A lo largo de mi práctica como ginecólogo, he aprendido que pocas palabras generan tanta preocupación en una paciente como la palabra “cáncer”. Y cuando hablamos de cáncer de seno, el temor puede ser aún mayor, porque se trata de una enfermedad que, directa o indirectamente, ha tocado la vida de muchas familias.

El doctor José Álvarez- Romagosa es ginecólogo obstetra, miembro de los  Latin Doctors y colaborador de MCS.
El doctor José Álvarez- Romagosa es ginecólogo obstetra, miembro de los Latin Doctors y colaborador de MCS. (Suministrada)

El cáncer de seno continúa siendo uno de los principales problemas de salud que enfrentan las mujeres. Después del cáncer de piel, el de seno es el más diagnosticado entre las mujeres en Estados Unidos. Aproximadamente uno de cada tres nuevos cánceres diagnosticados en mujeres corresponde al de seno, y se estima que alrededor de una de cada ocho mujeres lo desarrollará en algún momento de su vida.

Para quienes ejercemos la ginecología, hablar de esta enfermedad es parte esencial de la medicina preventiva. Durante la consulta ginecológica no solo atendemos la salud reproductiva, sino que también tenemos la responsabilidad de evaluar factores de riesgo, educar sobre cambios en los senos y, sobre todo, insistir en la importancia de realizar los estudios de detección correspondientes. La razón es sencilla: cuando el cáncer de seno se identifica en etapas tempranas, hay mayores posibilidades de ofrecer tratamientos efectivos y reducir significativamente la mortalidad.

Para 2026, la Sociedad Americana Contra el Cáncer estima que en Estados Unidos se diagnosticarán aproximadamente 321,910 nuevos casos de cáncer invasivo de seno en mujeres, además de unos 60,730 casos de carcinoma ductal in situ. Cerca de 42,140 mujeres morirán como consecuencia de esta enfermedad. Aunque el riesgo aumenta con la edad, la mediana al momento del diagnóstico es de aproximadamente 63 años; el cáncer de seno no es una enfermedad exclusiva de mujeres mayores. Cerca de una de cada diez mujeres diagnosticadas tiene menos de 45 años. La mayoría de los casos tampoco ocurre en mujeres con una madre o hermana que haya padecido la enfermedad. Los antecedentes familiares son importantes, pero no tenerlos no implica estar libre de riesgo.

Existen factores que pueden aumentar la probabilidad de desarrollar cáncer de seno. Entre ellos se encuentran la edad, ciertas mutaciones genéticas, como BRCA1 y BRCA2, antecedentes personales o familiares de determinados cánceres, exposición previa a la radiación en el tórax, algunos factores hormonales y reproductivos, el consumo de alcohol, la obesidad después de la menopausia y otros factores relacionados con el estilo de vida.

Es un cáncer silencioso

Uno de los mayores retos de esta enfermedad es que, en sus etapas iniciales, puede no presentar síntomas. Una mujer puede sentirse saludable y no detectar ninguna anomalía al observarse o al tocarse los senos, mientras un tumor pequeño comienza a desarrollarse.

Cuando aparecen síntomas, estos pueden incluir un nuevo nódulo o masa en el seno o en la axila, engrosamiento de alguna zona de la mama, cambios en su tamaño o forma, hundimiento o alteraciones de la piel, retracción del pezón, secreciones, especialmente si contienen sangre, enrojecimiento o cambios en la piel del seno o del pezón. Estos hallazgos no necesariamente significan cáncer, pero requieren evaluación.

Cualquiera de estos cambios merece una evaluación médica. Pero esperar a que aparezcan para realizar el primer estudio de los senos significa perder una de las principales ventajas de la medicina moderna: la posibilidad de detectar la enfermedad de forma temprana. La posibilidad de una enfermedad asintomática es lo que convierte a la mamografía en una herramienta tan importante.

La mamografía, estudio que salva vidas

Desde la perspectiva de la medicina preventiva, uno de los mensajes más importantes que podemos transmitir a nuestras pacientes es que no debemos esperar a sentir una masa para realizar una mamografía. Este es un estudio radiológico diseñado para identificar anomalías en el tejido mamario, incluidas lesiones que aún son demasiado pequeñas para ser palpadas. Las pacientes con riesgo elevado constituyen un grupo diferente y pueden necesitar iniciar el cernimiento antes o complementar la mamografía con resonancia magnética u otros estudios.

