El verdor del campo donde vive cobra un tono más intenso cuando lo mira desde sus recuerdos. Se traslada a los días que comenzaron a formar al “Borimbiano”. A cuando varios de los rincones del extenso solar empezaron a servirle de escenario para las ocurrencias que le provocan carcajadas a miles de seguidores en sus redes sociales.

Es un rincón de Corozal donde se ha inspirado, se ha frustrado, ha llorado y se ha levantado. Donde las ideas fluyen con mayor complicidad en su interés por hacer reír.

“Es mi lugar favorito. Donde todo comenzó. Donde me relajo. Donde escribo”, expresó pensativo el colombiano Gianluca Perotti al hacer referencia al remanso en el barrio Cienegueta, donde reside con su esposa hace varios años.

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El espacio le ha servido de referencia para su “stand-up comedy” “El guaynabito de Corozal”, que desde febrero ha realizado con éxito en varios pueblos de la Isla. El próximo13 de junio lo presentará en el Teatro Braulio Castillo, en Bayamón, y el 20 de junio en el Teatro Yágüez, en Mayagüez.

“Todo comienza donde hay un cambio en mi vida de ciudad a campo, y para mí es algo supremamente nuevo, llegar a encontrar tanta vegetación, tanto silencio. En un principio fue difícil adaptarme porque claro, tú estás acostumbrado al ruido de la ciudad”, dijo sobre el terreno de sus suegros, quienes le abrieron las puertas de su casa en ese proceso de transición.

“Esta finca me vio crecer en muchos aspectos de mi vida. Yo pasé por una etapa de, así diagnosticado, depresión por ansiedad y ataques de pánico con hipocondría. Todo se da en un mal manejo de emociones”, expresó pensativo, en contraste con la imagen risueña y vivaracha de sus videos en las redes sociales.

“Cuando llego a Puerto Rico (2021), tengo que renunciar a todo tipo de trabajo y a todo tipo de ingresos por el tema migratorio de la residencia. No quería arriesgarme a que pensaran que yo estaba ganando dinero de afuera para no tener que declarar acá y vivir acá. Yo renuncio y eso empieza un problema de ego masculino”, confesó el padre de Salvatore, de 10 años y residente en Colombia, y de Gianna Beth, de 4 años y producto de su relación con la puertorriqueña Danalisse Marrero.

Si bien Gianluca Perotti realizaba contenido para las redes sociales cuando vivía en Bogotá, su mudanza a Puerto Rico provocó una pausa.

“Me había ido bien con algunos vídeos, y una de las depresiones fue porque había creado una comunidad muy grande en Colombia, y tomo la decisión de venir a vivir acá, entonces cambia todo; cambia el nicho, cambia el algoritmo. Todo empieza a caer”, confesó sobre una de las razones que contribuyó a su frustración.

“Yo digo, ‘mi esposa me está manteniendo, está manteniendo a mi hijo, está manteniendo a mi hija’. No es lo que yo aspiraba en mi vida”, reiteró dentro de lo que le preocupaba. “El único que me veía llorar era el campo. Y suena muy dramático, pero es real”, prosiguió. “Empiezo a hablar con el psicólogo. Él me dice ‘usted tiene que buscar razones por las cuales…’, como que vivir en el presente”, dijo sobre una de las recomendaciones que más apropió.

Su suegro, revela, fue uno de los apoyos en el proceso.

“Armamos unos cajones. Él me dijo ‘siembra lo que quieras ahí y aprendemos juntos a sembrar’. Y empezamos a sembrar un montón, melón, tomate, lechuga. Después llegaron las gallinas y yo era el que me encargaba todas las mañanas de levantarme a darles de comer. Seguía la ansiedad, la incertidumbre, pero empezó ese proceso natural de enamoramiento por Puerto Rico”, prosiguió en detalle sobre la finca donde también ha aprendido a colaborar en el cuidado de las cabras Canela y Copito, el cabro Bartolo, el pavo real Cleo, el cebú enano Fabio, y las vacas enanas Lola y Chimuela.

En sus videos resalta, con humor, su admiración por Puerto Rico.
En sus videos resalta, con humor, su admiración por Puerto Rico. (Alejandro Granadillo)

El amor por la Isla comenzó a delinear la temática de videos en los que resaltaba, con humor, su admiración por Puerto Rico. Con su iniciativa no solo comenzó a ganar el respaldo de miles de seguidores, sino también el interés de explorar nuevas facetas, incluyendo la de realizar “stand-up comedies”.

