En Puerto Rico, el sobrepeso y la obesidad son problemas que afectan a una gran parte de nuestra población, pero, a veces, las alternativas para trabajarlos pudieran ser confusas.

Aunque sabemos que existen diferentes estrategias que pueden ayudar a mejorar nuestra salud y bienestar, es importante educarnos de fuentes correctas para realizar las modificaciones adecuadas que vayan acorde a nuestra realidad de vida.

Las modificaciones recomendadas para trabajar esta enfermedad toman en consideración el estado clínico del paciente, su ambiente, cultura, preferencias personales, genética, antropometría, estilo de vida, medicamentos, entre otros factores. Trabajar cada uno de estos toma tiempo y mucho esfuerzo.

Si bien debemos realizar ciertos cambios en nuestra alimentación y estilo de vida, estos cambios no deben generar culpa, estrés, ansiedad o una preocupación mayor por la eliminación o restricción extrema y definitiva de ciertos alimentos. Este proceso debe ser llevadero, amigable, realista y responsable.

Estas características no las tienen las dietas novedosas o como mejor se les conoce en inglés: fad diets. Estas dietas no tienen una base científica, sino que han ganado popularidad por su propuesta de fácil solución a la obesidad. Según el artículo de Tahreem et al. (2022), las dietas novedosas se caracterizan por prometer una pérdida de peso rápida, ausencia de guías sobre actividad física, promoción de cambios a corto plazo en vez de desarrollar objetivos sostenibles para toda la vida. Se enfocan en un tipo de alimento o eliminan un grupo de alimento por completo, no son sostenibles de por vida. Su idoneidad nutricional es cuestionable, no proporcionan advertencias de salud para la población con enfermedades crónicas y carecen de evidencia científica que sustente sus aseveraciones.

Algunas de estas dietas son:

Ayuno intermitente

Se destaca por restringir la ingesta de comida de cualquier tipo por un tiempo en específico y solo comer durante las horas establecidas, periodo conocido como “ventana de alimentación”.

Los tipos de ayuno más comunes son 16/8 (comer en tiempo restringido), 5:2 (ayuno en días alternos) y modificado 5:2 (ingesta de hasta un 40 % del total diario).

El ayuno se ha popularizado por el mantenimiento del peso corporal, el posible control del apetito y la reducción de los factores de riesgo asociados a la salud cardiovascular y metabólica. Sin embargo, la evidencia científica es mixta en cuanto a sus resultados y se han reportado efectos adversos, tales como dolor de cabeza, sensación de mareo y hambre marcada.

Estudios comparativos entre el ayuno intermitente y la restricción calórica continua no han encontrado diferencias significativas de un método sobre el otro en cuanto a la pérdida de peso.

Desde la perspectiva profesional, se recomienda que toda modificación de alimentación que vaya a realizar el paciente sea consultada con un profesional de la salud debidamente licenciado como un nutricionista-dietista, pues las restricciones dietarias prolongadas pueden generar deficiencias nutricionales y consecuencias de salud a largo plazo.

Dieta cetogénica (Keto Diet)

Se caracteriza por su alto contenido en grasas y muy bajo contenido en carbohidratos. Actualmente, la literatura científica ha encontrado hallazgos significativos sobre su uso en la población pediátrica con epilepsia, por lo que no deberían generalizarse estos resultados a otras poblaciones.

Por otro lado, a pesar de su eficacia en la pérdida de peso rápida, los estudios no han encontrado que sea superior a otras dietas en cuanto a seguridad, efectividad y sustentabilidad (O’Neill & Raggi, 2019). Algunos estudios han presentado un aumento negativo en el perfil lipídico, menor densidad mineral ósea y piedras renales (Tahreem et al., 2022).

Al igual que otras dietas mencionadas, limitar drásticamente algunos grupos de alimentos pudiera llevar al desarrollo de deficiencias nutricionales. La restricción continua y significativa de varios grupos de alimentos es contraproducente a largo plazo. Si deseas realizar ciertos cambios en tu alimentación, debes ser evaluado por un profesional licenciado en este campo.

Dieta vegetariana

Las dietas vegetarianas y veganas tienen en común la restricción de fuentes de proteínas provenientes de la carne. Existen varias categorías como la lacto-ovo-vegetariana, que permite el consumo de productos lácteos y huevo; la lacto-vegetariana, que permite el consumo de productos lácteos, pero no huevos, entre otros; y la vegana que no permite el consumo de miel, productos lácteos, huevo y carne.

Algunos patrones de alimentación también están atados a ciertas creencias y motivaciones éticas o culturales, lo cual modifica aún más las subcategorías de las dietas vegetarianas. A pesar de que este estilo de alimentación se ha asociado con un menor riesgo cardiometabólico y que tiene un efecto protector de cáncer de próstata (que tal vez pudiera deberse al ser una dieta alta en fibra) (Tahreem et al., 2022)., la dieta vegetariana no es una herramienta centrada en la pérdida de peso, sino un estilo de alimentación.

Los pacientes que siguen una dieta vegetariana presentan un riesgo mayor de fracturas por la baja densidad mineral ósea y deficiencias nutricionales —como la B12— ya que las plantas no proveen este nutriente. Por lo tanto, se deben analizar los riesgos en comparación con los beneficios e individualizar las recomendaciones dietarias.

Dietas detox

Prometen una pérdida de peso a corto plazo. Usualmente están compuestas de líquidos, productos de baja densidad nutricional y pobre aportación de calorías. Se mercadean como productos de detoxificación con el fin de eliminar toxinas, manejar el peso y promover la salud. Sin embargo, muchos de estos productos han fallado en explicar o validar su mecanismo de eliminación de toxinas. Además, los productos detox no están regulados, por lo que no tenemos certeza de los ingredientes y las cantidades utilizadas en estos.

Al momento, no existe evidencia clínica significativa que confirme o niegue la efectividad de esta dieta en cuanto al manejo de peso. Este tipo de dieta induce estrés, aumenta los niveles de cortisol y el apetito, dificultando la pérdida de peso y, a largo plazo, genera frustración en el paciente que no tiene resultados sostenibles.

La autora es nutricionista-dietista clínica y deportiva. Para citas, escribe a nutricardn@gmail.com o llama al 787-484-0203.