“Es más que una medalla olímpica”: Mónica Puig y su mayor triunfo de vida, su hija Mila
La extenista boricua compartió con Primera Hora sus vivencias como mamá primeriza.

PUBLICIDAD
Con su pequeña Mila Alexandra en brazos, la vida de la olímpica boricua Mónica Puig encontró un ritmo distinto; más pausado, más íntimo y lleno de pequeños instantes que ahora cobran sentido.
Lejos del nerviosismo que experimentaba en las canchas, la extenista, de 32 años, ha descubierto en la maternidad una transformación basada en el amor y un sentimiento al que no le encuentra palabras para describir.
“Ha sido una nueva aventura... No sé con qué palabra describirlo, pero gracias a Dios ha sido algo muy bueno para mí y muy bueno en mi vida para bajar revoluciones un poquito, porque yo soy el tipo de persona que siempre está ”on the go" (activa). Mila me ha enseñado mucho a vivir en el momento, vivir en el presente y disfrutar la vida de otra manera", compartió Puig a Primera Hora en una conversación vía telefónica.
Relacionadas
Aunque no tiene quejas por las fases de crecimientos de Mila, de nueve meses de nacida, la transición no fue sencilla al inicio. Pasar de una vida estructurada en torno a entrenamientos como triatleta, maratonista y comentarista de ESPN a guiarse únicamente por las necesidades de una bebé implicó ciertos ajustes.
Aun así, lo describe como un proceso totalmente bonito.
“Honestamente, no me voy a quejar porque Mila ha sido superfácil. Uno nunca sabe, pero estos primeros nueve meses se han ido volando y ella ha sido una maravilla”, contó.
“Los primeros seis meses, obviamente es muy difícil tener que adaptar tanto las rutinas. Es pasar de tener tiempo libre y de repente tener que vivir por una persona que literalmente te necesita para todo”, agregó la madre primeriza.
Mónica menciona su paciencia -que antes entendía no tener- como uno de los mayores cambios que trajo su maternidad. Donde había planificación constante, ahora para Puig, hay espacio para lo inesperado.
“No era una persona muy paciente y ahora tengo que tomar las cosas más con calma. He notado cómo puedo disfrutar cosas chiquitas en la vida y celebrarlas, como cuando Mila descubre algo nuevo. Me lo disfruto mucho más”, manifestó la protagonista de la primera medalla de oro para Puerto Rico en unos Juegos Olímpicos.
A raíz de una carrera en el tenis, que concluyó en 2022 con su retiro, construida sobre la disciplina y la planificación, Puig reconoció que siempre vivió enfocada en lo que venía después; en el próximo torneo y el objetivo. Sin embargo, esa perspectiva cambió por completo.
“Yo no sabía cómo vivir tanto en el presente, sino siempre estaba mirando hacia el futuro, planificando todo y cuando uno se convierte en mamá, es muy difícil planificar las cosas, porque siempre hay una que otra que cambia. Uno tiene que adaptarse a cualquier cosa”, reflexionó.
“Me ama igual”
Mónica ha cambiado la forma en que se mira y se valora. Desde la llegada de Mila, la medallista olímpica de Río 2016 indicó que es muy poca la atención que le brinda a opiniones externas.
“He podido ver un cambio en mí, siendo más madura en que no me importa tanto la opinión de otra gente porque literalmente lo que más me importa y por lo que más vivo es la sonrisa de Mila cuando me ve a mí. Sé que puedo estar en pijama, sin maquillaje, el pelo por todos lados y ella me quiere y me ama igual que cuando yo estoy arreglada, es algo muy lindo”, pronunció.
Puig reconoció que no ha estado sola en el camino de ser mamá. Junto a su esposo, Nathan Rakitt, ha construido una dinámica de equipo basada en la complicidad.
“Nos ha unido más porque mucha gente dice y nos ha dicho ‘el padre no puede hacer tanto en esos primeros meses de vida de un bebé porque la mamá lacta y hace todo’, pero para nosotros ha sido lo opuesto”, relató Puig, quien contrajo matrimonio con Rakitt en el 2022.
