Sin vuelta atrás: Los cinnamon rolls que le cambiaron la vida a una joven madre
Tras perder su empleo como enfermera, Natalie López Figueroa empezó de nuevo y creó Sugary Creations By Nat.
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Varias veces, Natalie López Figueroa estuvo a punto de dejar la repostería. Como cuando se hernió los discos tras una caída y el dolor de espalda era insoportable. Como cuando su tercer embarazo le obligó a hacer una pausa. O como cuando los bizcochos de boda y los cheesecakes, con los que soñaba abrirse camino, solo le estaban dejando $65 al día y aquello se volvía insostenible.
Pensaba que su lugar no estaba en los hornos y que debía volver a la enfermería. Pero cada vez que estaba decidida a rendirse, llegaba un pedido inesperado de cientos de galletas o una invitación a la televisión, lo que le obligaba a posponer la despedida.
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Ahora, casi todas las mañanas, antes de que llegue a Bayamón para abrir Sugary Creations By Nat, ya hay personas que esperan para poder probar los cinnamon rolls que terminaron cambiándole la vida.
“Soy bastante fuerte. Tuve una infancia bien difícil y eso me ayudó a fortalecer ese caparazón y seguir adelante”, cuenta. “No podía caer, aunque me doliera todo. No podía permitir que mis hijas vieran que su mamá tenía un negocio y se cayó”.
Las pequeñas la habían visto perder el trabajo durante la pandemia por cuidarlas, preparar tembleques y coquitos desde la cocina de su casa, venderlos en sus cumpleaños a familiares y amigos, aprender por su cuenta, soportar el dolor y remodelar un local con sus propias manos.
Pero hoy la ven dirigir un negocio que genera el dinero suficiente para mantenerlas, para emplear a nueve personas. Ven cómo la gente la reconoce en la calle, la saluda.
La idea que lo cambió todo
Pero el éxito, ese boom, llegó, en parte, por necesidad.
Inauguró el local en marzo de 2023. “Se sentía irreal”, recuerda. Al verlo, “fue un sueño” y pensó: “Wow, este es mi proyecto de vida. Es lo que mis hijas van a ver, que mamá hizo esto”.
Sin embargo, en menos de dos años, esa ilusión chocó con la realidad. “El negocio se estaba cayendo”, confiesa.
Ella no entendía por qué. Había dedicado años a perfeccionar los bizcochos y los cheesecakes. Mas los clientes no llegaban. “Ya no sabía qué más hacer”, narra.
Entonces, buscando ideas para rellenar la vitrina, vio en TikTok una receta de cinnamon rolls y pensó que sería una buena idea. La hizo, pero le quedó fatal. Volvió a intentarlo. Tampoco. Hasta que un día salieron seis que, al menos, se animó a poner en la estantería.
Esa vez, precisamente, llegó un creador de contenido gastronómico con casi 200 mil seguidores en Facebook. Y, por alguna razón, se fijó en ellos.
“Te recomiendo que te enfoques en los cinnamon rolls y en las variaciones que puedas hacer”, le dijo. “En un mes, voy a volver a ver cómo están”.
Natalie se obsesionó. Compró todo tipo de equipos. Analizó la humedad del local. Probó recetas una y otra vez hasta que aprendió la ciencia que hay detrás de esa masa.
Entonces, el influencer volvió y emitió su veredicto: “Es uno de los mejores cinnamon rolls que he probado”.
Desde ahí, se convirtieron en la estrella de la casa.
Una máquina de crear sabores
Cada semana, la pastelera desarrolla nuevos sabores. Su mente está en constante búsqueda. Se inspira en sus vivencias: en los pancakes de calabaza que desayunó en un restaurante, en un café de temporada hecho con lavanda y coco, en el aroma a fresas en una tienda, en el mousse que llevaba el matcha aquella tarde.
“Es un instinto”, explica.
Ha hecho de flan, de quesito, de piña colada, de bizcocho de zanahoria, de blueberry lemon, de cheesecake caramel pecans, de cookie dough. Convierte cualquier sabor en un cinnamon.
“Mis ideas llueven todos los días”, asegura. “Es demasiada la cantidad de sabores que puedo crear”.
Aunque las combinaciones cambian constantemente para sorprender a quienes regresan, hay algunas que se han ganado el paladar del público y han logrado mantenerse fijas, como el tradicional, el de crème brûlée, el de churros o los que llevan mermeladas.
En el coffee shop, se hornea a diario. El menú incluye sándwiches, desayunos, cheesecakes, bizcochos, muffins y postres de temporada.
También tiene cupcakes de diferentes sabores “para que la gente pruebe y vea que, si quiere un bizcocho, no tiene que ser un mojadito tradicional, puede ser de guineo, coco, fresa, red velvet”.
De hecho, justo le habían encargado un cinnamon roll en forma de bizcocho de tres niveles.
No hay vuelta atrás
Pero hay algo que siempre intenta servir en el negocio y que no aparece en la carta. Quiere que, quienes entren, reciban calor humano.
“Me gusta humanizar”, afirma. “Que sientan que están en su casa. Que lleguen y se coman sus cinnamon con las manos y lo disfruten. Que creen recuerdos. Que se lleven un cantito de Sugary. Y lo he logrado”.
Pero su recompensa, revela, llega luego que el cliente da el primer mordisco. Busca una reacción y, justo cuando ve que sonríe o cierra los ojos para saborearlo, ella suspira de alivio. “Lo logré”, se dice.
Natalie ya no piensa en regresar a la enfermería. Al contrario, cada mañana, se levanta convencida de que su lugar está en la repostería, en los hornos. Que les demostrará a sus tres hijas que, incluso después de los tropiezos, siempre es posible empezar de nuevo.
“Ya no le puedo quedar mal a nadie, ni a mí, ni a mis hijas, ni a mi familia, ni a las personas, ni a Sugary”, puntualiza. “A mí me encanta lo que hago y adonde he llegado. Ahora me conocen como la de los cinnamon rolls”.

