Cuando se piensa en los equipos más exitosos que ha tenido Puerto Rico a nivel mundial en su historia del baloncesto, no es casualidad que la química dentro y fuera de la cancha fueron un factor enorme.

A la mente viene de inmediato la tropa comandada por Juan “Pachín” Vicéns que llegó cuarto lugar en las Olimpiadas 1964, aflora el grupo que llegó en cuarto lugar en el Mundial de 1990 en Argentina con la trifecta de Ramón Rivas, José “Piculín” Ortiz y Federico “Fico” López, y también resalta el núcleo que llegó séptimo en el Mundial 2002 y que llegó sexto en las Olimpiadas 2004 con Ortiz de mentor junto a Carlos Arroyo, Larry Ayuso y Rolando Hourruitiner.

En todas esas escuadras predominaba el acto de congeniarse con un mismo propósito, el poner los egos a un lado y el sacrificarse por el bien colectivo, muy similar a la solidaridad exhibida por una tropa de soldados en la cual cada uno está dispuesto a dar la vida para salvar a alguno de sus compañeros.

“Los grandes triunfos de Puerto Rico siempre fueron por la buena química que había en todo el personal y para el juego ante el “Dream Team” en las Olimpiadas de Atenas 2004 el grupo que estuvo allí se coaccionó bastante”, recordó el terapista Víctor Vargas, quien fue parte de las ediciones del 1990, 2002 y 2004.

“Creo que la buena vibra comenzó con el abanderamiento de aquella Olimpiada, donde Carlos Arroyo era el abanderado. Querían que él desfilara solo con la bandera de Puerto Rico al frente, pero Carlos le dijo a la gente del Comité Olímpico “si no está el equipo completo conmigo en el desfile, yo no desfilo”. Hasta Julio (Toro), que estaba cojo, desfiló. Cuando tienes esa química tan grande fuera del tabloncillo, esa energía fluye en la cancha”.

Aquel grupo del 2004, en particular, tenía ciertas peculiaridades en términos de química pues Ortiz con Arroyo y Hourruitiner, comandados por Toro y con Vargas de terapista y el Dr. Luis Molinary de médico del equipo, habían ganado cinco títulos en el Baloncesto Superior Nacional entre 1998 a 2003. Eso sin contar que Hourruitiner, Daniel Santiago, Sharif Fajardo, Christian Dalmau y Bobby Joe Hatton venían jugando juntos desde el equipo medallista de plata mundial en el Sub 22 en 1997. Y todo este personal, junto a Lary Ayuso, venía jugando junto en el equipo adulto desde el 2001, sumando a Rick Apodaca en el 2002.

“Para mí fue bien especial ganar un juego contra el Dream Team de Estados Unidos, lográndolo con alguien con quien yo trabajé desde los 14 años cuando empecé de novato en Ponce (con los Leones) como Julio (Toro), con compañeros que siempre estuve batallando en Puerto Rico ganando campeonatos como Carlos y (José) “Piculín” (Ortiz) y con la persona que me daba terapia desde los 14 años (Vargas). En aquel equipo había una hermandad, una química que el talento no puede comprar”, manifestó Hourruitiner.

Para Hourruitiner, es esencial que el grupo que va a competir en la Copa del Mundo 2014 en España a fines de este mes vaya con ese mismo ímpetu, con ese mismo propósito colectivo si quiere ser exitoso.

“El talento por sí solo no va a ganar juegos. Eso fue lo que le pasó a Estados Unidos en esa Olimpiada y lo que le ha pasado a varios equipos de Puerto Rico bien talentosos en otras ocasiones debido a la falta de unión, de cohesión”, dijo Hourruitiner.

“Para lograr cosas importantes como el triunfo contra el Dream Team en 2004 necesitas ese tipo de química y de hermandad. Y algo similar lo logramos en el Mundial 2002 cuando le ganamos a Yugoslavia, España, Turquía y Brasil. Si no existe esa actitud de equipo dentro y fuera de la cancha es bien difícil poder llegar lejos”.