Sentir somnolencia después del almuerzo o la cena es una experiencia común y, según la ciencia, completamente normal.

Lejos de tratarse de pereza o falta de energía, este fenómeno responde a una combinación de procesos biológicos que se activan tras la ingesta de alimentos.

De acuerdo con la Fundación del Sueño de Estados Unidos, uno de los factores clave es el ritmo circadiano, conocido como el “reloj biológico”.

Este sistema regula funciones esenciales como el metabolismo, la temperatura corporal y la producción de hormonas a lo largo de un ciclo de 24 horas.

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Durante la tarde, las señales que favorecen el estado de vigilia disminuyen de forma natural. En paralelo, se reduce la liberación de hormonas asociadas a la alerta, lo que facilita la aparición del cansancio, incluso en personas que han dormido bien.

A este proceso se suma la respuesta del organismo a la digestión. Según explicó Tomonori Kishino, profesor de ciencias de la salud en la Kyorin University de Japón, citado por el portal “Perú Informa”, tras comer aumenta el flujo sanguíneo hacia el intestino delgado.

Este cambio podría reducir temporalmente el riego sanguíneo al cerebro, lo que contribuye a la sensación de sueño.

La influencia del tipo y la cantidad de comida

No solo el acto de comer influye, sino también qué y cuánto se consume. Investigaciones lideradas por William Ja en moscas de la fruta han mostrado que el tamaño de la comida y ciertos nutrientes, en especial la sal y las proteínas, pueden actuar como detonantes del sueño posterior a la ingesta.

Aunque el propio Ja aclaró que estos resultados no pueden trasladarse de forma directa a los humanos, estudios en personas sí han identificado patrones similares relacionados con la alimentación.

Diversas investigaciones señalan que los carbohidratos simples y los alimentos ricos en melatonina tienen mayor probabilidad de provocar cansancio.

El consumo de dulces, jugos azucarados o pan blanco eleva rápidamente el nivel de glucosa en sangre, seguido de una caída brusca, lo que aumenta la sensación de fatiga.

El mismo efecto se ha observado con otros alimentos de alto índice glucémico, como el arroz blanco, las pastas y los postres, que generan picos rápidos de azúcar en sangre y favorecen la somnolencia posterior.