Volver a la rutina saludable tras las Navidades: qué hacer y qué evitar
Deja a un lado la culpa y continúa tu proceso de autocuidado

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Las fiestas navideñas son sinónimo de celebración, encuentros familiares, tradiciones y, en muchos casos, una pausa en las rutinas de alimentación y actividad física. Luego de varias semanas con horarios irregulares, menos movimiento y mucha comida, la mayoría de las personas comienzan el año con sentimientos de culpa y preocupación por el peso. Sin embargo, retomar los hábitos saludables después de las Navidades no debe ser un castigo, sino un proceso gradual y, sobre todo, sostenible.
Es importante aclarar que unos días o semanas fuera de la rutina, no definen la salud de una persona. El cuerpo no se deteriora de forma significativa por una temporada festiva. La clave está en cómo se retoma el camino.
Uno de los errores más comunes al finalizar las Navidades es recurrir a dietas restrictivas, ayunos extremos y planes de ejercicio excesivos con la intención de bajar de peso rápidamente. Estas estrategias no son sostenibles y lo que pueden provocar es fatiga, frustración y abandono del proceso. En lugar de eso, el enfoque debe ser gradual y realista.
Retomar la alimentación saludable comienza con volver a lo básico. No se trata de eliminar grupos de alimentos ni de imponer reglas rígidas, sino de priorizar alimentos frescos y no procesados. Aumentar el consumo de vegetales, frutas, proteínas de buena calidad, granos integrales y grasas saludables, ayuda a restablecer el equilibrio nutricional y a mejorar la saciedad. Asimismo, la hidratación juega un papel fundamental. Muchas veces, durante y después de las fiestas, el consumo de agua disminuye, lo que puede contribuir a la sensación de cansancio y fatiga.
Otro aspecto importante es normalizar los horarios de comida. Durante la Navidad es común comer en horarios irregulares y saltarse comidas para luego ingerir grandes cantidades. Retomar horarios regulares ayuda a estabilizar el apetito, la energía y el metabolismo. Comer de manera estructurada no significa rigidez.
En cuanto a la actividad física, el objetivo inicial debe ser volver a moverse. Caminar, entrenamientos de bajo impacto, realizar ejercicios de fuerza son excelentes puntos de partida. La actividad física aporta beneficios que van mucho más allá del control del peso: mejora el estado de ánimo, reduce el estrés, fortalece la salud cardiovascular y contribuye a mejorar la calidad del sueño, algo sumamente importante después de las Navidades.
Es fundamental ajustar las expectativas. Regresar de una manera gradual para favorecer la consistencia. Escuchar al cuerpo y avanzar progresivamente es el verdadero determinante de los resultados a largo plazo.
El descanso también merece atención. Las celebraciones alteran los horarios de sueño y la falta de descanso impacta directamente el apetito. Retomar una rutina de sueño regular facilita el regreso a hábitos saludables y mejora la capacidad de adherirse a cambios positivos.
Un elemento ignorado es el componente emocional. Para algunas personas, el inicio del año viene acompañado de presión social, comparaciones y expectativas poco realistas. Es importante recordar que cada cuerpo y cada proceso son diferentes. Retomar no significa hacerlo perfecto, sino hacerlo posible.
Finalmente, las Navidades no son una interrupción del camino, sino parte de él. Saber disfrutar y luego volver a la rutina es una habilidad que se aprende y se fortalece con el tiempo.
El mensaje es claro: después de las Navidades no hace falta empezar de cero, porque nunca se perdió todo. Retomar la alimentación y la actividad física es un acto de cuidado, no de castigo. Recuerda que esto no es un proceso lineal. Con pasos pequeños, consistentes y realistas, es posible volver al balance para una salud duradera durante el resto del año.
La autora es endocrinóloga.

Este contenido comercial fue redactado y/o producido por el equipo de GFR Media.

