Julio Toro finalmente expresa su pena por la muerte de Piculín: “Mi duelo fue el silencio”
El exentrenador nacional rememora sus vivencias junto al Concord y le agradece todo lo que hizo por Puerto Rico.

PUBLICIDAD
Ha pasado ya más de una semana desde que Puerto Rico amaneció, el pasado 5 de mayo, con la triste noticia de la muerte del mejor jugador de baloncesto que ha dado la isla, José “Piculín” Ortiz.
Ya el país le rindió honras y cientos de excompañeros, entrenadores y fanáticos compartieron memorias sobre su vida y legado.
Pero, en medio de todas esas voces, faltaba escuchar una muy importante: la del exdirigente nacional Julio Toro, quien aseguró que evitó atender llamadas tras la muerte de Ortiz como una forma de expresar, desde el silencio, el homenaje más profundo que podía ofrecerle a su glorioso canastero.
Relacionadas
“Mi forma de homenajear a Piculín y darle las gracias infinitas por todo lo que hizo por nosotros los puertorriqueños, mi duelo, fue el silencio. Creo que mi homenaje más lindo fue el silencio. Quise quedar fuera de las líneas, fuera del protagonismo y apreciar su memoria”, expresó Toro este jueves en entrevista telefónica con Primera Hora.
Toro, sin embargo, aceptó romper ese silencio consciente que debía expresar gratitud hacia Ortiz y hacia la vida por los logros que alcanzaron juntos, además de la amistad y complicidad que construyeron durante años. En sus expresiones destacó el aspecto deportivo y competitivo de Ortiz, más allá de la capacidad que tuvo para levantarse de sus caídas, por las que no sintió necesidad de discutir.
“Fue una bella persona y nos queríamos mucho. Cuando uno trabaja junto con otros seres humanos y lo hace de buena fe y con entrega total, pueden suceder muchas cosas bonitas”, destacó Toro.
“Siempre teníamos un norte ineludible: Puerto Rico. Ahí, en esa complicidad de tratar de que las cosas salieran bien, nos fue bien... creo que muy bien. Trabajamos en equipos muy buenos”.
Entre los principales logros que alcanzaron juntos figuran cinco campeonatos con los Cangrejeros de Santurce, el séptimo lugar de Puerto Rico en el Mundial de Indianápolis 2002, la clasificación a los Juegos Olímpicos de Atenas 2004, el sexto puesto en esas Olimpiadas y la histórica victoria sobre el Dream Team de Estados Unidos.
Toro asegura que Ortiz merece el 90 por ciento de los logros que consiguieron juntos. Él apenas reclama un 10 por ciento y, aun así, entiende que es demasiado.
Picu como atleta fue muy especial. Todos sabemos que cargó a Puerto Rico por mucho tiempo. Estaba marcado para hacer las cosas bien”
-Julio Toro / Exdirigente del Equipo Nacional
“El Concord fue una máquina de hacer las cosas bien. Me dio la oportunidad de ayudarlo. Me dejó entrar. Y todo el mundo decía que era más difícil que imposible poder entrar”.
“Hay que darle las gracias infinitas. Picu, como atleta, fue muy especial. Todos sabemos que cargó a Puerto Rico por mucho tiempo. Estaba marcado para hacer las cosas bien”.

“La capa me la va a entregar cuando yo llegue a la eternidad”
Y como está bien documentado, Toro recuerda que Ortiz fue el superhéroe que cargó a Puerto Rico hacia Atenas 2004 con aquel legendario partido ante Canadá en el Torneo Preolímpico de 2003 en San Juan, cuando registró 21 puntos, 10 rebotes y 10 asistencias para asegurar el último boleto olímpico.
Fue el partido en el que, antes del encuentro, Toro acudió al cuarto de Ortiz y le pidió que lo montara en su capa de superhéroe para llevarlo al Olimpo. Aquellas palabras anticiparon una de las actuaciones más memorables en la historia del baloncesto puertorriqueño. Después del partido, Ortiz lloró como un niño celebrando la gesta.
“Nosotros hablábamos mucho en metáforas y símiles. Y a él le gustaba que yo fuera dramático. Ese día hice uso de mi facultad de actor frustrado”, recordó Toro.

“La capa me la va a entregar cuando yo llegue a la eternidad; me la va a devolver. Me la quitó. Me la cañoneó”, agregó.
El máximo ganador de campeonatos en el BSN, con 12 títulos, destacó además que Ortiz logró aquella actuación cuando estaba cerca de cumplir 40 años.
“No tantos atletas después de los 40 años pueden presentar una página tan maravillosa como esa. Lo experimenté también con Mario Butler y Georgie Torres... todavía les quedaba gasolina en el tanque. Pero había que bloquear ese discrimen tan poderoso que existe contra la edad, esa enfermedad de descartar. Yo trataba de bloquear esas distracciones. Y Picu fue un caballero muy inteligente, que trascendía los formatos deportivos”.
“Yo sabía cuándo era maestro y siempre supe cuándo era estudiante. Para mí, él fue mucho más maestro que estudiante. La grandeza tiene muchos trucos”, añadió.
Como tantos otros, a Toro aún le embarga la tristeza por la muerte de Ortiz. Perdió a un hijo, un amigo y un compañero.
“Hubo cosas bellas de la vida: compañerismo, ayuda mutua, sumas y multiplicaciones para hacer nuestro trabajo. Con Picu la pasábamos bien en cualquier escenario. Una bella persona. Un ser humano para todos los tiempos”, concluyó.


