El Cadillac que volaba en un 747
Las carrocerías del Allanté se fabricaban en Italia para luego ser tansportadas en avión hasta el otro lado del Atlántico.
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En las exhibiciones y juntes de carros antiguos es muy común escuchar historias que son imposibles de creer. Dado el entusiasmo y amor que sienten por sus carros, algunos dueños tienden a sazonar sus descripciones y anécdotas con hipérboles que hacen que uno disimuladamente suba una de las cejas.
Pero si algún día alguien les muestra un Cadillac de finales de los ochenta y el dueño les dice que su carro voló desde Europa dentro de un 747, por más descabellado que suene, les estará diciendo la pura verdad.
Eso fue lo que sucedió con el Cadillac Allanté, un carísimo convertible de lujo y de dos asientos que estuvo en el mercado de 1987 a 1993. Para ese entonces, era el primer Cadillac para dos ocupantes en casi 50 años.
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La idea detrás del Allanté era enamorar a los clientes de autos europeos de lujo y, para ello, Cadillac acudió a Europa, específicamente a Italia.
Armó un proyecto muy elaborado que conllevaba una complicadísima logística internacional. Comenzó contratando a la prestigiosa casa de diseño italiana Pininfarina, famosa por crearles carrocerías a grandes marcas como Ferrari, Alfa Romeo, Maserati e Hispano Suiza, entre varias otras.
Y es aquí precisamente donde el 747 entra a la ecuación.

Pininfarina construía en Italia las carrocerías del Allanté y allá las unía a unas versiones acortadas del chasis del Cadillac El Dorado. Como decimos en buen boricua, Pininfarina armaba el carapacho.
El próximo paso es el increíble; el que suena a las típicas historietas y exageraciones que escuchamos en los auto shows. Pininfarina montaba las carrocerías en Boeings 747 modificados especialmente para esta operación y las enviaba a Detroit. Allá, Cadillac las recibía y las transportaba a su cercana y muy histórica planta de Hamtramck para el ensamblaje final.
Como se imaginarán, era una operación costosísima, especialmente cuando los 747 podían transportar tan solo 56 carrocerías a la vez. Eso, por supuesto, se reflejó inmediatamente en el precio. Cuando salió al mercado en 1987, el Allanté comenzaba en $54,000. Estamos hablando de casi $159,000 en 2026.
Otra razón para su precio tan alto era que venía con muchísima tecnología muy poco común en aquel entonces, por lo que, en efecto, el Allanté estuvo adelantado a su época. Tenía sistemas electrónicos para la suspensión e incluso para ajustar la dureza del guía según la velocidad iba aumentando o disminuyendo. Además, ostentaba un complejo panel de instrumentos digital y muchos otros equipos electrónicos.
Era un carro tan supremamente equipado, que la única opción era un teléfono celular (sí, de aquellos con el tamaño y peso de un bloque de cemento).
Debajo del bonete de aluminio, había un motor V8 de 4.1 litros y 170 caballos de fuerza que luego, en el 1989, fue cambiado por otro V8, pero de 4.5 litros y caballaje de 200. El tercer motor llegó justo en su penúltimo año en el mercado, en 1992, y una vez más, fue un V8, esta vez, un Northstar de 4.6 litros y 295 caballos de fuerza.
La transmisión siempre fue automática de cuatro velocidades.
Pero, a pesar de su buena apariencia, tecnología de avanzada y el caché de una carrocería enviada directamente desde Italia, el Allanté no tuvo éxito en el mercado. La razón principal siempre fue el precio.
Quien único ganó en el proyecto fue Pininfarina… y la línea aérea.
Durante los siete años que estuvo en el mercado (1987 a 1993), se vendieron un total de 21,430 Allantés. Significa entonces que los Jumbo 747 tuvieron que cruzar el Atlántico 766 veces.
Ya lo saben: si van a una actividad de autos antiguos y se topan con el dueño de un atractivo Cadillac ochentoso y les ronca con que su carro cruzó el Atlántico dentro de un Boeing 747, no se tratará de una típica historieta de auto show, ni que esté tratando de “meterte las cabras”. Todo es cierto.

