Cáncer, trasplantes y duelo: nada detuvo la perseverancia de estos estudiantes de la UPR
Conoce las historias de Viviana Enid García González y Luis Moscoso Rivera.
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Para Viviana Enid García González y Luis Moscoso Rivera, la muerte no tiene aguijón ni sepulcro victoria.
Y es que ambos recibirán esta semana sus títulos de la Universidad de Puerto Rico de Río Piedras (UPR-RP) luego de enfrentar diagnósticos y vivir vicisitudes que amenazaron sus vidas.
“No me cojan pena, porque la pena mata”, sostuvo Viviana, sobreviviente de cáncer de ovario, quien se graduará este mes con honores Suma Cum Laude de una maestría en ciencias de la información y bases de datos.
“Me siento bien. Me queda tiempo para hacer cosas”, aseguró por su parte Luis Moscoso Rivera, receptor de un trasplante simultáneo de riñón y páncreas, quien obtendrá su bachillerato con honores Cum Laude en comunicación audiovisual con una concentración menor en comunicación empresarial.
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“Me voy a morir”
Dice ser “fresita”, pues su pasatiempo predilecto es leer cuentos de dragones, elfos y amor clichoso.
Pero para su madre Edna González, Viviana es uno de sus mayores orgullos.
“¿Cuán orgullosa se siente de ella ahora mismo?”, preguntó este diario.
“Ah, hasta el infinito”, respondió la progenitora entre risas.
A tres años de ser diagnosticada con cáncer de ovario, Viviana se graduará con los máximos honores y ahora es bibliotecaria del recinto humacaeño de EDP University.
Este no era su plan original. La fajardeña de 32 años tenía un boceto de su vida que apuntaba a otro rumbo. Se visualizaba vestida de una bata blanca, colocando la abreviatura “Dra.” frente a su nombre.

“Yo siempre estuve encaminada en lo que eran las ciencias naturales; eso era lo que yo quería”, admitió.
Para ello obtuvo un bachillerato en biología de la Universidad Interamericana de Puerto Rico (UIPR), en Fajardo. Fue aceptada inmediatamente en una escuela de medicina. Todo iba acorde a su plan.
Por tal artimaña del destino, la escuela le exigió ciertas “condiciones” que obstaculizaron su entrada. Pensó que era un indicio para cuidar de sí misma, ya que estaba teniendo síntomas extraños que la mareaban y le robaban de sus fuerzas.
Una visita a su médico generalista en octubre de 2022, que posteriormente la llevó a consultar a una oncóloga, reveló su diagnóstico. Tenía también una masa detrás de la matriz, metástasis hepáticas y nódulos en el pulmón.
“Se acabó todo; hasta aquí llegué, me voy a morir”, reaccionó en aquel entonces.
La mera palabra “dolor” no encapsula lo que sufrió Viviana. Su padre, Elvin García, sollozaba con tan solo verla, pero junto a su esposa Edna y su hija mayor, quien es enfermera, dedicaba cada momento a cuidarla.
“Fue difícil”, recordó González. “Pero a todo esto lo ponemos como Dios nos los dio. Nos tocó y nosotros (teníamos) que echar para adelante y echar pecho y hacer lo que podamos hacer como padres para ella. Afrontamos la situación y fuimos con ella paso a paso”, añadió.
Eran largos meses de sufrimiento. Sacrificó su hermosa cabellera color marrón, que le rozaba la cintura, con tal de evitar verlo caer. Aun así, recordó vívidamente cómo bañándose vio mechones que se quedaron pegados a la cortina de baño. En medio de tal aflicción, sin embargo, bromeaba con tatuarse el cráneo.
“Fue tan fuerte el dolor que mami me afeitaba un poquito y tenía que parar”, comentó.
“Gracias a Dios que yo recorto (cabello)”, dijo González. “Dios sabe todas las cosas. Tenía en casa la ‘beautician’ que podía recortarla, tenía la enfermera que podía cuidarla”, continuó.
En abril de 2023 recibió su última quimioterapia. A un mes, fue sometida a una histerectomía total en la que le removieron la matriz, los ovarios y las trompas de Falopio. Ya en julio, se liberó del cáncer.
La depresión y el temor de que la enfermedad regresara la abrumaron hasta que ella misma se dio un ultimátum: “o me quedo aquí llorando y lamentándome por lo que pasé o me levanto y sigo hacia adelante y que sea lo que Dios quiera en el futuro”.
“Yo dije ‘yo voy a hacer lo que yo quiera…yo voy a hacer lo que me haga a mí feliz’”, recordó.
La quimioterapia también le dejó muchas cicatrices: desarrolló neuropatía y dijo que sintió que su memoria le fallaba y que era más lenta.
Más aún, desde su primer semestre de maestría, cosechó éxitos. Participó del Programa Académico de Experiencia Formativa (PEAF) en Radio Universidad, bajo la mentoría de Osvaldo Rivera, experiencia que aseguró “encendió un fuego” dentro de ella para persistir.
“Me siento bien y me siento plena. No era mi plan original, pero me siento satisfecha. Estoy feliz, estoy bien”, dijo sonriente.
“El sufrimiento es parte de la vida. Tú no puedes estar echándole la culpa a Dios por todas las cosas malas que te pasan. Pues, pasó, pero, ¿qué podemos hacer? Yo lo que hice fue que me arreguindé de Jesús”, agregó.
“Si tú quieres algo…lo consigues”
Dicen que la tercera es la vencida. Para Luis, ese refrán le aplica como anillo al dedo, pues a sus 50 años y en su tercer intento en matricularse en una universidad, finalmente completará su bachillerato.
Ha vivido con trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), lo que le dificultaba ser estudiante.
Intentó cursar mercadeo de alimentos en Saint Joseph’s University en Filadelfia, luego tanteó en administración de empresas en la Universidad del Sagrado Corazón hasta que, al fin, encontró su hogar en la UPR.
“(Por el TDAH) me sentía como un niño con un bote de papel en el mar; perdido, algarete”, describió el sanjuanero.
La vida lo llevó a Nueva York, donde se convirtió en sumiller y laboró por muchos años en la industria de manejo de restaurantes y hoteles.

