Llueve sobre mojado para la industria de restaurantes donde, además de tener que enfrentar el cantazo de un IVU agrandado, han tenido que dar cara a los múltiples efectos  de la sequía.

El racionamiento se ha convertido en un dolor de cabeza para muchos comercios, particularmente para los negocios de venta de alimentos, donde se están haciendo malabares para sobrevivir no sólo al aumento del 7% al 11.5% del Impuesto sobre Ventas y Uso (IVU), sino también a la falta de agua.

Y es que el impacto de la escasez de lluvia en la Isla ha provocado que los dueños de restaurantes como Sabor Latino, en la avenida Boulevard en Levittown, incurran en gastos extras para mantener los estándares de higiene que requiere el establecimiento.

“Manejar el asunto del agua ha sido bien difícil, sobre todo por la limpieza, y en eso nosotros somos bien jodones... mi cocina es aniquelada y a mi me gusta pegar manguera  diariamente para limpiarla   pero ahora no puedo porque si me cogen me multan. Así que tengo que hacerlo a cubito y mapo,  pero es bien cuesta arriba”, expresó  José Rivera, encargado del lugar que reabrió sus puertas bajo nueva administración hace ocho meses.

“Te digo la verdad, nosotros cogimos hace unos meses este negocio desde cero... y si la cosa se complica con la sequía -como dicen que se extenderá hasta el 2016- ésto nos podría costar el cierre”, dijo Rivera.

Agregó que el agua que llega tras las horas de racionamiento es sucia, por lo que se ven obligados a comprar galones para cocinar y así evitar “problemas estomacales” a los clientes. 

Por otro lado, también tiene que batallar con el IVU agrandado, por lo que tuvo que ingeniárselas para crear un “menú con especial del día” y que de esa forma el bolsillo de los comensales no sufriera tanto.

“Y aún así, como ves, tengo el restaurante vacío... ya no estoy ganando clientes nuevos como antes”, reiteró.

Mientras, hay otros gerentes de negocios que están controlando el uso de agua, tomando medidas que incluyen el uso de utensilios desechables.

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Ese es el caso de Cano's Pizza, en Toa Baja, donde se promueve el servicio “to go” (para llevar) como medida para evitar la utilización de cubiertos de mesa.

“Te diría que el gasto inevitable es en los fregaderos, así que eso nos funciona para ahorrar agua. Además, en las noches estamos optando por pulir el piso, para evitar el mapeo”, explicó Frank Méndez, gerente del lugar.

De otra parte, aseguró que ha visto una merma de clientes en el negocio desde que comenzó hace un mes el racionamiento cada 24 horas en la zona.

“La gente se está aguantando por lo del agua y por lo del IVU... ahora mismo es el mediodía y mira cómo está ésto, vacío. Por lo general, está mucho más lleno”, lamentó.

El uso de cisternas es otro de los mecanismos que utilizan los negocios gastronómicos para dar cara a la crisis de agua.

En cambio, operar esta maquinaria conlleva unos gastos económicos extras para cumplir con su mantenimiento.

Ese es el caso de La Cabaña Bar & Grill en Levittown, Toa Baja, donde cuentan con dos cisternas  que adquirieron los dueños para enfrentar otra crisis en el servicio de agua cuando ocurrió el huracán George (1998).

“Esas cisternas nos ayudan como para cuatro días sin agua, pero tenemos que ser cautelosos para no desperdiciar”, expresó Liz Frances Álvarez, gerente del negocio establecido hace una década.

Otro mecanismo de ahorro fue comprar vajillas extras para evitar el lavado de platos y vasos durante los días de racionamiento.

“En cuanto a la vajilla lo que hacemos es que tratamos de llenar las máquinas de lavar los utensilios para no usarlas continuamente”, dijo.

De otra parte, agregó que el problema de la sequía ha provocado también que se intensifiquen los itinerarios de limpieza de los servicios sanitarios y las áreas de preparación de alimentos.

“En la cocina, por ejemplo, estamos bregando con muchos sanitizadores por el asunto de desinfectar bien las áreas”, explicó al agregar que ese mecanismo conlleva un gasto económico adicional a las operaciones.

Además, se adoptaron medidas cautelares con los baños.

“En lugar de dos baños, estamos dejando abierto al público sólo uno. Y las muchachas (empleadas) están vigilando cada media  hora para desinfectarlos y asegurarse de que los clientes no dejen las llaves abiertas porque, aunque no lo creas, hay gente que no considera. También hemos tenido casos de personas que no consumen y llegan a utilizar los baños... incluso, hay mamás que se meten con los nenes a los baños y aprovechan y le dan su bañito porque en sus casas no hay agua”, expresó quien con mucha sutileza trata de aconsejar a los clientes de hacer uso apropiado del preciado líquido.

 Agregó que pensando en el futuro - y la posibilidad real de que la sequía se agrave y el plan de racionamiento se extienda por muchos meses- se tomarían otras medidas de ahorro como lo son, por ejemplo,  ofrecer refrescos de lata a los clientes en lugar de los de dispensador y apagar la máquina de hielo cada tres días.

“Son dos cosas que consumen mucha agua”, dijo Álvarez.

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