Curiosidad por el “guaynabito”

Una de las palabras que llamó su atención mientras conocía la jerga boricua, fue la de “guaynabito”.

“Cuando yo llego a Puerto Rico hay muchas cosas que yo no sabía hacer porque en Colombia la mano de obra es muy económica. Digamos, si yo necesitaba montar un mueble, pues yo pagaba para que alguien lo montara. Además, es un trabajo que hay mucha demanda, de gente que vive de eso, y de reparaciones”, confesó. “Había muchas cosas que yo no sabía hacer, y mi esposa y las amistades de mi esposa, que hoy día son mis amigos, eran como ‘mira, pásame la llave Crescent’, y yo ‘¿qué es eso?’, (y ellos) ‘ah, si éste lo que es, es un ‘guaynabito’”.

Varias de esas experiencias las aborda en el espectáculo de comedia.

“El Borimbiano” fue enfático en que su intención no es burlarse.

“Es darme cuenta de que tenía una perspectiva de la vida totalmente diferente y errónea, y aquí pude darme cuenta de que en Colombia era un bueno para nada y aquí soy un malo para todo, porque ya sé que no sé. Entonces es una crítica social, de darme cuenta de que a veces tenemos todo y no somos nada, y a veces gente no tiene nada, pero lo son todo”.

Lo ve como un premio

Gianluca Perotti disfruta recordar la primera vez que un admirador lo reconoció como resultado de sus videos sobre Puerto Rico.

“Me acuerdo perfectamente”, dijo con entusiasmo sobre el encuentro en una famosa cadena de tiendas estadounidense. “Se me quedó mirando y me dice, ‘¿tú eres el del pan sobao? Oye, ¿nos podemos tomar una foto’?’ ”.

El seguidor hacía referencia a un clip en que también habla de su fascinación por los quesitos y el mofongo. La publicación, una de sus primeras en esta temática, despuntó su notoriedad. Eventualmente, creó el apodo de “El Borimbiano”.

Gianluca Perotti con Bartolo, uno de los animales que ayuda a cuidar.
Gianluca Perotti con Bartolo, uno de los animales que ayuda a cuidar. (Alejandro Granadillo)

Hacer reír lo ve como recompensa.

“Yo quería que mi risa fuera masiva. Más allá de la fama y del reconocimiento, yo quería que mucha gente se riera, y llenar los teatros y que la gente encontrara en eso… -y me lo dicen- como que ‘gracias porque tuve una semana muy tenaz y fui a tu show y lo necesitaba’ ”.

La interacción en persona con el público lo colma de plenitud.

“Hacer ‘stand up’ para mí es totalmente diferente. La gente no entiende que no es lo mismo los videos. Es otro ritmo, es otro ‘delivery’ ”, dijo quien debutó en esta faceta en 2024 con “¡Qué chimba puñeee!”.

Luego realizó “Me casé con una boricua”. También trabajó en el espectáculo de comedia “¿Todavía es Navidad?”, con Tita Guerrero. “Me encanta compartir con la gente, verla reír. Yo siempre al final lo agradezco”.

Por otro lado, al repasar su evolución profesional, destaca el respaldo de su esposa.

“Es una de las personas que más paciencia ha tenido en mi vida”, afirmó. “Es como la zapata de la vida. No me dejó caer y le debo mucho a ella. Estuvo en los momentos donde cualquier otra persona pudo haber dicho, ‘mira, ¿sabes qué?, no’ ”.

Desde hace un tiempo, procura celebrar cada alegría, cada logro. Dentro de su transparencia, confesó que el lado emocional es un asunto que trabaja todos los días.

“Yo digo a la gente que la ansiedad nunca se va. Pero aprendí a controlarla. Los ataques de pánico dejaron de existir”, afirmó, y compartió uno de sus grandes aprendizajes. “En Puerto Rico entendí que el mejor activo es el amor, y la mejor inversión es compartirlo”, reflexionó.

“El mayor orgullo ni siquiera son los números, ni las redes sociales. El mayor orgullo es no haberme rendido. Y ser lo que soy hoy en día, no como ‘influencer’, sino con todo lo que aprendí y la resiliencia para ser quien soy”.

Los boletos para “El guaynabito de Corozal” están disponibles a través de Ticketera.com.