Los nódulos tiroideos son irregularidades en el tejido de la glándula tiroidea muy comunes en la población general.

Usualmente se identifican durante un examen de la glándula tiroides como parte del examen físico. En ocasiones, son hallazgos incidentales en estudios de cuello, como por ejemplo CT de cuello, Doppler carotídeo o, incluso, mediante un autoexamen del cuello.

Los nódulos tiroideos son motivo de gran ansiedad en los pacientes y, en ocasiones, los llevan a decisiones precipitadas y a hipotiroidismo permanente por remoción de la glándula tiroides.

Los nódulos tiroideos aumentan en frecuencia según avanzamos en edad y pueden ser hallazgos incidentales en autopsias, con una prevalencia reportada de un 30 a un 60 % en individuos sin historial de enfermedad tiroidea.

Son más frecuentes en mujeres, como la mayoría de las enfermedades tiroideas, y son más comunes en áreas de deficiencia o exceso de yodo.

La mayoría de los nódulos de tiroides, en un 80 % de los casos, son benignos y no deben ser objeto de alarma, aunque requieren una evaluación cuidadosa ante la presencia de factores de riesgo como exposición a radiación por procesos diagnósticos, terapéuticos o ambientales; historial familiar de cáncer tiroideo en familias con neoplasia endocrina múltiple; y familias con varios miembros afectados por cáncer de tiroides.

Usualmente, todo comienza por una tiroides agrandada (bocio) o con una irregularidad en la palpación de la tiroides durante un examen físico rutinario. El primer paso luego de un examen físico es una sonografía de tiroides.

Los ultrasonidos de tiroides comenzaron a utilizarse alrededor de 1980 y facilitaron la evaluación de nódulos palpables y la identificación de nódulos no palpables con características, en ocasiones, preocupantes. Estas características en la sonografía se integran en un sistema de lectura conocido como TIRADS, con gradación basada en el tamaño del nódulo, la composición —sólido o quístico—, los bordes del nódulo, irregulares o lisos, la presencia de calcificaciones, el tamaño y la ubicación de las calcificaciones, y las dimensiones del nódulo, particularmente si es más alto que ancho.

El resultado de la sonografía requiere una conversación con el médico sobre las características del nódulo y el plan diagnóstico, terapéutico y pronóstico.

Cuando la clasificación radiológica del nódulo y su tamaño requieren una evaluación más profunda, unida al historial personal, familiar y ocupacional, así como a las pruebas de función tiroidea, puede recomendarse, de acuerdo con criterios muy específicos, una biopsia del nódulo por aguja fina guiada por sonografía. Este estudio provee la evaluación histológica del nódulo de acuerdo con el sistema Bethesda, que va del I al VI, representando un nódulo benigno, levemente sospechoso de malignidad, altamente sospechoso o maligno. En ocasiones, el resultado es indeterminado y se procede a un estudio especial que informa, a través de un análisis genómico, la presencia de mutaciones que identifican el riesgo de malignidad en el nódulo.

Es muy importante integrar al endocrinólogo en el diagnóstico y tratamiento de esta enfermedad para una clara orientación en la decisión terapéutica, particularmente en casos de cáncer tiroideo.

La mayoría de los nódulos son benignos, pero de un 5 a un 15 % pueden ser malignos y, dependiendo del tamaño, las características, la histología y los síntomas del paciente, las recomendaciones varían desde la observación activa del patrón de crecimiento del nódulo a través de sonografía, hasta la cirugía con remoción del nódulo o de un lóbulo tiroideo y, en casos más serios, la remoción de la glándula tiroidea.

Cada caso es diferente y se trata de forma individualizada, considerando la clínica del paciente, los antecedentes médicos, el historial familiar, el tamaño del nódulo, la histología y el pronóstico. La terapia seleccionada es un proceso de análisis y pronóstico que involucra la recomendación del médico cualificado y/o endocrinólogo, junto con el paciente para tomar una decisión informada. Esta conversación sobre la terapia y el pronóstico es muy importante y evita que pacientes con ansiedad provocada por el nódulo quieran operarse precipitadamente y remover la tiroides “preventivamente” para evitar un posible cáncer.

El camino no siempre es la cirugía. Los nódulos tiroideos estables en tamaño, bajo observación activa mediante sonografía, pueden continuar en observación activa luego de un análisis de la clínica del paciente, los factores de riesgo, las comorbilidades y la decisión del paciente.

La evaluación de los nódulos tiroideos es un proceso cuidadoso que integra los estudios pertinentes y la sintomatología del paciente. En caso de ser necesaria una cirugía de tiroides, la experiencia del cirujano realizando cirugías de tiroides es fundamental para el éxito del procedimiento y la prevención de complicaciones asociadas a la tiroidectomía, como ronquera permanente por afectación del nervio recurrente laríngeo o hipoparatiroidismo por daño a las paratiroides ubicadas en la cápsula posterior de la tiroides. Es un proceso de análisis previo a la cirugía, guiado por su médico, para obtener el resultado deseado sin complicaciones.

En ocasiones, los nódulos tiroideos son funcionales, lo cual implica que producen exceso de hormonas tiroideas y pueden causar hipertiroidismo. Para validar esta sospecha diagnóstica, se recomienda un estudio de medicina nuclear o cintigrama de tiroides que confirme la hiperfuncionalidad del nódulo tiroideo. El manejo médico en estos casos es diferente según la sintomatología del paciente.

La Sociedad Americana de Tiroides enfatiza la importancia de la evaluación de un nódulo tiroideo mediante sonografía y la estratificación de riesgo de acuerdo con las características del nódulo, mejorando la consistencia en la evaluación y la comunicación entre proveedores médicos primarios, endocrinólogos, patólogos y cirujanos, dentro de un proceso de decisión compartida con un paciente informado de los riesgos y beneficios de la terapia seleccionada.

La autora es catedrática en la Escuela de Medicina de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Ciencias Médicas y presidenta de SPED.