Dorado. Era una calurosa mañana de julio. No se esperaba que, en las aulas de la Escuela José Santos Alegría, en Dorado, hubiera estudiantes. Estarían aprovechando los días libres de clases, quizás en una playa, con consolas en mano o hasta fuera de Puerto Rico.

Pero para Natalia Medina Soberal, de 17 años, y Zahir Vázquez Calderón, de 14, era un día de trabajo.

A media mañana ya llevaban un buen rato en el salón de información tecnológica. De allí operaban varias impresoras 3D simultáneamente. Las programaban y les reemplazaban el filamento con aparente pericia.

Compartían una misión en común: crear férulas (inmovilizadores) de brazos y dedos, al igual que ganchos para sueros, con las impresoras 3D para los miles de heridos por los sismos en Venezuela, un país a más de 550 millas de distancia.

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“Son para las personas que están pasando por momentos difíciles en Venezuela”, comentó Natalia a Primera Hora. “Queremos aportar nuestro granito de arena hacia ellos”, afirmó.

“Como vimos las noticias en Venezuela y lo que está pasando, decidimos (confeccionar estos dispositivos), para ayudar a esas personas que están allá, crear esto”, coincidió Zahir.

Lo ocurrido en Venezuela

La necesidad surgió a partir del 24 de junio, cuando en el vecino país caribeño ocurrió un doblete sísmico, fenómeno telúrico que consiste en que dos terremotos principales de gran magnitud ocurren de manera subsiguiente, normalmente en epicentros cercanos.

En Venezuela, el primer terremoto tuvo una magnitud de 7.2 y su epicentro estuvo cerca de la ciudad de San Felipe, reportó BBC. Después de 39 segundos y a solo 45 kilómetros, ocurrió el segundo terremoto, de una magnitud de 7.5.

A consecuencia, aproximadamente 2,700 personas han fallecido y más de 12,600 están heridas, según estimaciones recientes de las autoridades venezolanas.

Manos a la obra

La noticia estremeció al mundo entero y al profesor de información tecnológica, Luis D. Martínez, quien no titubeó en ayudar.

Entre los “makers”, profesionales y entusiastas que aplican sus conocimientos de ingeniería y tecnología para diseñar y hacer prototipos de objetos mediante herramientas como impresoras 3D, se dio a conocer la necesidad de doctores en Venezuela, que urgían férulas y ganchos para sueros.

Al enterarse de esto, Martínez se comunicó inmediatamente con el Departamento de Educación para sugerir la fabricación del equipo a través de las impresoras en su mismo salón.

“Definitivamente, cuando se hizo el acercamiento fue un sí automático, la disposición fue genuina, tanto en coordinación y permiso. Sabemos lo grave de la situación”, rememoró el educador.

Su iniciativa motivó a otras cinco escuelas: Jardines de Ponce, Antonio S. Pedreira y Gerardo Sellé Solá en Caguas y Anita Otero en Humacao.

“Varios maestros voluntarios llegaron a la escuela en su tiempo libre y, entonces, convocaron estudiantes para trabajar con el equipo que tenemos”, aseguró el maestro, quien se retiró de la empresa privada hace siete años para compartir sus conocimientos desde el aula.

Con la luz verde de parte de Educación, los “makers” les enviaron a los maestros los archivos digitales con los diseños y, desde las escuelas, se comenzó a imprimir por cuatro días corridos, de 8:00 a.m. hasta horas de la tarde. Cada día, llega un dúo de estudiantes distintos para dividirse la labor.

Desde el salón doradeño, se habían producido cerca de 70 piezas para el pasado jueves. A nivel isla, el total sumaba a más de 200.

El material fue recolectado por la organización católica Cáritas de Venezuela, encargada de coordinar y promover la acción social y caritativa.

“Realmente, cuando nos enteramos de lo que estaba pasando, a todos nos tocó. Tenemos una comunidad grande venezolana en Puerto Rico. Personalmente, tengo amigos grandes que los quiero mucho y, definitivamente, parte de las destrezas que nosotros trabajamos en el salón es la empatía, el trabajo en equipo”, subrayó Martínez.

Según el Departamento de Educación, no se invirtió en materiales o fondos especiales para esta iniciativa. Fue posible con el inventario existente en los planteles escolares.

El profesor Luis D. Martínez
El profesor Luis D. Martínez (Carlos Rivera Giusti/Staff)

Las férulas y los ganchos

Todo ha sido fríamente calculado. El material que se utilizó para fabricar las piezas es fibra PLA de 0.75 mm. Por tratarse de material biodegradable, “no causa un problema al ambiente por el plástico”, afirmó, por su parte, Marta Laboy Rojas, gerente del programa de tecnologías e ingeniería de la secretaría auxiliar de Educación Ocupacional.

Las férulas plásticas, que pueden demorar una hora en su elaboración, necesitan ser colocadas en agua caliente, de 90º a 100º grados Fahrenheit, para que se puedan moldear al brazo o a los dedos fracturados. Se han creado de varios tamaños, para servir tanto a niños como adultos.

Una vez la férula esté flexible, se coloca en el área lastimada. Algunos pacientes requieren una tela para evitar fricción, otros no.

Cada férula fue enviada en una bolsa de plástico con instrucciones para su aplicación.

Mientras, los ganchos para sueros están diseñados para que puedan sostener las bolsas desde cualquier lugar, como una ventana, verja o hasta un árbol.

“Sabemos que los pacientes están en el hospital adentro, pero también afuera. Así que, ellos (los doctores) tienen que colocar esos sueros en ventanas, ellos crearon unos ‘stands’ de palos de escoba, (y los tienen que colgar de) donde sea. Lo importante es que tenga altura para que el suero pueda correr”, detalló Martínez.

Una férula creada por la impresora 3D.
Una férula creada por la impresora 3D. (Carlos Rivera Giusti/Staff)

La ayuda continuará

Antes de que saliera el primer cargamento, ya Martínez y sus estudiantes estaban preparándose para la segunda fase de ayuda. Ahora, crearán silbatos y conectores de máquinas de oxígeno.

Todos están claros: hoy ellos ayudan a sus hermanos venezolanos. Mañana podrían ser los venezolanos quienes nos asistan.

“Esto nos puede pasar a nosotros”, advirtió Laboy Rojas. “Yo no lo llamaría un ensayo, lo llamaría una aplicación para la vida. Le enseñamos a los estudiantes que esto nos puede pasar y que lo que aprenden en el salón de clase lo pueden utilizar en sus propias vidas, en cualquier momento o emergencia. No sabemos cuándo lo van a necesitar”.

Por su parte, Natalia recordó cómo los puertorriqueños vivimos algo similar tras el paso del huracán María en 2017.

“Me siento muy orgullosa”, recalcó al resaltar lo “bonito” del proceso.

“Es la primera vez que puedo tener el honor de ayudar a otro país y saber que esto les vaya a servir de mucha ayuda. Me siento orgullosa”, añadió la también atleta de pista y campo.

Natalia y Zahir observando la impresión de las férulas.
Natalia y Zahir observando la impresión de las férulas. (Carlos Rivera Giusti/Staff)

Mientras, Zahir dijo ser nuevo en la creación de objetos con impresoras 3D. Llevaba un solo día, pero que ya quería “seguir aprendiendo” para continuar su aportación humanitaria.

“Se siente muy bien poder ayudar a personas que están lejos de ti. Aprendes más de ellos y también te descubres tú mismo”, expresó.

Con una impresora 3D, crean férulas para dedos y ganchos de suero desde la escuela José Santos Alegría.