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Nolan Arenado ha pasado las últimas 13 temporadas en las Grandes Ligas y formó parte del equipo de Estados Unidos que avanzó a la final en las dos ediciones anteriores del Clásico Mundial de Béisbol, pero nunca había vivido una noche como la del sábado en el Estadio Hiram Bithorn.

El tercera base, de 34 años, estaba en el dugout cuando Darell Hernáiz bateó un cuadrangular hacia el jardín izquierdo para dejar en el terreno a Panamá, 4-3, y darle la victoria a Puerto Rico en su segundo juego en la fase de grupos. Desde allí observó cómo 18,925 enloquecieron de una manera que nunca había visto.

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Entre gritos y aplausos, Hernáiz recorrió las bases antes de llegar al plato, donde fue recibido por el resto de sus compañeros. Poco después, sonó en las bocinas del parque la versión de la canción “Preciosa” interpretada por Marc Anthony. Ya habían pasado varios minutos desde el final del partido, pero las gradas del Bithorn seguían llenas y las miles de personas que permanecían en sus butacas empezaron a cantar.

“Para mí, lo del sábado me abrió los ojos. Ver al país unirse así y sentir tanta pasión y tanto cariño. El juego ya había terminado y todavía había casi la misma cantidad de gente que estaba desde el primer lanzamiento. No podía creer lo que estaba viendo. De verdad significa muchísimo”, confesó Arenado en una conferencia antes del tercer compromiso de Puerto Rico en el Clásico Mundial ante Cuba.

El antesalista, ganador de 10 Guantes de Oro consecutivos entre 2013 y 2022, tuvo una producción discreta frente a los panameños. Bateó de 2-0, pero empujó una de las cuatro carreras de los boricuas con un elevado de sacrificio en la parte baja de la sexta entrada. Eso fue suficiente para que la afición boricua lo recibiera como un héroe.

Nolan Arenado durante una jugada defensiva en el juego entre Puerto Rico y Panamá en el Clásico Mundial de Béisbol.
Nolan Arenado durante una jugada defensiva en el juego entre Puerto Rico y Panamá en el Clásico Mundial de Béisbol. (Carlos Rivera Giusti/Staff)

“Yo ni siquiera di un hit. Solo conecté un bombo de sacrificio e hice una jugada tirándome de cabeza, y aun así me estaban tratando como si hubiera dado un jonrón para dejar al rival en el terreno. Está brutal lo que hacen aquí y cómo viven el juego. Se fijan en los detallitos, y de verdad te abren los ojos”, comentó el también integrante de los Diamondbacks de Arizona.

“He jugado en partidos grandes en este torneo y el ambiente se ha puesto bien ruidoso, pero hacerlo aquí es distinto. Ver la alegría de la gente y escucharlos cantando después del juego… es bien difícil explicar con palabras lo que se siente. Es algo que no se ve todos los días”, abundó.

Arenado, cuya abuela era natural de Guayama, representó a Estados Unidos en 2017 y 2023. Sin embargo, su madre, Millie Figueroa Rivera, siempre quiso que jugara con Puerto Rico y cumplió su deseo en esta edición, a pesar de que nunca había visitado la isla. Su integración trajo una experiencia que pocos peloteros de esta versión del Team Rubio tenían ante las bajas de Francisco Lindor, Carlos Correa y Javier Báez por distintas razones.

“Estoy bien agradecido de estar aquí. Me alegra haber tomado esta decisión. El sábado, solo ver la alegría de la gente… para eso fue que vine. Todos los muchachos me habían dicho que iba a ser así, pero de verdad superó mis expectativas”, confesó.

Arenado militó las pasadas cinco campañas de las Mayores con los Cardinals de San Luis, pero fue enviado en enero a los Diamondbacks en un cambio por el lanzador derecho Jack Martínez. Al veterano antesalista le deben $42 millones en los próximos dos años, y Arizona recibirá $31 millones como parte del acuerdo, según una fuente citada por Mark Feinsand de MLB.com.