Cuando era solo un adolescente, Nino Correa se inscribió como voluntario de la Defensa Civil del municipio de Carolina. Para aquel entonces, tenía solo 14 años, pero ya el deseo de ayudar a otros en momentos de emergencia nacía en su corazón.

“Entré de voluntario a mis 14 años, desde ahí comenzaron los adiestramientos en primeros auxilios, rescate y, poco a poco, fuimos evolucionando. Cada vez que había algún evento así, que fuera de magnitud en la isla, pues me metía en la Defensa Civil”, recordó el funcionario, quien lleva desde 1978 ayudando a salvar vidas.

Según el comisionado interino del Negociado para el Manejo de Emergencias y Administración de Desastres (NMEAD), ese fervor por servir fue aprendido de su madre, quien siempre le inculcó el amor al prójimo. Por eso, afirmó que no se considera un servidor público, sino un servidor del prójimo.

“Yo pienso que más que ser servidor público, soy hijo de doña María, que tuvo diez hijos; y mami siempre nos crió en el Evangelio; siempre nos recalcó esta parte del amor al prójimo. Donde quiera que me meto, lo digo así porque, cuando uno anda en el camino de Dios, Él te lleva y te pone hasta donde he llegado… la gloria es para Él. Para eso [servir al pueblo] hay que amar al prójimo más que ser un servidor público”, dijo convencido Correa, quien nació en la base militar de Fort Hood, en Texas, aunque confesó que casi nace japonés, ya que, cuatro días antes de llegar al mundo, sus padres se encontraban por aquellos lares en alguna de las misiones militares de su progenitor.

Para Nino, las experiencias vividas en situaciones de emergencia son innumerables. Sin embargo, no importa el tiempo que haya pasado, no hay evento, nombre de huracán o emergencia que se borre de su mente, ya que aseguró que cada una de ellas marcó su vida profesional y personal.

“Estuve en Mameyes (1985) cuando aquellas lluvias [y] estuve en el Dupont Plaza (1986), donde fui hasta en mi vehículo personal a dar la mano. También [estuve] en aquellas lluvias del 6 de enero en Cayey (1992), donde hubo tanto desastre... [en] la explosión de Río Piedras (1996), el huracán Georges (1998), el World Trade Center (2001)”, recontó.

“Las más que te afectan son cuando hay niños en situaciones difíciles, como en el caso de San Sebastián, donde estuvimos tres o cuatro días buscando a dos menores [arrastrados por un golpe del río] y cuando recuperamos los cuerpos fue bien difícil, porque son como fotos que se quedan contigo. Yo digo que todas [las experiencias] te marcan y de todas se sacan cosas que hay que mejorar y aprender. No nos podemos centrar en que todo lo hemos vivido, sino en que te sirve de experiencia y que hay que seguir... Uno no sabe a dónde Dios te va a llevar más adelante”, comentó el rescatista, quien destacó que la misión más compleja que ha enfrentado, en términos de logística y esfuerzo, fue la búsqueda, durante 32 días, de seis tripulantes que perecieron cuando un helicóptero militar cayó en la zona de Río Grande el 20 de diciembre de 2010.

No obstante, a pesar de la lista extensa de eventos donde ha estado presente, Correa afirmó que los últimos cuatro años han sido de mucho aprendizaje y que ha visto en el pueblo un interés genuino por aprender a manejarse en medio de las emergencias.

“En cuatro años hemos vivido tantas cosas que la gente se ha reinventado en todo el sentido de la palabra. Ayer se cumplieron cuatro años del paso del huracán María. Antes vivíamos de la experiencia del terremoto de 1918, pero ya podemos vivir de la experiencia del 7 de enero de 2020, donde nuestras vidas cambiaron. Tres meses después entró la pandemia y aquí estamos batallando. Nuestra misma comunidad se ha reinventado. Las mismas emergencias han provocado que te orientes a la comunidad; citas a la gente para aclarar dudas y se te llena el sitio”, sostuvo.

Como líder de NMEAD, Correa espera seguir trabajando para brindar una respuesta asertiva cuando más lo necesite el pueblo, pero su anhelo es que las personas entiendan que “el tema del manejo de emergencias no tiene temporada; es un tema para todo el año” y que ellas mismas deben ser capaces de protegerse ante cualquier evento, aunque afirmó que están trabajando para que la respuesta del Gobierno sea la más correcta en una catástrofe.

“Queremos que la gente sepa que nosotros, el Gobierno, sí tenemos una responsabilidad y que vamos a acudir a la respuesta de un evento. Pero, deben saber la importancia de que, como individuo, como familia, como comunidad, como barrio, como pueblo, no esperen a que tengamos que atenderles; que reaccionen”, exhortó Correa.

Aparte, agradeció a Dios la confianza que el pueblo ha demostrado tenerle y el apoyo a su manera de servirle al país, desde todas las esferas donde ha laborado.

Le doy gracias a Dios, sé y tengo claro que Dios me tiene aquí con ese propósito. Le pido a Dios todos los días que el día que tenga que tomar una decisión de cómo se [debe] manejar [una emergencia], pues que ese mensaje le llegue a todo el mundo y que la gente reaccione. Uno no lo hace porque sea un capricho de uno; uno lo hace porque, como yo digo, los vivos son los que sienten el dolor de aquel que se va. Al estar tantos años haciendo esto, hay que sentir el dolor de los demás para tú entender cuál es la responsabilidad que tienes”, manifestó.

“Yo trato de no desenfocarme, que no sea por mi actitud, porque en el tiempo uno ha visto cómo mucha gente ha fallado. Yo le doy gracias a Dios de que yo no fui a buscar nada, a mí me mandaron a buscar. Cuando tú recibes esto, tienes que estar claro de la ejecución tuya y la responsabilidad que Dios pone en tus manos es porque es la voluntad de Dios y porque uno aquí es un instrumento, como [lo es] todo el grupo que hay. Él [Dios] me tiene aquí y este es mi trabajo, yo lo quiero hacer bien. Esa es mi pelea con Él; que el día que toque dar alguna decisión, que no sea Nino Correa ni sea nadie, que sea que Dios nos quiere mantener vivos y esa es la línea”, concluyó el casi japonés, tejano de nacimiento, pero boricua de sangre y corazón.