La mamografía tampoco es perfecta. Puede producir falsos positivos que requieran estudios adicionales o biopsias que finalmente resulten benignas; también existen falsos negativos y la posibilidad de sobrediagnóstico. Sin embargo, existe evidencia suficiente de que el cernimiento mamográfico reduce la mortalidad por cáncer de seno en las edades para las que está recomendado. Un resultado anormal no significa automáticamente que exista cáncer. En muchas ocasiones, será necesario obtener imágenes adicionales, realizar ultrasonido u otros estudios.

En determinadas pacientes puede estar indicada una resonancia magnética de los senos.

Cuando las imágenes muestran una lesión sospechosa, el diagnóstico definitivo requiere generalmente una biopsia, mediante la cual se obtiene tejido para su examen por un patólogo.

Sin embargo, hay un mensaje importante que recalcar: el diagnóstico de cáncer de seno no significa lo mismo que hace varias décadas. Hemos avanzado extraordinariamente en los métodos de detección, en la cirugía, la radioterapia y los tratamientos hormonales, dirigidos e inmunológicos, pero uno de nuestros instrumentos más importantes continúa siendo sencillo y accesible: la mamografía.

Las cifras demuestran cuánto hemos avanzado. La mortalidad por cáncer de seno en Estados Unidos ha disminuido significativamente desde finales de la década de 1980. La Sociedad Americana Contra el Cáncer señala una reducción aproximada del 44 % entre 1989 y 2023, atribuida principalmente a la detección más temprana, a una mayor concienciación y a mejores tratamientos.

Recomendaciones de la Sociedad Americana Contra el Cáncer para la detección del cáncer de seno en mujeres con riesgo promedio:

1. Las mujeres de 40 a 44 años tienen la opción de iniciar la detección con una mamografía anual.

2. Las mujeres de 45 a 54 años deben someterse a una mamografía cada año.

3. A partir de los 55 años, las mujeres pueden cambiar a una mamografía cada 2 años u optar por continuar con mamografías anuales.

Recomendaciones de la Sociedad Americana Contra el Cáncer para la detección del cáncer de seno en mujeres con alto riesgo:

1. La Sociedad Americana Contra el Cáncer no recomienda realizar una MRI como prueba de detección en mujeres cuyo riesgo de cáncer de seno durante la vida sea menor del 15 %.

2. Si se utiliza una imagen por resonancia magnética (MRI), debe realizarse en conjunto y no en sustitución de una mamografía de detección. Esto debido a que, si bien es más probable que un MRI detecte el cáncer, aún podría no detectar algunos cánceres que la mamografía sí va a detectar

3. La mayoría de las mujeres en alto riesgo debe comenzar la detección con MRI y mamografías a partir de los 30 años y continuar siempre y cuando estén en buen estado de salud.

Una mamografía requiere unos minutos. Puede resultar incómoda y, en ocasiones, generar ansiedad mientras esperamos el resultado, pero esos minutos pueden permitir descubrir una lesión cuando todavía es pequeña, antes de que produzca síntomas y cuando existen más alternativas terapéuticas.

La concienciación sobre el cáncer de mama y sus tratamientos no solo debe dirigirse a las mujeres, sino también a la sociedad en general. Es importante que todos comprendamos el valor de la detección temprana y del tratamiento adecuado de la enfermedad. Esto implica educar sobre el apoyo a las mujeres que enfrentan este diagnóstico, así como fomentar la investigación y la inversión en nuevos tratamientos y terapias.

En Puerto Rico tenemos una cultura profundamente familiar. Cuando una mujer enferma, rara vez la enfermedad la afecta solo a ella; repercute en sus hijos, su esposo, sus padres, sus hermanos y en otras personas que forman parte de su vida. Por eso, debemos convertir la prevención en parte de nuestra cultura.

Como ginecólogo, mi mensaje a las mujeres es sencillo: no esperen a tener síntomas para ocuparse de la salud de sus senos. Conozcan sus antecedentes familiares, informen a su médico sobre cualquier cambio que observen y conversen sobre cuándo y con qué frecuencia deben realizarse la mamografía.