Por años, las principales organizaciones de la salud, solían recomendar una dieta baja en grasa para prevenir las enfermedades cardíacas. Sin embargo, durante los últimos años, las pautas dietéticas federales y de las autoridades de salud y nutrición han comenzado a aconsejar a las personas que limiten la cantidad total de grasa en sus dietas debido a que las dietas bajas en grasas no parecen prevenir las enfermedades cardíacas. Por ello, entidades como la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard, aconseja, en cambio, centrar la atención a mantener un patrón dietético saludable en general.

“Eso significa llevar un estilo de alimentación que enfatice las verduras, las frutas, los granos integrales y las legumbres, junto con cantidades pequeñas de carne, lácteos, huevos y dulces”, destaca el doctor Eric Rimm, profesor de Epidemiología y Nutrición en la Escuela de Salud Pública T.H. Chan de dicha universidad.

La lógica detrás de esta recomendación es sencilla: comer más alimentos de origen vegetal, enteros o mínimamente procesados, naturalmente reducirá la ingesta de grasas, especialmente las saturadas. Estas se encuentran principalmente en las carnes y en los productos lácteos, y pueden aumentar los niveles de colesterol malo (LDL), el cual es un factor de riesgo para desarrollar enfermedades cardíacas. Pero, en este punto se sabe que reducir todos los tipos de grasas no se traduce, necesariamente, en una dieta que disminuya el riesgo cardiovascular. Te explicamos.

Por qué debes evitar las dietas bajas en grasas

Haciendo un poco de historia, la Escuela de Medicina de Harvard destaca que, a partir de la década de 1980, cuando los fabricantes de alimentos y los consumidores eliminaron la grasa de sus productos y dietas, la reemplazaron con carbohidratos refinados. Sin embargo, estos aumentan los niveles de azúcar en la sangre, lo que desencadena una liberación de insulina para eliminarla. A su vez, esto hace que los niveles de azúcar en la sangre bajen demasiado, causando que tengas hambre después de unas pocas horas, lo que hace que comas más y, como consecuencia, aumentes de peso. A esta situación se añade que, si ingieres carbohidratos no saludables constantemente, la capacidad de tu cuerpo de responder a la insulina puede verse afectada y provocar diabetes. De más está decir que estos ciclos son muy dañinos porque tanto la obesidad como la diabetes están estrechamente relacionadas con un mayor riesgo de desarrollar enfermedad cardiovascular.

La Escuela de Salud Pública T.H. Chan explica que no es necesario evitar las grasas insaturadas, como las que se encuentran en las nueces, las semillas, las aceitunas, los aguacates y el pescado, porque estos alimentos hacen que tus comidas sean más agradables y sabrosas, y, además, promueven la salud cardiovascular.

¿Qué pasa con las dietas ultrabajas en grasas?

Algunos médicos abogan por las dietas ultrabajas en grasas, que incluyen solo el 10% de las calorías de la grasa. Esta excluye todos los productos de origen animal (como carne, aves, lácteos y pescado), así como los carbohidratos refinados (como la harina blanca, el azúcar blanco e incluso el jugo de frutas). Pero, también evita algunas grasas más saludables, como algunos aceites añadidos y alimentos de origen vegetal ricos en grasas buenas, como los aguacates y las nueces.

Si bien algunos estudios pequeños han demostrado que este patrón de alimentación puede revertir la acumulación de placa de colesterol que obstruye las arterias, la desventaja de una dieta vegana ultrabaja en grasas es que resulta muy difícil de mantener a largo plazo para la mayoría de las personas. Por ello, una dieta de estilo mediterráneo ofrece lo mejor de ambos mundos, pues no requiere hábitos alimenticios extremos y tiene la mejor evidencia de estudios clínicos a largo plazo para reducir el riesgo de enfermedad cardíaca de una persona, finaliza el doctor Rimm.