“Nathan ha querido estar envuelto en todo, así que yo lactaba y sacaba leche. Y él quería darle el bibi y le cambiaba los pañales. Si yo me tenía que despertar a medianoche para lactar a Mila, él también se despertaba porque nos turnábamos en que yo le daba de comer, sacaba leche y él la ponía a dormir y le cambiaba el pañal”, destacó.
“Siempre estábamos pensando en el futuro, en lo que queremos hacer y ahora es todo por Mila”, continuó.
Actualmente, Rakitt trabaja a tiempo completo mientras ella permanece en su hogar con Mila. Pero al regresar de sus labores, Puig relató que Nathan se entrega por completo a su rol de padre. Mónica destacó lo especial que ha sido ver cuánto disfruta esa faceta. De hecho, desde que comenzaron a hablar sobre el tema de convertirse en padres, él ya mostraba una gran ilusión.
“Ha sido muy divertido ver también lo mucho que él ama ser un padre, y eso, en turno, me ha hecho enamorarme más de él”, aseguró la atleta.
El desafío
Entre la ternura y momentos para siempre -como cuando dijo “mamá” por primera vez- también conviven los retos. Puig continúa ligada al tenis desde la faceta de comentarista, lo que implica viajes y compromisos que la obligan a separarse temporalmente de su niña.
“El mayor reto especialmente es saber cómo puedo manejar y balancear la vida profesional con ser madre. Entiendo que muchas madres a veces se pierden porque se envuelven un montón en lo que es ser madre y a mí se me ha hecho bien difícil pensar en lo profesional, en irme de viaje y en ir a trabajar”, dijo.
Su cargada agenda arranca en los próximos días cuando vuele a la ciudad de París, Francia, para laboral con ESPN en el Roland Garros. Sus compromisos continúan en los headquarters de Wimbledon y el US Open.
Sus días intensos están pautados para culminar en septiembre después de ver acción en el Maratón de Berlín.
“Yo amo mi trabajo. Yo amo viajar. Yo amo todas las cosas, pero ahora estoy pensando que tengo a una persona que amo más todavía que el trabajo. Así que lo difícil es cómo que balancear el tiempo, a dónde la puedo llevar y cómo la puedo ver porque yo no quiero pasar mucho tiempo sin ella”, puntualizó.
Puig y Rakitt han logrado organizarse para cuidar de la niña cuando uno o el otro está fuera de la casa. En algunos casos, han logrado apoyarse en los padres de Nathan, que viven a unas dos horas de su casa en Atlanta, y en otras ocasiones en sus propios padres, que residen en Miami.
“Sobre cosas de que te faltan sueños y que si llora o no llora en realidad, estoy siendo muy honesta, se me ha hecho muy fácil porque es que yo la amo tanto. Cuando la gente me decía una madre ama a su hijo hasta al fin del mundo, yo no entendía hasta que vi a Mila por primera vez y yo doy mi vida por ella”, comentó Puig.
Mila no conoce Puerto Rico
Aunque aún no ha podido visitar la isla junto a su niña, Puig expresó su deseo de hacerlo pronto, idealmente, para las Navidades.
Entre los compromisos profesionales y la nueva rutina como madre, reconoció que el tiempo no siempre ha jugado a su favor.
“Quiero llevar a Mila y quiero pasar mucho tiempo en familia. Yo amo ir a Puerto Rico, así que lo tengo pendiente”, comentó.
Luego de pronunciar su intención de visitar la isla, Puig quiso dirigirse a otras madres y mujeres que contemplan la maternidad.
“A veces los días son largos y las noches también, pero tarde o temprano las cosas se ponen más fáciles y divertidas. Aunque es difícil adaptar tu vida a estas nuevas rutinas, ya cuando empiezan a interactuar con uno, cuando dan esa primera sonrisa, todo se pone un poco más divertido. Es algo bien lindo ser mamá”, sostuvo.
“Si hay algunas mujeres por ahí que están pensando ‘yo no sé si quiero ser madre’, es realmente la mejor cosa que me ha pasado en mi vida, más que una medalla olímpica, más que ser tenista profesional, más que todo en mi vida, ha sido la mayor bendición y no puedo imaginar mi vida sin ella”, sentenció la boricua.


