El aumento del cáncer en menores de 50 años se ha convertido en una de las principales preocupaciones de la oncología mundial.

Distintos estudios han mostrado que la incidencia de varios tumores va en aumento en adultos jóvenes en múltiples países, un fenómeno que ha llevado a los científicos a investigar posibles causas más allá de los factores hereditarios tradicionalmente asociados a la enfermedad.

Frente a este escenario, cada vez más investigadores están poniendo atención al papel que podrían desempeñar los hábitos de vida.

“Antes nosotros pensábamos que generalmente los cánceres jóvenes tenían alguna causa hereditaria”, explica Macarena Hidalgo, oncóloga del Instituto del Cáncer de Clínica MEDS. “Pero ahora se entiende que es un conjunto de factores, entre ellos los del estilo de vida”, agrega.

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De hecho, los cánceres hereditarios representan una proporción menor del total de diagnósticos.

“Las causas genéticas en el cáncer (en las distintas edades) representan entre un 10 y un 15% de todos los cánceres. O sea, la mayoría no se provoca por un factor hereditario”, afirma Hidalgo.

Entre esos factores ya conocidos se encuentran la obesidad y el tabaquismo. Ahora, algunos investigadores están explorando si el sueño podría ser otra pieza importante del rompecabezas.

El tema recibió atención recientemente durante la reunión anual de la Sociedad Estadounidense de Oncología Clínica (ASCO), una de las conferencias sobre cáncer más importantes del mundo.

El estudio encontró que las personas con malos hábitos de sueño tenían más probabilidades de desarrollar cáncer colorrectal, de mama, de útero u ovario de aparición temprana.
El estudio encontró que las personas con malos hábitos de sueño tenían más probabilidades de desarrollar cáncer colorrectal, de mama, de útero u ovario de aparición temprana. (Shutterstock)

En el encuentro se presentó un estudio que analizó registros médicos de más de 18 millones de estadounidenses de entre 18 y 50 años.

Los investigadores, del Hospital Jefferson Stratford y del Centro Oncológico Ochsner MD Anderson en Estados Unidos, compararon a más de 413 mil personas diagnosticadas con insomnio con otros pacientes de la misma edad que no tenían ese diagnóstico.

El estudio encontró que las personas con malos hábitos de sueño tenían más probabilidades de desarrollar cáncer colorrectal, de mama, de útero u ovario de aparición temprana.

En algunos casos, los menores de 50 años diagnosticados con insomnio tenían hasta tres veces más probabilidades de desarrollar la enfermedad en un plazo de cinco años.

“Estos hallazgos sugieren que la alteración del sueño puede representar un factor de riesgo clínicamente relevante y potencialmente modificable en el riesgo de cáncer de aparición temprana”, señalaron los autores.

Ricardo Silva, oncólogo de Clínica Universidad de los Andes, advierte que “hay que tener cuidado de pensar que si tengo insomnio, sí o sí voy a desarrollar cáncer”.

El especialista aclara que se trata de una asociación: “En la población que tenía este trastorno del sueño se observó mayor riesgo de cáncer, lo que sugiere que el insomnio podría tener un rol en el avance de la enfermedad en personas jóvenes”.

Una de las grandes preguntas es por qué ocurre esta relación. Según expertos, uno de los mecanismos estaría vinculado al sistema inmune.

“Nuestro cuerpo tiende a producir células malas, células de cáncer, pero el sistema inmune está activamente atacándolas”, explica Diego Bustos, oncólogo médico de la Fundación Arturo López Pérez (FALP).

“El insomnio podría generar una disminución de la respuesta inmune y de la vigilancia contra esas células malignas”, añade.

Dado el aumento del cáncer en adultos jóvenes, los expertos consideran clave fortalecer la prevención a través de hábitos saludables.
Dado el aumento del cáncer en adultos jóvenes, los expertos consideran clave fortalecer la prevención a través de hábitos saludables. (Shutterstock)

Silva coincide en que esta es una de las hipótesis más plausibles, ya que la regulación del sueño y el ritmo circadiano son claves para el buen funcionamiento del sistema inmunológico.

Un segundo mecanismo apunta a la inflamación crónica.

“Los pacientes que no duermen bien están en un estado inflamatorio”, comenta Bustos. “Eso también puede favorecer el inicio y progresión del cáncer”.

Reparación del ADN

La inflamación persistente puede provocar alteraciones celulares que, con el tiempo, contribuyen al desarrollo de tumores.

Sobre este punto, Hidalgo añade que la inflamación crónica también puede afectar la reparación del ADN, lo que podría facilitar la aparición del cáncer.

Las hormonas constituyen un posible tercer mecanismo. La falta de sueño puede alterar sustancias como la melatonina, el cortisol y los estrógenos.

Esto resulta relevante porque los tumores con mayor asociación en los estudios son precisamente los hormonodependientes, como los de mama, útero y ovario.

A juicio de los especialistas, el mensaje principal no es alarmista, sino preventivo.

El estudio no demuestra causalidad directa, pero sí sugiere que el sueño podría ser un factor importante dentro de los hábitos que influyen en la salud.

Dado el aumento del cáncer en adultos jóvenes, los expertos consideran clave fortalecer la prevención a través de hábitos saludables.

También recalcan que el insomnio no se refiere solo a dormir pocas horas, sino a la calidad del sueño y su carácter reparador.