Aguadilla. El pequeño Ysaak Hernández Hernández, de tres años, corre hasta su madre cuando el payaso Socotroco hace aparecer una serpiente. Está emocionado, como el resto de los niños y las niñas en el salón. La tocan, se la colocan al cuello. Entre fuegos y palabras mágicas, surgen un ratón y una paloma. Hay aplausos y una que otra carita de susto. Pero, sobre todo, ríen.

A los familiares también se les escapan las carcajadas. Con ellas, a algunos, un respiro hondo que los recarga de energías para continuar su camino diario junto a sus hijos con síndrome de Down.

Niños y niñas con síndrome de Down, entre otras condiciones, reciben talleres para aprender y socializar.

De esta manera comenzaba el segundo día del Verano Extraordinario 2026, una iniciativa de la Comunidad John Langdon Down, que busca la integración y socialización de niños en la zona oeste del archipiélago que nacieron con esta condición genética.

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“Nos dimos cuenta de que había muchas actividades para adultos, pero no para los pequeños”, explica la fundadora Yanise Hernández.

Por segundo año consecutivo, esta serie de talleres reúne durante una semana a más de 20 niños que disfrutan, aprenden y hacen amigos. También participan menores con autismo, microcefalia y otras diversidades, así como pequeños con desarrollo típico.

“La integración es lo más importante, que compartan”, puntualiza.

Los participantes también disfrutaron de las ocurrencias del mago Socotroco.
Los participantes también disfrutaron de las ocurrencias del mago Socotroco. (Jorge A Ramirez Portela)

“Hay mucha necesidad”

La entidad nació en 2024, después de que Hernández llevara a Ysaak a un parque y viera cómo otros niños lo empujaban por moverse a un ritmo distinto.

En un principio, se enfocaron en crear espacios seguros para que los cuidadores pudieran sentarse y verlos jugar. Pero rápidamente se dieron cuenta de que necesitaban más.

Por ejemplo, muchos requieren a temprana edad una cirugía de pecho para corregir cardiopatías. Estos servicios, como tantos otros, se encuentran en su mayoría en la zona metropolitana.

“Queremos descentralizar los servicios y las actividades”, apunta desde la Tercera Iglesia Presbiteriana en Aguadilla. “Hay quienes requieren hasta 11 terapias a la semana. Es difícil. También hay escasez de terapistas. Hay mucha necesidad”.

Pasta que inspira

Las actividades siguen. El chef Christopher González, conocido como CHRISin Límites, les enseña cómo preparar una pasta fría de pollo.

Se entienden a la perfección. Los pequeños siguen las órdenes. Cortan cebolla. Mezclan. Saborean.

Chris, quien también vive con trisomía 21, abrió en 2018 su food truck en Rincón.

“Estoy bien contento de estar aquí”, exclama. “Es importante que ellos puedan estudiar, enamorarse, comprar un carro y vivir solos. Pueden hacer lo que quieran”.

Para la coordinadora Brenda Carrero, historias como la de Chris son vitales.

“Es un ejemplo para los niños”, expresa. “Y para que los padres entiendan que, al final del camino, hay satisfacción”.

El chef Chris González Caro, de Chris Sin Límites, les hizo una demostración confeccionando una pasta.
El chef Chris González Caro, de Chris Sin Límites, les hizo una demostración confeccionando una pasta. (Jorge A Ramirez Portela)

Un respiro

Y es que, para la comunidad, los cuidadores son una pieza fundamental. Por eso, desarrollan talleres educativos donde comparten información y experiencias de crianza.

Esta semana representa para ellos un momento de disfrute, de ver a sus hijos jugar, de olvidarse de la próxima cita, de soltar.

Así lo siente Evelyn López, madre de Kenan, de 18 años, y de Cadmiel, de 17, ambos con autismo severo no verbal, y de Chayil, de nueve, con síndrome de Down.

La expolicía decidió retirarse para dedicarse completamente a ellos. Desde entonces, todo ha cambiado.

“Nos preparan para pensar que ellos no podrán hacer nada. Ven una condición y le ponen una etiqueta”, lamenta.

Mientras habla, Kenan pide disculpas por creer que ha interrumpido una grabación. Con terapias, ha logrado comunicarse verbalmente.

“Es taparse los oídos al no”, asegura su madre.

Las actividades cuentan con profesionales que entienden tanto a los menores como a los familiares.

“Los padres necesitan que los escuchen, que los apoyen para lograr el desarrollo cognitivo, emocional y conductual de sus niños”, sostiene Johairy Lassalle Ortiz, maestra de educación especial. “Al final, lo más importante es que [los niños, en un futuro,] puedan ser independientes”.

Las actividades se extienden por una semana en Aguadilla.
Las actividades se extienden por una semana en Aguadilla. (Jorge A Ramirez Portela)

Actividades que les ayudan a desarrollarse

El primer día, los pequeños disfrutaron de estaciones multisensoriales y musicoterapia. En calendario hay terapias acuáticas, talleres de cuidado de mascotas, kickboxing, judo y arte.

Estas dinámicas les ayudan en sus procesos de desarrollo al tener que seguir instrucciones y manejar sus emociones.

“La comunicación es todo”, afirma Mara Itzel Soto, patóloga del habla. “Logramos que se expresen”.

El sueño

Antes de que el reloj marque las 11:00 de la mañana, Eiden Gael González Resto, de siete años, sostiene una manguera conectada a un camión de bomberos que justo acaban de explorar. Con una sonrisa pícara, empapa a todos.

La diversión continúa con un inflable acuático. Cada uno, a su ritmo, sube y se lanza por la chorrera.

“Es bien importante que salgan y compartan”, dice Eugenio Meléndez, padre de Eiden.

La jornada cierra con un concierto de violín que seis niños típicos –Ethan, Serena, Natalia, Yerik, Thays y Fátima– han querido regalarles a los pequeños.

“La música no es solo para los oídos, sino para nuestro ser. Es terapia para el alma”, destaca la maestra Yaricel Muñiz de Musik Violin School.

Desde una esquina, Hernández observa. Ysaak está en brazos de su abuela. Y ella sonríe.

“La mayoría de los padres recorremos un doble camino, la vejez y el cuidado de nuestros hijos”, resalta. “Mi sueño es que Dios me dé la vida suficiente para dejar a Ysaak seguro cuando ya no esté”.