Ya tienes el diploma y estás listo para salir al mundo laboral. Comienzas a preparar tu resumé, cruzando los dedos de que logres un empleo lo más pronto posible y te preparas para ir a cada entrevista como un consumado profesional. Estás seguro de tu éxito… pero hay algo que puede pararte en seco.

¿Sabías que tu vida virtual podría ponerle un freno a la real? Pues si: cada día más compañías revisan los perfiles sociales de los aspirantes a empleo y, por par de fotos o estados de Facebook, pueden determinar que no eres la persona adecuada para el puesto.

Se puede sentir injusto pero es una realidad. El motor de búsqueda de empleo Career Builder hizo un estudio el año pasado y encontró que al menos 51 por ciento de los empleadores descartaron candidatos por lo que habían publicado en sus perfiles de redes sociales.

Para evitar que te cierren la puerta en la cara, sigue estos tres pasos:

1. “Googléate”: O sea, pon tu nombre en el motor de búsqueda de Google y verifica qué sale. Si encuentras contenido que no quieres que nadie vea (y que no deberías haber posteado para empezar) toma los pasos para borrarlo. La regla de oro es: si no quieres que lo vea tu mamá, no lo subas a Internet.

2. Cuídate: Parecería irónico poner un perfil como privado si lo que quieres es socializar, pero que tu “news feed” sea un tablón de expresión pública donde cualquiera puede escribir te traerá problemas. Usa las herramientas de privacidad de las redes.

3. Mercadéate bien: Construye perfiles profesionales, con fotos actualizadas, tu resumé, contenido relevante a tu profesión, etc. Guarda las fotos de gatitos para tu perfil personal (y privado) a menos que busques trabajo de veterinario.