Algo es muy evidente con tan solo dar una simple mirada a un estacionamiento, o con observar el tráfico: hay más guaguas que carros.

No siempre fue así, ya que, tradicionalmente, el vehículo rey en las carreteras del mundo era el carro. Las camionetas o guaguas eran algo secundario. Pero eso comenzó a cambiar durante la década de los 1990.

Esa gran transformación global se le acredita mayormente a un modelo: la Ford Explorer, que está cumpliendo 35 años en el mercado.

La primera Explorer, que salió para el año modelo de 1991, revolucionó a la industria automotriz porque fue el vehículo que comenzó la metamorfosis de las 4x4 (que todavía no se llamaban “SUV”) en genuinos vehículos de familia.

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Cierto, antes de la Explorer ya se veía una transición en el estilo y formato de las llamadas “4x4”, pero la Explorer fue la primera que impuso como prioridad la comodidad de la familia. Era una genuina y ruda off roader, pero con modales más sofisticados.

Ford lo logró afinando la suspensión para darle un rodaje más suave. También le dio gran énfasis a la cabina, creando unos interiores mucho más cómodos, elegantes y prácticos que los de una típica 4x4.

Es más, hasta eliminó uno de los elementos más característicos de las SUV de ese entonces: la goma de repuesto. La sacó de sus usuales ubicaciones que eran dentro del área de carga o instalada sobre la compuerta trasera para reubicarla donde no estorbara, no quitara espacio y que no se viera: debajo del vehículo.

Todas estas innovaciones convirtieron a la Explorer en un éxito en ventas tan enorme, que inició un patrón que sería irreversible: la sustitución del sedán tradicional por la SUV como el vehículo familiar por excelencia.