Hay una nueva manera de disfrutar el río La Plata en Dorado
El cuerpo de agua ha sido el sustento para comunidades contemporáneas y nativas, al igual que área de recreo.
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Nota el editor: Esta historia forma parte de la serie Coge Calle por la isla donde te presentamos los lugares turísticos en Puerto Rico que pocos conocen y que valen la pena ponerlas en calendario para visitarlas en algún momento.
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Dorado. Le decían Toa a ese cuerpo de agua que nace en el Monte Santa, pico de la Sierra de Cayey.
Quizás era donde los niños lamentaron angustiadamente las acciones de Guahayona, ocasionando que de los árboles de jojoba bajaran las nuevas mujeres en aquel génesis mítico y nativo. Lo que sí es cierto es que era, también, sustento de vida.
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Las aguas del río La Plata, que desemboca en el Océano Atlántico tras recorrer seis municipios, chapoteaban al ritmo del areito de los poblados taínos que en sus orillas bailaban. Aplaudían a los triunfadores del batey.
“¡Cuántos y cuán poderosos ríos navegables!”, alabó el cronista español Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés en “Historia General y Natural de las Indias” cuando documentó que “los indios” vivían “en las costas o riberas de los ríos, o cerca de la mar, o en los asientos que más les agradaban o eran en su propósito, así en lugares altos como en los llanos, o en valles y florestas; porque de la manera que querían, así hacían sus poblaciones y hallaban disposición para ello”.
Han pasado casi cinco siglos desde que Fernández de Oviedo y Valdés, enamorado, escribió esas líneas. Han pasado casi cinco siglos desde que las comunidades indígenas dejaron de bailar en sus orillas.
Pero, como si estuviéramos repitiendo las costumbres de esa última cultura nativa que habitó nuestro archipiélago ante la llegada de los europeos que lo conquistaron, el río aún sirve de sustento y área de recreo.
Tiene una función utilitaria, claro. Su cuenca alimenta directamente los sistemas de pozos y la infraestructura de agua potable de la región norte de la Isla. El flujo constante mantiene el balance hídrico que abastece a miles de hogares y comercios. A lo largo de su estrecha llanura aluvial y terrazas, se cultivan tabaco, pomelo y hortalizas.
Pero más allá de eso, el municipio de Dorado inauguró un acceso para disfrutar del río: estableció un Paseo Tablado, que lleva a un terraplén con vistas al cuerpo de agua.
El alcalde Aníbal José Torres utilizó la red social Facebook para oficializar la invitación, reiterando su propósito: “disfrutar de la naturaleza, admirar la vista desde el dique y seguir descubriendo los espacios que hacen de Dorado un lugar especial”.
A ese llamado ya muchos han acudido, dejando atrás hilos de chiringas en el suelo.
El lugar tienta a esparcir mantas de picnic sobre la grama, a fotografiar las aves que aletean sobre el agua e invita a dejar las horas pasar observando la corriente del río, donde también pescan y kayakean.
Aquel río que llamaban Toa aún es el telón de fondo para el disfrute y sustento del boricua. Esta vez, mucho más accesible.


