De piragüero en el Viejo San Juan al Super Bowl: la historia de Juan Pablo Piñeiro con Bad Bunny
El canastero cubano de los Capitanes de Arecibo cuenta su experiencia en el espectáculo de medio tiempo.
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San Juan. Era un típico sábado en el Viejo San Juan. El cielo estaba despejado, el sol caía sobre los adoquines y los turistas abarrotaban las calles de la “Ciudad Amurallada”. Juan Pablo Piñeiro aprovechaba la sombra cerca de la Puerta de San Juan mientras se recostaba de su carrito de piraguas cuando dos jovencitas se le acercaron para pedirle dos botellas de agua.
Al entregarlas le preguntaron: “¿Tú saliste en el Super Bowl con Bad Bunny, verdad?” La pregunta no lo tomó por sorpresa, pues ese ha sido el tema de conversación que todo el mundo le ha puesto desde que participó en el histórico espectáculo de medio tiempo del Super Bowl LX, encabezado por el artista puertorriqueño en el Levi’s Stadium de Santa Clara, California.
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“Para mí fue un honor porque no solamente se trata de representar al piragüero puertorriqueño. Se trata de representar al piragüero de Latinoamérica y yo, con mucha humildad, traté de representarlos lo mejor que pude”, contó Piñeiro, jugador cubano del Baloncesto Superior Nacional (BSN) que reside en Puerto Rico desde 2012, a Primera Hora.
El canastero, de 35 años, apareció en los primeros minutos del show del medio tiempo del Super Bowl y le entregó a Bad Bunny una piragua, esa bebida que lleva vendiendo en el Viejo San Juan hace siete años. Precisamente, recibió la invitación de Rimas Entertainment a principios de enero mientras atendía su carrito de piraguas, sin imaginar que pronto estaría en un escenario donde se han presentado leyendas como Michael Jackson y Prince.
“Estaba en el negocio de las piraguas. Ellos se contactaron conmigo a principios de enero para que estuviera listo porque querían hacer algo típico y bien bello de Puerto Rico en el Super Bowl. Querían que representara a los piragüeros”, recordó Piñeiro.
“Estuve hablando con la persona un rato y me quedé atónito, a todas estas sin saber la magnitud de este evento. Llegué a la casa y le comenté a mi esposa (Sadia Mercedes). Estaba preocupado porque iba a dejarla sola con los niños, pero ella fue la que me dijo: ‘Esto es una oportunidad única. Esto es una vez en la vida, así que arranca, vamos a hacer maletas’”, continuó el padre de tres hijos: Sheyciara Janet Márquez, de 23 años; Juan Pablo Piñeiro Mercedes, de 12; Sheyleem Victoria Piñeiro, de 9.
El canastero, que en la actualidad milita con los Capitanes de Arecibo y que formó parte de los Cangrejeros de Santurce en 2021 cuando fueron adquiridos por Bad Bunny y su socio Noah Assad, viajó a Los Ángeles, California, a finales de enero. Allí pasó varias semanas ensayando junto a cientas de personas que hicieron posible una presentación que exhibió la cultura puertorriqueña al mundo.
“Una locura. Yo fui solo. Mi esposa se quedó con mis hijos, que estaban locos por ir, pero no pudieron acompañarme porque, por confidencialidad, no podíamos decirles nada hasta el último día. La única que lo sabía era mi esposa. Además, fueron muchos ensayos”, relató el jugador de los Capitanes.
“Yo fui directamente a Los Ángeles, donde estuve como cuatro o cinco días. Allí los ensayos eran de seis a siete horas, pero cuando fuimos a San Francisco recuerdo que la última semana entrábamos al set al mediodía y salíamos a las 9:00 p.m. o 10:00 p.m. Fue una experiencia gratificante y espectacular. Ese momento en el que le entregué la piragua fue espectacular”, abundó.
Después de varias semanas de ensayos, llegó el domingo del Super Bowl y, aunque sabía que millones de personas lo verían en todo el mundo, no estaba nervioso. De hecho, se tomó el tiempo de dar unas palabras de aliento a los demás actores que empezaban a sentir el frío olímpico horas antes de iniciar el espectáculo que registraría un promedio de 128.2 millones de espectadores.
“El día del Super Bowl yo estaba tranquilo. Me da risa porque todo el mundo me pregunta lo mismo y yo era quien estaba consolando a muchos compañeros míos. Los bailarines, que viajaban con él durante su gira, estaban tranquilos. Me refiero a lo que estaban en el set conmigo cuando Benito pasó por lo de los cocos, las muchachitas que estaban construyendo y los que estaban jugando dominó”, admitió Piñeiro.
“Como todos, esa era la primera vez que hacían una actuación como esa y nunca habían estado expuestos a algo como este. En mi caso, como juego baloncesto profesional, he estado ya en canchas abarrotadas, aunque no en esta magnitud, pero he aprendido a estar tranquilo frente a la gente. Yo lo que les decía era que todo iba a salir súper porque estuvimos muchas horas practicando”, abundó.
El cubano confesó que, desde que sucedió esta inesperada oportunidad, su vida no ha sido la misma. Su teléfono no ha parado de sonar y, en ocasiones, incluso ha tenido que apagarlo para darse un respiro después de semanas tan ajetreadas. Sin embargo, agradeció el cariño que tanto la comunidad cubana como la puertorriqueña le ha mostrado tras entregarle aquella piragua a Bad Bunny.
“Yo estoy fascinado por cómo lo han celebrado y cómo ha sido la aceptación. Amistades cubanas que están en todas partes del mundo me han hecho sentir su cariño, al igual que mi familia en Cuba que le envío un beso y un abrazo y sabe que estoy con ellos en sentimiento”, comentó el baloncelista.


