Carlos Beltrán recibe una gran ovación boricua en la parada del Salón de la Fama en Cooperstown
El puertorriqueño fue el primero en desfilar de los tres expeloteros que forman parte de la Clase 2026.
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Cooperstown, Nueva York. Este sábado en la noche la fiel fanaticada del béisbol de Grandes Ligas tuvo el momento de diversión, de bromear y hasta vacilar con algunas de las estrellas que desfilaron ante ellos en la parada del Salón de la Fama en Cooperstown.
Hasta las esposas de los famosos se llevaron sus vítores de un club de fanáticos que las celebraron a cada una mientras algunas sacaban sus celulares para grabar, incluyendo a Jessica, la esposa del puertorriqueño Carlos Beltrán, uno de los tres miembros de la Clase 2026 del recinto de los inmortales que este domingo a la 1:30 p.m. tendrá su ceremonia de exaltación y entrada oficial al Salón de la Fama.
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Será sin duda otra atmósfera, una en la que típicamente afloran las lágrimas de los homenajeados, por la nostalgia de los días de gloria pasados en el deporte profesional, y al recordar los sacrificios que los condujeron al éxito.
Pero el sábado fue el momento para interactuar con la afición que coreaba los nombres de cada jugador según pasaba en la parte posterior de vehículos 4x4, mientras estos saludaban con sus manos a los fanáticos.
Juan Marichal, Johnny Bench, Rod Carew, Fergie Jenkins, Rollie Fingers, Mike Schmidt, George Brett, Robin Yount, y Tany Pérez fueron algunos de los primeros en desfilar luego de que una banda de marcha pasara al frente al inicio de la parada.
La fila de vehículos con héroes del béisbol del pasado fue como ver una máquina del tiempo frente a los ojos de tantos espectadores que bordearon ambos lados de la calle principal de Cooperstown a lo largo de la ruta.
Dave Winfield, Ozzie Smith, Eddie Murray, Dennis Eckersley, Paul Molitor, Wade Boggs y la caravana de leyendas continuaba sin cesar a medida que se aproximaba el final, que se reservó para los tres nuevos miembros de la Clase 2026.
Pero poco antes, las decenas de puertorriqueños que ocupan un largo espacio a un costado de la vía, con banderas de Puerto Rico y gritando en español, vitorearon a su compatriota Iván “Pudge” Rodríguez y su esposa, cuando pasaron junto a ellos.
Rodríguez, miembro de la Clase 2017, es el receptor con más Guantes de Oro en la historia al acumular 13 en su larga trayectoria que incluyó además siete Bates de Plata.
No estuvo presente como se esperaba otro de los miembros boricuas del Salón de la Fama, Edgar Martínez.
Beltrán fue el primero de los tres de la Clase 2026, y estuvo seguido por Andruw Jones y Jeff Kent.
El boricua, junto a su esposa Jessica y sus hijos y su suegra, pareció llevarse algunos de los mayores vítores y era de esperarse con la gran presencia de fanáticos puertorriqueños que viajaron expresamente al inicio del fin de semana para atestiguar su exaltación.
Trevor Hoffman lanzaba bolas desde la guagua en que viajaba, el dominicano David Ortiz le gritó ‘Beltrán, Beltrán, Beltrán’ a fanáticos boricuas que divisó en la multitud, para animarlos, y Rodríguez se puso de pie y levantó su puño cuando un corillo gritó el estribillo ‘yo soy boricua, pa que tú lo sepas’, para más adelante volver a enseñar su puño en otra parte del trayecto al ver a fanáticos con la bandera boricua.
Greg Maddux firmó una pelota que le lanzó un fanático con todo y un ‘sharpie’ y después se los tiró de vuelta, y Larry Walker se acariciaba su cabeza mostrando que no le queda pelo.
Momentos espontáneos y graciosos, pero también hubo instantes de emotividad en adelanto al domingo.
Esto ocurrió con Beltrán cuando finalmente concluyó su recorrido y se bajó de la guagua para dirigirse justo frente al museo, hacia donde estaba Johnny Ramos, el cazatalentos responsable de su firma como profesional en 1995, después de que los Royals de Kansas City lo escogieron en el sorteo de novatos, tres años antes de su debut e inicio de una gloriosa carrera que duró 20 temporadas hasta 2017.
Por largos minutos se abrazaron y se hablaron, mientras asomaron lágrimas. Poco después, al igual que hicieron todos los ‘hall of famers’ que le precedireon en el desfile, cruzó la calle para firmar autógrafos entre la multitud de fanáticos, que no se marcharían hasta que se fueran con su premio después de tres días y dos noches en espera en ese espacio frente al histórico recinto.


