Les dimos acceso al mundo a nuestros niños sin saber si estaban listos
Es momento de preguntarnos si los menores deben pasar tanto tiempo conectados al celular.

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Hay cosas para las que entendemos que un niño todavía no está preparado.
No le damos las llaves de un carro y le decimos: “Arranca, después vemos cómo te va”. Hay edades, permisos y reglas porque reconocemos que ciertas cosas requieren madurez.
Pero le entregamos un celular a un niño de 10, 11 o 12 años y, sin darnos mucha cuenta, le decimos: aquí tienes el mundo.
Y quizás nunca pensamos en lo grande que eso significa.
Esta semana, Europa puso el tema sobre la mesa con una propuesta que busca restringir el acceso de menores de 15 años a redes sociales, plataformas de video, chats de inteligencia artificial y hasta videojuegos online.
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No son los únicos.
Australia ya restringe las cuentas de redes sociales para menores de 16 años. China se fue mucho más lejos: los menores pueden jugar videojuegos online solamente de 8:00 a 9:00 p.m. viernes, sábado y domingo, además de días feriados.
¿Tres horas a la semana?
Wow.

No estoy diciendo que tenemos que hacer lo mismo. De hecho, tampoco sé si prohibir es la solución. Pero cuando tantos países comienzan a hacerse la misma pregunta, quizás vale la pena que nosotros también la hagamos.
¿Hasta dónde debe llegar el acceso de un menor al mundo digital?
Porque aquel celular que compramos “para poder llamarte” ya no es solamente un teléfono. Es TikTok, YouTube, Roblox, Fortnite, inteligencia artificial, transmisiones en vivo y una puerta para hablar con prácticamente cualquier persona del planeta.
“Lo conocí jugando Roblox.”
“Es un pana de Fortnite.”
Eso es completamente normal para esta generación. Pero nosotros ni siquiera sabemos necesariamente quién está al otro lado.
Y hay otra parte de esta conversación que me parece igual de interesante: el tiempo.
No todo el peligro de estar constantemente conectado viene de lo que encontramos en internet. También puede estar en lo que dejamos de hacer fuera de él.
¿Cuándo fue la última vez que viste a un niño aburrido?
Y no lo digo como algo malo.
Aburrirse también nos obligaba a inventarnos algo. Salíamos al patio, dibujábamos, desarmábamos algo, creábamos un juego con cualquier disparate o simplemente nos sentábamos a pensar.
Hoy tenemos entretenimiento infinito en el bolsillo.
Si se acaba un video, comienza otro. Si nos cansamos de un juego, abrimos otro. Si ningún amigo está disponible, siempre hay alguien online.
China decidió resolverlo prácticamente apagando el switch. Eso aquí sería impensable y tampoco creo que deba ser la respuesta.
Pero entre tres horas semanales y acceso ilimitado tiene que existir algún punto medio.
Porque tampoco podemos legislar cada minuto de la vida de nuestros hijos ni pretender que un gobierno sustituya la responsabilidad que tenemos en casa.
Quizás Europa se está pasando. Quizás China se pasó hace rato. Y quizás nosotros nos fuimos demasiado hacia el otro extremo.
No tengo una fórmula ni creo que exista una edad mágica.
Pero sí creo que vale la pena mirar ese celular de otra manera.
No les dimos solamente un teléfono. Les dimos acceso al mundo.
Y quizás parte de prepararlos para ese mundo también sea enseñarles que, de vez en cuando, no pasa nada si se desconectan y se aburren un rato.

