el océano y eso está atado al calentamiento global”.

De acuerdo a NOAA Climate.gov, la temperatura media global de la superficie ha aumentado 2 grados Fahrenheit o 1 grado Celsius aproximadamente desde la era preindustrial. Aunque pueda parecer un cambio poco significativo, no lo es. Y Monzón lo explicó con una analogía del cuerpo humano.

La temperatura normal promedio del cuerpo es de 37 grados Celsius, pero si llega a 38 grados indica que la persona tiene fiebre. “Cuando sacas al sistema de equilibrio, eso tiene consecuencias”, manifestó.

Así como la tendencia mundial es que haya más zonas en proceso de calentamiento, el nivel del mar en el mundo ha aumentado entre 8 y 9 pulgadas desde 1880. Otros datos provistos por la agencia mencionada apuntan a que la pérdida de masa glaciar ha continuado su curso y los niveles de dióxido de carbono son los más altos de la historia humana. También, la superficie de hielo marino en el Ártico ha cambiado y se encuentra significativamente por debajo del nivel de las décadas anteriores.

De mantener el aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero, se estima que, a finales de siglo, la temperatura global será al menos 5 grados Fahrenheit más cálida que la media de 1901 a 1960.

En 2005, investigaciones del Instituto Tecnológico de Georgia y el Centro Nacional de Investigación Atmosférica expusieron que los huracanes de categoría 4-5 casi se han duplicado en los pasados 35 años.

¿Cómo han cambiado los fenómenos meteorológicos?

Existe evidencia científica que correlaciona el cambio climático, tanto por la actividad humana como por la variabilidad natural, con la alteración e intensificación de los fenómenos naturales.

En la hoja informativa Cómo afecta el cambio climático a los fenómenos extremos, de la NOAA, se estima que el cambio climático causado por la actividad humana probablemente ha ocasionado un aumento en el número de días y noches de calor extremo, y ha influido también en la duración de las olas de calor.

“Para otros tipos de fenómenos extremos, como huracanes y tornados, no hay una influencia humana claramente detectable, aparte de que el aumento del nivel del mar ha exacerbado las inundaciones costeras relacionadas con la marea de los huracanes”, detalló NOAA. “Sin embargo, basándose en modelos y teoría científica, los científicos prevén que en el futuro habrá influencia humana atribuible a los huracanes más extremos y a las precipitaciones asociadas”.

De este modo, el cambio climático tiene un sinnúmero de consecuencias directas en nuestro estilo de vida. Para Monzón, a medida que la temperatura continúe elevándose, incluso los lugares donde las personas vacacionan en verano, tendrán que ser sustituidos por otros menos calurosos. Además, anticipa que los patrones de trabajo cambiarán, ya que las personas que laboran al aire libre estarán expuestas a calor extremo. En las escuelas, las horas de recreo en las que el estudiantado tiene mayor exposición al calor tendrán que ser modificadas.

“La agricultura se tiene que ajustar”, añadió. El cambio climático es una gran amenaza para la seguridad alimentaria y el desarrollo sostenible.

Desde luego, también perjudica a la salud. A modo de ejemplo, es posible que el incremento del calor extremo eleve el riesgo de muertes y enfermedades relacionadas al mismo. Al respecto, la Organización Mundial de la Salud, la Organización Panamericana de la Salud y otros organismos internacionales han advertido sobre el peligro del cambio climático a la salud y el bienestar. Efectos como el agravamiento de enfermedades circulatorias y respiratorias, el aumento del riesgo de enfermedades transmitidas por el agua y de la desnutrición por la disminución de la producción de alimentos y el acceso a los mismos, así como el incremento de la angustia, la ansiedad y la depresión son solo algunas de las consecuencias preocupantes que han presentado la OMS y la OPS.

Evidentemente, urge atender con diligencia y compromiso los planes de acción para responder adecuadamente al cambio climático. Tanto el Acuerdo de París como los Objetivos de Desarrollo Sostenible, adoptados por las Naciones Unidas, han propuesto políticas y estrategias. La reducción de emisiones de dióxido de carbono, el uso de energía renovable y el crecimiento sostenible e inclusivo son clave para garantizar nuestra salud y seguridad.

Entre las acciones individuales y familiares que debemos realizar para contribuir a la mitigación del impacto nocivo del cambio climático se encuentran: ahorrar energía, reducir, reutilizar y reciclar, plantar árboles, no desperdiciar alimentos y apoyar iniciativas éticas que promuevan la sostenibilidad.

Ante los efectos del calentamiento global en la población y los ecosistemas, y la intensificación de los eventos extremos, es necesario el desarrollo de mecanismos que se implementen con celeridad, responsabilidad y sin interrupción. En el caso de Puerto Rico, el Comité de expertos y asesores sobre cambio climático —del que Monzón es parte— fue creado por la Ley Núm. 33 del año 2019 y tiene a su cargo preparar el Plan de Mitigación, Adaptación y Resiliencia al Cambio Climático.

Para más información, visita: www.noaa.gov; www.paho.org/es/temas/cambio-climatico-salud; www.un.org/es/actnow; www.lexjuris.com/lexlex/Leyes2019/lexl2019033.htm.