Sin embargo, sumado a su TDAH, Luis sufrió un sinnúmero de afecciones físicas por la diabetes, diagnóstico que recibió en 1989 y que le provocó insuficiencia renal. Tras dos años en diálisis, se le ofreció en mayo de 2015 un trasplante simultáneo de riñón y páncreas. Tuvo que esperar hasta 2016 para recibirlo.
“Anda pal’sirete, Frankenstein”, exclamó en aquel entonces al recibir la noticia. “Yo voy a cumplir, si Dios quiere, 10 años (del trasplante). (En) noviembre 7 de 2016 cumplo 10 años de trasplantado”, añadió.
Inspirado por su hermana, la licenciada Cristina Moscoso D’Abate, retomó sus estudios en agosto de 2023, a más de 30 años de cuando primero comenzó. Esta vez, lo hizo amparado por el amor de su esposa, Ninoshka Parra. Tan enfocado estaba en la excelencia que retomó clases que ya convalidó con tal de subir su promedio.
“Regresar a un salón de clases después de tanto tiempo requiere humildad, disciplina y mucha determinación”, señaló.

Apasionado por el cine, ha actuado como extra en varias producciones, como “Fantasy Island”, “The Gordita Chronociles”, “The Plane” y anuncios televisivos. Vive agradecido con el doctor Harold Leonard Navarro, quien trabajó con él en cortometrajes y otras producciones, y con la profesora Rosa Guzmán, quien lo convenció de completar su concentración menor.
“La IUPI la amo y me va a hacer falta”, subrayó.
En medio de todo su éxito, este año vivió la pérdida más grande: el fallecimiento de su madre el pasado 26 de enero, Carmen Del Rosario Rivera Martínez, y de su padre el 9 de abril, Luis Teodoro Moscoso Villaronga.
“Fue bien fuerte. Todavía lo estoy procesando. Al día de hoy no lo creo, pero es una realidad”, sostuvo con voz entrecortada.
Más allá del cúmulo de sus esfuerzos, esta graduación será para Luis un homenaje a ellos, que “siempre creyeron en mí”.
“Si tú quieres algo tú vas y lo consigues. Si tú en verdad lo quieres hacer, lo puedes hacer. ¿Por qué no?”, puntualizó.


