Cirugía de implante coclear: la oportunidad de volver a escuchar el mundo
La pérdida auditiva aísla a quienes la padecen y favorece el deterioro cognitivo, pero un procedimiento altamente especializado realizado exclusivamente en el Mayagüez Medical Center les devuelve la autonomía y conexión con sus seres queridos

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Una mujer se sorprende. Escucha un ruido que le es imposible descifrar. Se asoma por la ventana y la confusión se transforma en emoción. Era el trino de los pájaros, una melodía que, por su sordera, su memoria la había archivado en el olvido.
Ahora, tras una cirugía de implante coclear, ese cantar volvía a formar parte de su realidad. Le recordaba que el mundo seguía ahí, lleno de pequeños detalles que la pérdida auditiva le había arrebatado poco a poco.
Escenas como esa, para el doctor Miguel Lasalle López, del Mayagüez Medical Center, han dado sentido a sus 27 años de experiencia realizando este procedimiento altamente especializado.
“Significa que puedo ser parte de un proceso donde ayudo a otras personas”, afirmó. “Uno entiende las pequeñas cosas que podemos hacer para causar cambios significativos”.
Efectos devastadores
La pérdida auditiva severa o profunda es una limitación que afecta la autoestima, la conexión humana, la autonomía y la dignidad del paciente.
“Oír significa comunicarse, poder interactuar”, puntualizó el otorrinolaringólogo. Y al no poder hacerlo, para protegerse, “la persona, inconscientemente, tiende a aislarse porque pierde mucha seguridad”.
Entonces, en esa soledad, es complicado para quienes le rodean percibir lo que ocurre.
“Esa sordera, que pudo haber empezado como algo limitado, se va poniendo más profunda y, por falta de estimulación, el cerebro en el área auditiva se va atrofiando”, explicó.
La evidencia científica ha demostrado que esa atrofia cerebral se asocia con mayor riesgo de deterioro cognitivo y demencias, siendo la más común el alzhéimer.
Una alternativa
El camino hacia la recuperación de la escucha comienza cuando un médico primario, pediatra o audiólogo identifica una pérdida auditiva.
Luego, se requiere de una evaluación exhaustiva que incluye pruebas de audición, tomografías computarizadas y, en ocasiones, resonancias magnéticas nucleares.
Para ser candidato a la cirugía, el paciente debe tener una pérdida severa o profunda en un solo oído o, si es en ambos, que su capacidad para entender lo que oye esté por debajo del 40 %.
Otra indicación es que ya no responde a los audífonos convencionales. A diferencia de estos asistentes auditivos, que solo amplifican el sonido, el implante coclear estimula directamente el nervio auditivo, permitiendo que la señal vuelva a llegar al cerebro.
“Personas que no tengan nervio auditivo –por problemas congénitos o por un
tumor– o aquellas que tengan anomalías severas de cóclea no son buenos candidatos”, especificó el otólogo.
Un proceso seguro
El procedimiento se ha perfeccionado desde los años 60, por lo que hoy es una intervención altamente segura que toma cerca de una hora.
“Realizamos una incisión de menos de dos pulgadas detrás de la oreja. Accedemos a través del hueso mastoideo y colocamos el electrodo, que es fino como un hilo”, precisó. “Ya no hay que taladrar directamente en la cóclea. Se utiliza la ventana redonda como área de acceso a la cóclea y resulta mínimamente invasivo”.
Acompañamiento para aprender a escuchar
Sin embargo, el retorno al mundo sonoro requiere de tiempo, paciencia, aprendizaje y acompañamiento.
“La cirugía es el primer paso”, enfatizó el subespecialista en neurotología.
Y es que, días después, un audiólogo activa el dispositivo y comienza a programarlo según el nivel de sordera y la tolerancia a estímulos eléctricos de cada paciente.
Al principio, los sonidos se perciben artificiales. “Se oye diferente”, apuntó. “Hay pacientes que lo describen como una caricatura”.
Pero gracias a la plasticidad cerebral –la capacidad del cerebro para reorganizar sus conexiones neuronales–, vuelve a construir conexiones necesarias para interpretar esos estímulos eléctricos como sonidos familiares.
Por eso, parte de la rehabilitación consiste en exponerse a música conocida y a sonidos cotidianos.
“Están aprendiendo a oír de nuevo”, puntualizó el médico.
Vocación de servir a una comunidad
El cirujano recordó el caso de una joven madre que se quedó sorda después de dar a luz. Tras el implante, volvió a escuchar el llanto de su bebé. El sonido le devolvió la tranquilidad y el vínculo con su maternidad.
“Para ella, fue una cosa impresionante”, resaltó.
Lasalle López también ha sido clave en la transformación de vidas en familias enteras. El primer paciente que operó en el archipiélago se casó con otra paciente implantada por sus manos. Años después, trajeron a sus dos hijos sordos para que el doctor les hiciera oír.
Historias como estas son las que han reafirmado su compromiso. Sin embargo, lejos de asumir una postura impositiva, el galeno aborda su vocación desde la humildad y un profundo respeto hacia la cultura y diversidad de la comunidad sorda.
Su compromiso, reflexionó, es acompañar, “ser parte de ese proceso de opciones”, para que cada persona pueda encontrar la alternativa que mejor responda a su realidad.
Pero confiesa que, incluso después de decenas de procedimientos, aún le “emociona y le llena de satisfacción” cuando una persona vuelve a oír y redescubre el sonido de los pájaros o el sollozo de un bebé porque eso significa que ha recuperado parte de su mundo.
Si usted o un ser querido padece de pérdida auditiva, comuníquese con el Mayagüez Medical Center para una evaluación al 787-652-9200 o en mayaguezmedical.com.
El autor es periodista colaborador de Puerto Rico Saludable.

Este contenido comercial fue redactado y/o producido por el equipo de GFR Media.


