La resistencia a los antibióticos representa uno de los principales retos de salud pública a nivel mundial. Aunque el desarrollo de resistencia es un fenómeno natural, el uso innecesario o inadecuado de antibióticos acelera significativamente este proceso. Es importante aclarar que cuando hablamos de resistencia no significa que nuestro cuerpo se vuelva resistente al medicamento; son las bacterias las que desarrollan mecanismos que les permiten sobrevivir a antibióticos que antes eran efectivos.

En la medicina primaria existe un reto particular: con frecuencia, los pacientes llegan a la consulta esperando e incluso solicitando un antibiótico. Infecciones respiratorias virales, influenza, bronquitis aguda y otras enfermedades que no se benefician de antibióticos continúan siendo motivos frecuentes para recetarlos. En ocasiones, explicar por qué un antibiótico no es necesario puede tomar más tiempo que simplemente recetarlo. Sin embargo, esa conversación es parte fundamental de nuestra responsabilidad como médicos. Educar al paciente sobre cuándo un antibiótico es necesario y sobre las consecuencias de su uso inadecuado también es parte del tratamiento.

Cuando el paciente sí necesita un antibiótico, lo importante no es escoger el antibiótico “más fuerte”, sino el más adecuado para la infección que estamos tratando. Debemos considerar qué tipo de infección tiene el paciente y cuáles son las bacterias que más comúnmente pueden causarla. De esta manera, podemos seleccionar un tratamiento inicial que cubra lo necesario, evitando antibióticos de amplio espectro cuando no son necesarios.

Siempre que sea posible, obtener cultivos puede ayudarnos a identificar la bacteria responsable y escoger un antibiótico dirigido específicamente a ella. Además, tratamientos más prolongados no necesariamente son mejores. Para muchas infecciones, los estudios han demostrado que los cursos más cortos son igualmente efectivos y disminuyen la exposición innecesaria a los antibióticos.

Cada vez que consideramos recetar un antibiótico debemos hacernos tres preguntas: ¿realmente lo necesita?, ¿estamos utilizando el adecuado? y ¿por cuánto tiempo es necesario? Usar los antibióticos responsablemente hoy es una de las mejores maneras de asegurarnos de que continúen funcionando en el futuro.

La autora es Infectious Disease Specialist.