Las palabras que usamos importan. Pueden causar vergüenza y daño, pero también pueden abrir espacio para el respeto, la dignidad y la comprensión.

El trastorno por uso de sustancias es una enfermedad, no la identidad de quien la enfrenta. Podemos ser parte del problema o parte de su recuperación.

Elijamos nuestras palabras con sabiduría y formemos juntos una nueva historia.