Más allá de su función principal en el tratamiento y la estabilización de un cuadro clínico o comorbilidad, las instituciones hospitalarias se transforman en actores sociales activos al identificar y atender las situaciones que afectan al paciente.

Esto incluye el nivel socioeconómico, la educación, el entorno físico, el acceso a recursos y redes de apoyo, pues la deficiencia en alguna de estas variables puede representar una recaída y eventual readmisión al hospital.

Para Francisco Iván Báez Borrero, director de Programas Institucionales del Mayagüez Medical Center, “somos actores sociales activos porque nos involucramos en la situación social existente, no solo en el paciente, sino también en el familiar, el visitante y, no menos importante, en el empleado”.

Según el enfermero de profesión que ha laborado en hospitales desde 1989, los hospitales han sido creados como espacios destinados al diagnóstico y tratamiento de las enfermedades.

No obstante, señaló que esta visión resulta bastante limitada frente a la complejidad del entorno social contemporáneo.

“Hoy más que nunca es necesario reconocer que los hospitales no son únicamente instituciones clínicas, sino que también son activos sociales con una influencia directa en la salud integral, en el bienestar comunitario y en el desarrollo social”, acotó el doctor en psicología industrial organizacional.

“Nos toca estabilizar al paciente, porque esa es la prioridad. Pero una vez se estabiliza, se comienza la planificación de alta y ahí es que validamos los determinantes sociales y las necesidades que tiene este paciente o su familia”, apuntó.

Sin embargo, señaló que la identificación de las situaciones que enfrenta un paciente se obtiene en el momento de la evaluación inicial, de acuerdo con los estándares de servicio establecidos por las agencias estatales y federales.

“En el momento de la evaluación inicial, se realiza un cernimiento, tanto físico como emocional, y se trata de identificar si cuenta con recursos o no; si hay algún determinante social que pueda afectar el proceso de hospitalización y posterior tratamiento”, explicó.

“Los récords electrónicos tienen preguntas específicas establecidas para que nosotros deduzcamos si ese paciente va a convertirse en un caso de abandono potencial o va a necesitar ayuda adicional, más allá de lo que nosotros le damos”, asintió.

Asimismo, resaltó que, en casos de violencia, pobreza extrema o de que el paciente vive en condiciones infrahumanas, “es más específico aún, porque ya vino con un determinante identificado desde la comunidad”.

“Eso levanta una bandera al hospital de que debe trabajar activamente en ese caso para evitar que el paciente tenga una estadía prolongada innecesaria. En casos de violencia, nosotros estamos obligados a intervenir y hacer los respectivos referidos a las agencias pertinentes y eso fluye con bastante transparencia y normalidad”, admitió.

“Pero si el paciente no tiene el criterio médico para estar hospitalizado y tampoco puedo disponer de un recurso, hogar o familia que se lo pueda llevar, pues debo retenerlo en el hospital; no se puede tirar a la calle”, acotó.

En tanto, afirmó que, además de las necesidades físicas del paciente, existen otras situaciones emocionales que no son menos importantes y que se ven afectadas, porque “el paciente puede sentirse abandonado, traicionado, que no le importa a nadie”.

“Ahí es que llega la responsabilidad institucional dentro de nuestro equipo multidisciplinario que se debe involucrar: el médico, la enfermera, el trabajador social, el psicólogo, el psiquiatra, entre otros. Así que nos ha tocado involucrarnos de una manera activa para poder satisfacer las necesidades del paciente”, admitió.

Esenciales los programas de educación comunitaria

De otra parte, mencionó el desarrollo e implementación de programas de educación comunitaria para orientar al paciente y a sus familiares.

“Muchos de los hospitales tienen servicios de voluntarios para que también nos asistan en este proceso. A ese paciente hay que darle acompañamiento, escucharlo, atenderlo y, si no tiene un recurso, eso es una responsabilidad que el hospital tiene que asumir”, reveló.

“Hay iniciativas de prevención y promoción de salud; se realizan ferias de salud en las comunidades en donde orientamos al paciente y a sus familiares. Además, hay alianzas con organizaciones comunitarias y gubernamentales para que la comunidad nos ayude a trabajar con esos determinantes que afectan el cuidado del paciente”, detalló.

Por otro lado, insistió en el desarrollo de políticas institucionales centradas en el servicio, en la comunidad, “en estas alianzas para poder dar un mejor servicio, así como la formación de líderes en salud con una visión social”.

“Tenemos que enfocarnos en que el trabajo ya no es meramente clínico ni en satisfacer solamente una necesidad de una enfermedad. Hay que tener una visión social y ver al paciente o individuo en todo su entorno para que él sienta que es importante para nosotros y que estamos haciendo lo correcto”, argumentó.

Finalmente, reconoció que “tenemos que ser capaces de influir no solo en la recuperación de la salud, sino también en la construcción de comunidades más equitativas y saludables. Es lo que nuestro país necesita”.

La autora es periodista colaboradora de Puerto Rico Saludable.