Muchas veces, conversando con pacientes, me preguntan si pueden usar tal hierba tradicional para su tratamiento médico. Eso es entendible, ya que muchos de nosotros fuimos tratados con estas plantas por nuestros abuelos. El problema es que muchos pacientes con cáncer las usan sin decirle a su oncólogo. Muchas de las hierbas de nuestro herbolario tradicional son seguras, pero cuando se trata del cáncer de seno hay que ser especialmente cuidadoso. Las dos por las que más me preguntan son el anamú, conocido como la hierba que el cabro no masca, y el té de guanábana.

La guanábana tiene un largo historial de uso medicinal en el Caribe. La creencia de que puede ser una “cura” contra el cáncer creció en internet, pero solo hay estudios de laboratorio y en animales, no en humanos. Lo que me hace desaconsejarla es que algunos de sus compuestos pueden dañar el sistema nervioso y, con el uso prolongado, se han relacionado con una enfermedad parecida al párkinson. Comer la fruta de vez en cuando no es el problema; tomar el té de hoja a diario, sí.

El anamú es otra historia. Se ha usado por generaciones en la medicina tradicional contra el cáncer. A diferencia de la guanábana, con el anamú sí se están haciendo estudios clínicos formales. Debemos esperar a que se publiquen los resultados para saber qué tan seguro es y si de verdad ayuda. Hoy no es una alternativa al tratamiento convencional.

Donde las plantas medicinales sí pueden ayudar a los pacientes con cáncer de seno es en aliviar los efectos secundarios del tratamiento. Una planta que se menciona mucho para la piel irritada por la radiación es la sábila. La mayoría de los estudios no la apoyan para ese uso, así que pregunte a su oncólogo antes de usarla. Una de las plantas tradicionales con más estudios es el jengibre. Puede ayudar con la náusea causada por la quimioterapia, junto con los medicamentos que le receten, no en lugar de ellos. Si tiene las plaquetas bajas o toma anticoagulantes, pregunte antes de usarlo. La manzanilla puede ayudar con la ansiedad y las llagas en la boca, y la menta con la náusea.

En lo que las guías sí se ponen de acuerdo es que los tratamientos integrativos con mejor evidencia son la acupuntura para el dolor en las coyunturas causado por el tratamiento, el yoga y la meditación para la ansiedad, y el ejercicio para mejorar la fatiga.

Lo que más debe preocuparle son las hierbas que causan interacciones con el tratamiento. Por ejemplo, la hierba de San Juan acelera las enzimas del hígado que procesan los medicamentos y puede hacer que el tratamiento convencional sea menos efectivo. La cúrcuma en cápsulas puede reducir la efectividad del tamoxifeno. Ninguna planta sustituye su tratamiento, y dejarlo o atrasarlo es el mayor riesgo. Haga una lista de todo lo que toma y discútala con su oncólogo, y si está considerando usar plantas medicinales, consulte a un doctor en medicina naturopática.

El autor es profesor en la Escuela de Medicina Naturopática de la Universidad Ana G. Méndez.