Isabela. No existe palabra que encapsule su primor. Un mar azul turquesa y millas de sedosa arena. Gigantescas, ásperas piedras detienen el furor del océano Atlántico.

Tal paraíso está aquí, en Isabela, la Ciudad de las Cosas Buenas.

Si bien es cierto que la Playa Jobos y Pozo de Jacinto son de los destinos más visitados de este pueblo, máxime durante la época veraniega, la extensa costa isabelina, en el noroeste de la isla, es custodia de muchas más.

Para quien desea degustar buena gastronomía de mariscos frescos y frituras cocidas al momento, mojitos fríos y frappés, y también disfrutar de sus costas, la Villa Pesquera es el lugar de ensueño para visitar.

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Primera Hora recorrió el lugar e identificó cuatro joyas imperdibles, a tan solo 10 minutos caminando.

Playa de Villa Pesquera

La playa que se ubica justamente frente a la Villa Pesquera, donde es casi obligatorio saborear un pastelillo de jueyes, mero o hasta de pollo, o empanadilla si eres oriundo del sur, es simplemente perfecta.

La Villa Pesquera en Isabela.
La Villa Pesquera en Isabela. (Suministrada)

Una pasarela de madera con la monoestrellada ondeando al son del viento playero y rodeada de palmas conduce a la playa. Sus aguas bañan la arena. Es un lugar ideal para relajarse con un libro o disfrutar del vaivén de las olas.

Playa Sardinera

Rodeada de una pared de enormes rocas, las feroces olas del océano se apaciguan, creando así una poza llana perfecta para vadear o nadar en la Playa Sardinera, a solo pasos de la Villa Pesquera.

Las aguas son sumamente cristalinas. El oleaje azul turquesa brilla con el dorado sol, revelando los pescaditos que nadan apresuradamente.

La Playa Sardinera.
La Playa Sardinera. (Suministrada)

La grandiosidad de las olas debe admirarse de lejos. Que no tienten al nadador; son de extrema peligrosidad.

El Dragón de la Cueva

Adyacente a la hermosa poza de la Playa Sardinera, hay un camino entre uvas de playa y palmas. El sendero arenoso es de fácil acceso y lleva a gigantes eolianitas.

Inevitablemente lo escucharás: un rugir mitológico podría aterrarte. Y es que, entre esas piedras, el viento que se introduce al cráter, el mismo que ha deformado la piedra hasta simular el hocico de un dragón, produce un bramido prehistórico. Su nombre “no oficial” es el Dragón de la Cueva.

El Dragón de la Cueva
El Dragón de la Cueva (Suministrada)

De telón de fondo chocan las olas del mar. A las orillas corren los cangrejos.

Pocita de la Princesa

Si escapas del Dragón, el sendero te guiará a un redondel, donde se luce nuestra bandera pintada sobre madera.

Detrás está la Pocita de la Princesa, otra playa con una barrera natural para crear una poza tranquila, relajante y segura para el disfrute de todos.

Pocita de la Princesa.
Pocita de la Princesa. (Suministrada)

Las piedras que sirven de pared crean hasta pequeñas cascadas, agregándole a la sinfonía marítima el cantar de arroyos.

¡Protégelo y protégete!

Es precisamente la tranquilidad y sus aguas diáfanas que hacen de este lugar un paraíso. Por ende, es nuestra responsabilidad mantener estas áreas libres de contaminación.

Si consumes en el lugar, no dejes los desperdicios en el área. Afectará la biodiversidad del área y contaminará la playa.

Vista desde las rocas donde ubica el Dragón de la Cueva.
Vista desde las rocas donde ubica el Dragón de la Cueva. (Suministrada)

Previo a su visita, monitorea el Servicio Nacional Meteorológico de San Juan (SNM) para confirmar que no coincidirá con episodios de lluvia.

No entres en el agua si hay avisos de fuerte oleaje y advertencias.

Desde enero hasta el 19 de marzo de 2026, las estadísticas de la Policía de Puerto Rico revelaron que 11 personas fallecieron ahogadas en las playas.

Desobedecer los avisos de expertos podría provocar la muerte u ocasionar la movilización de equipos de emergencia, peligrando también la vida de los primeros respondedores.