Irad Ortiz recibió el mejor regalo posible del Día de los Padres con casi dos meses de anticipación, al ver a sus hijos, José Luis e Irad Jr., cruzar juntos la meta en la edición 152 del Kentucky Derby.

Con su primera victoria en la Carrera de las Rosas, José Luis se convirtió en el tercer puertorriqueño en ganarla. Pero lo más emotivo para Irad, padre, fue que, cuando José Luis se unió a Ángel Cordero y John Velázquez en esa exclusiva lista, su hermano venía justo detrás, acompañándolo en lo que pareció un final de película.

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En ese momento no observó a dos de los jockeys más condecorados a nivel global brillar en el escenario más importante del hipismo, sino a los dos pequeños niños que soñaban con montar ese tipo de ejemplares mientras corrían por las calles del barrio La Gloria de Trujillo Alto.

“Han sido muchos años de mucho éxito, pero este año ha sido bien especial con el triunfo del Kentucky Derby, una carrera que siempre habíamos soñado ganar. Fue algo bien satisfactorio y emotivo porque, al cruzar la meta, fueron primero y segundo. Verlos triunfar como hermanos fue el mejor regalo del Día de los Padres que pueda tener. Siguen siendo mis nenes. Siempre los he visto como los nenes que crié y siempre los voy a ver así”, expresó Ortiz, padre, a Primera Hora.

Esta foto refleja el final victorioso de José Luis Ortiz, a la izquierda sobre Golden Tempo, en el Kentucky Derby, siendo felicitado de manera inmediata por Irad Ortiz, quien llegó segundo a bordo de Renegade. Es un final que Irad Ortiz, padre, guarda como un gran momento en la vida de la familia.
Esta foto refleja el final victorioso de José Luis Ortiz, a la izquierda sobre Golden Tempo, en el Kentucky Derby, siendo felicitado de manera inmediata por Irad Ortiz, quien llegó segundo a bordo de Renegade. Es un final que Irad Ortiz, padre, guarda como un gran momento en la vida de la familia. (George Walker IV)

Irad Jr. es tal vez el más exitoso de los dos hermanos, con cinco Premios Eclipse en 2018, 2019, 2020, 2022 y 2023, además de establecer un récord de dinero producido en una temporada en la hípica estadounidense con 39.2 millones de dólares en 2025. Sin embargo, José Luis es quien atraviesa el mejor momento de su carrera tras haber ganado a finales de marzo la Dubai World Cup, la prueba de más alto premio en el mundo con una bolsa de $12 millones, a bordo de Magnitude, y luego conquistar dos de las tres patas de la Triple Corona con el caballo Golden Tempo, el Derby y el Belmont Stakes.

En esta última prueba, celebrada a principios de junio, Irad Jr. finalizó tercero con el favorito Renegade, a espaldas del veterano jinete boricua John Velázquez y de Commandment. Su padre, en cambio, tiene el corazón dividido cada vez que se abren las compuertas, pero el orgullo que siente es el mismo, sin importar cuál de sus dos hijos sea el primero en cruzar la meta.

“Cada vez que se abren las compuertas, uno tiene el corazón en la mano porque están arriesgando sus vidas, pero vamos a irle a cualquiera de los dos. Sea primero o segundo, mientras el apellido sea Ortiz, estaremos bien contentos. Pero lo más importante es que puedan salir sanos y salvos de cada carrera”, compartió el progenitor de ambos jockeys.

Irad, padre, contó que la pasión de sus hijos por el hipismo despertó a temprana edad gracias a su abuelo, también llamado Irad Ortiz y apodado “Pirán”, y a su tío Iván Ortiz. Ambos fueron jinetes, aunque en épocas distintas: el abuelo montó desde la década de 1970 hasta la de 1990, mientras que el tío estuvo activo desde finales de los 90 hasta principios de los 2000. Fue así como José Luis e Irad Jr. se criaron en ese ambiente y, a raíz de eso, pidieron como regalo del Día de Reyes un caballo cuando apenas tenían cinco años.

Irad Ortiz padre, al centro junto a José Luis e Irad Jr., recuerda que los hoy jinetes de calibre mundial siempre soñaron, desde pequeñito, en ser lo que son hoy.
Irad Ortiz padre, al centro junto a José Luis e Irad Jr., recuerda que los hoy jinetes de calibre mundial siempre soñaron, desde pequeñito, en ser lo que son hoy. (Suministrada)

“Nosotros veíamos muchas carreras. Yo los ponía en las almohadas a practicar y ellos cogían las sillas de jockey que mi papá les había regalado. Tenían siempre sus fuetes, cascos y gafas. Ellos ponían sus sillas en los pasamanos de los muebles. Así fue cómo empezaron a aprender cómo pegar, agarrarse y tener balance”, recordó Irad, padre.

“Ya desde bien chiquitos soñaban con ser jockeys y se notaba que tenían mucha habilidad porque se destacaron en todos los deportes que jugaron, como el béisbol, baloncesto y voleibol. Yo veía en ellos mucho futuro y, gracias a Dios, lo han demostrado hasta el día de hoy”, abundó.

En esta otra foto aparecen Vilma, madre de los jinetes, y unos adolescentes Irad Jr. y José Luis, y su padre Irad Ortiz.
En esta otra foto aparecen Vilma, madre de los jinetes, y unos adolescentes Irad Jr. y José Luis, y su padre Irad Ortiz. (Suministrada)

A pesar de que le hubiese gustado seguir los pasos de su padre y su hermano, Irad, padre, nunca pudo convertirse en jockey por causa de su estatura y peso. Por ello, siempre apoyó a sus retoños para que hicieran realidad el sueño que él no pudo cumplir. Ambos se formaron en la Escuela Vocacional Hípica Agustín Mercado Reverón de Canóvanas, de donde también salieron figuras como Cordero y Velázquez.

“Todos los días había que llevarlos. Yo trabajaba más temprano y la mamá se sacrificaba al principio, llevándolos para después regresar al trabajo. Pudimos comprarle un carrito a Irad cuando tenía 17 años y le daba pon a José”, rememoró el progenitor de los dos jinetes.

José Luis Ortiz sobre Golden Tempo e Irad Ortiz Jr. sobre Renegade terminaron uno y dos en la prueba que tuvo a siete jinetes boricuas entre los 18 que compitieron.

Para ese entonces, Irad, padre, tenía una agencia hípica en el barrio Buen Consejo, en Río Piedras, y también trabajaba en la Administración de Rehabilitación Vocacional. En la actualidad, reside en la ciudad de Ocala, Florida, mientras que sus hijos también viven en Estados Unidos. Aun así, mantienen intacto el vínculo con Puerto Rico y con el sacrificio que los llevó a la cima del deporte.

“Considero que donde realmente estuvo la clave de todo esto es la disciplina de ellos dos, la crianza que les dimos sus padres y la ayuda que recibimos de sus abuelos maternos y paternos. Tenemos una familia unida y creo que el triunfo es compartido, tanto para papá y mamá como para los abuelos y los tíos”, sentenció.