La alimentación de excelencia para los infantes es la leche materna, cuyos beneficios han probado ser esenciales para su desarrollo óptimo. La leche materna es, además de la base de una buena nutrición, uno de los elementos que ayudará a fomentar patrones de alimentación saludables.

Si bien la Academia Americana de Pediatría recomienda la lactancia materna exclusiva durante aproximadamente seis meses y luego continuarla, mientras se introducen alimentos complementarios hasta que el niño cumpla los 12 meses o más, hay ocasiones en que, por diversas razones, la lactancia materna no es posible o no es una opción. En estos casos, elegir la fórmula infantil adecuada para el bebé es de suma importancia, para asegurar que este reciba los nutrientes necesarios para crecer saludablemente.

La Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, en inglés) regula las leches de fórmula infantil comerciales para asegurarse de que cumplan con los requisitos nutricionales y de seguridad mínimos. Incluso, en la actualidad, algunas de estas fórmulas contienen, además de hierro y otras vitaminas y minerales, prebióticos similares a los que contienen la leche materna humana, lo que las hace una opción importante para la alimentación de los niños.

Si el uso de una fórmula de bebé está entre las opciones de los padres, ya sea desde el inicio o como una transición al destete, lo más importante es hablar con el pediatra para identificar aquella que mejor se ajuste a las necesidades del bebé.

Luego de esto, al elegir una leche de fórmula infantil, los CDC recomiendan:

  • Asegurarse de que no esté vencida.
  • Asegurarse de que el recipiente esté sellado y en buenas condiciones. Si hay abolladuras, se nota el recipiente con aire o tiene puntos oxidados, no se la des a tu bebé.
  • Asegúrate de que no esté hecha para niños de mayor edad.

Por su parte, el sitio especializado en salud healthline.com anota otros puntos relevantes a los que debes prestar atención:

1. Mira la etiqueta nutricional y enfócate en los primeros ingredientes. Podrás ver qué tipo de proteínas y carbohidratos se usan en la fórmula. Las proteínas pueden ser estándares (o completas), lo que significa que son exactamente del tamaño original de cuando fueron extraídas de la vaca o las habichuelas de soja, y son de mayor tamaño que las proteínas de la leche materna; parcialmente hidrolizadas (separadas para hacerlas más pequeñas); o completamente hidrolizada, que son aún más pequeñas y suelen ser hipoalergénicas. En cuanto a los carbohidratos, pueden contener, como la mayoría de las fórmulas aptas para los bebés saludables, lactosa, u otras fuentes de carbohidratos como la maltodrextina.

2. Evita las marcas genéricas de fórmula. Algunas usan una mezcla de proteínas que puede ser más difícil de digerir para tu bebé.

3. Mantente alejado de las fórmulas que usan aceite de palma. Estas pueden ocasionar que a excreta del bebé sea más firme y aumentar el riesgo de estreñimiento.

4. Concéntrate en las proteínas y los carbohidratos, y luego analiza los ingredientes adicionales. Identifica los beneficios que puede recibir el infante con estos y decide si vale la pena añadirlos a su dieta y por qué.

5. Si vas a cambiar de fórmula, consulta primero con el pediatra y luego ve poco a poco. Lo recomendable es que, por varios días, vayas disminuyendo, por botella, la cantidad de la fórmula que deseas cambiar, mientras aumentas el de la nueva fórmula. Esto es muy importante para lograr una buena transición, si, por ejemplo, la nueva fórmula tiene proteínas más grandes o más lactosa.

Recuerda, si tienes dudas, consulta con el pediatra o una nutricionista, quienes te podrán ayudar a escoger la fórmula adecuada para tu bebé.