Salsa sabrosa, esencia de campo adentro y merengue pícaro y dulzón. Parece una combi agrandada de comida, de esas que nos hacen agua la boca, pero no lo es. Es la oferta musical protagonizada por El Gran Combo de Puerto Rico, La Tribu de Abrante, Plenéalo, Gisselle y Grupomanía y dj King Arthur. ¡Qué clase de cartelera! Es obligación despedir el 2023 dándole jolgorio al cuerpo y al alma. ¡Lo necesitamos! Bastante que hemos pasado y lo justo es sacudirnos en un bailoteo colectivo que nos inyecte alegría y emoción.

El 2024 hay que recibirlo con bombos y platillos, visualizando un año bueno, abrazando la esperanza y confiando en que de alguna manera u otra lograremos mantener en alto la ilusión y el cerebro cuerdo.

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El jolgorio épico -al que se suma la comida típica de esta época al estilo buffet, un asopao pa’ calentar el espíritu y barra abierta- sí, leyó bien, ¡barra abierta! -para activar la alegría y ahogar las penas- se formará en Vivo Beach Club. ¿Lo mejor?

Pues que para esa celebración de despedida de año a la que han llamado The Ultimate’s New Years Eve, no hay que emperifollarse como para tantas otras que requieren a las mujeres encaramarse en cuatro pulgadas de tacas, comprarse o rebuscar en el clóset una pieza de picantes lentejuelas, y a los hombres apretarse en uno de esos incómodos trajes de chaqueta, pantalón y corbata. Pues no, acá lo que manda es la comodidad, vestirse lindo y linda, pizpireta y pizpireto, pero confortable. A fin de cuentas, lo que queremos es brincar, saltar, comer rico, disfrutar y dar una buena bailada. ¡Rumbón!

Es lo justo. El 2023 ha sido un año durísimo para muchos. Los feminicidios nos han estrujado el corazón, el maltrato a niños y ancianos nos ha tirado por el piso el alma, la influenza nos ha vuelto a atacar y el COVID ha seguido rondando. Súmele el prende y apaga de nuestro bendito sistema de electricidad, tipo bombilla de Navidad con las baterías bajas.

Digo, si nos ponemos a hablar sobre los problemas del país comenzamos y nunca terminamos. Así que hay que buscar fuerzas en nuestro interior, apretar el botón de la esperanza y pensar que, contra viento y marea, nos espera un año mejor. Okey, será año de política, habrá que elevar los mantras, las oraciones y las vibras. Mientras tanto, hay que maximizar el disfrute, y si es en familia, mejor.

No sé a usted, pero a mí los fiestones me encantan. Me recuerda la época bururún bururún, en la que los sesentones como yo nos dejábamos el pellejo en los “senior proms”. Descalzas terminábamos muchas porque nos quitábamos los zapatos para no correr el riesgo de terminar gambas de tanto brincoteo en tacas. Bailábamos como si no hubiera un mañana, y hoy, muchos mañanas después, lo hacemos igual.

Pero las celebraciones en las que le decimos adiós, “goodbye” y “so long” al año son las mejores. No me pregunte por qué, pero lo son. Son como un gozo en el alma, gozo en el alma… Así que alístese y compre su entrada con tiempo. Noooo, no lo deje para última hora, que con esa cartelera musical sería un pecado perderse ese jolgorio que estará, como dice la canción, bien por la maceta. ¡Wepa!