Cuando una mujer acude a su visita anual con el ginecólogo, suele pensar en la prueba de Papanicolaou, la mamografía, la menopausia o los cambios hormonales propios de la edad. Sin embargo, pocas imaginan que esa misma consulta también puede ser una oportunidad para hablar sobre otro enemigo silencioso que continúa en aumento, el cáncer de piel. Ahora bien, me imagino que te preguntas: ¿Por qué un ginecólogo escribe sobre esta enfermedad? Porque la salud de la mujer va mucho más allá de la salud reproductiva. Nuestro compromiso es promover el bienestar integral de nuestras pacientes, y eso incluye recordarles la importancia de cuidar el órgano más extenso del cuerpo, la piel.

El doctor José Álvarez- Romagosa es ginecólogo obstetra, miembro de los  Latin Doctors y colaborador de MCS.
El doctor José Álvarez- Romagosa es ginecólogo obstetra, miembro de los Latin Doctors y colaborador de MCS. (Suministrada)

Después de los 40 años comienzan a hacerse evidentes los efectos de décadas de exposición al sol. Muchas mujeres observan la aparición de manchas, pérdida de elasticidad y arrugas, pero pocas reconocen que esos mismos rayos solares también pueden producir alteraciones celulares que, con el paso del tiempo, evolucionen hacia un cáncer de piel. Conducir diariamente, caminar al aire libre, practicar deportes, trabajar en exteriores o llevar a cabo actividades recreativas representan años de exposición acumulativa a la radiación ultravioleta. Es precisamente esa exposición repetitiva la que aumenta el riesgo de desarrollar lesiones precancerosas y cáncer de piel. Un error frecuente es pensar que el cáncer de piel solamente aparece en zonas expuestas al sol. La realidad es que puede desarrollarse debajo de las uñas, en las plantas de los pies, las palmas de las manos, el cuero cabelludo e incluso en la región genital. Por esa razón, ningún cambio en la piel debe pasarse por alto.

En las mujeres existe un dato particularmente interesante: mientras en los hombres el melanoma aparece con mayor frecuencia en la espalda y el tronco, en ellas es común encontrarlo en las piernas. Este detalle nos demuestra la importancia de examinar toda la superficie corporal y no únicamente las áreas más visibles.

Los tres tipos más frecuentes son el carcinoma basocelular, el carcinoma de células escamosas y el melanoma. Los dos primeros suelen crecer lentamente y, cuando se detectan temprano, tienen excelentes tasas de curación. El melanoma, aunque menos frecuente, representa la forma más agresiva y potencialmente mortal debido a su capacidad para propagarse rápidamente hacia otros órganos.

Uno de los mensajes más importantes es aprender a observar su propia piel. Un lunar que cambia de tamaño, color o forma nunca debe ignorarse. Lo mismo ocurre con una lesión que sangra con facilidad, una costra que no cicatriza o una mancha nueva que continúa creciendo con el paso de las semanas.

Existe una herramienta sencilla que puede ayudar a identificar lesiones sospechosas: la regla ABCDE del melanoma. La A corresponde a la asimetría; la B, a bordes irregulares; la C, a la presencia de colores diferentes dentro de una misma lesión; la D, a un diámetro mayor de seis milímetros; y la E, a la evolución, es decir, cualquier cambio observado con el tiempo. Ante cualquiera de estas señales, la evaluación por un dermatólogo debe realizarse lo antes posible.

La buena noticia es que el cáncer de piel es uno de los tumores más prevenibles. La protección comienza con hábitos sencillos que deberían formar parte de la rutina diaria. El uso de protector solar de amplio espectro con un factor de protección de al menos 30 no debe reservarse para las vacaciones o los días de playa. Debe utilizarse todos los días del año, incluso cuando está nublado, ya que los rayos ultravioletas atraviesan las nubes y continúan produciendo daño.

También es recomendable utilizar sombreros de ala ancha, gafas con protección ultravioleta, ropa adecuada cuando sea posible y evitar la exposición solar entre las 10:00 de la mañana y las 4:00 de la tarde, período en el que la radiación alcanza sus niveles más intensos. Estas son medidas simples, pero respaldadas por sólida evidencia científica.

Las mujeres con piel clara, numerosos lunares, antecedentes familiares de melanoma o antecedentes personales de cáncer de piel requieren una vigilancia aún más estricta. En ellas, las evaluaciones periódicas con el dermatólogo son una herramienta superimportante para detectar lesiones antes de que representen un problema mayor.

Como ginecólogo, estoy convencido de que la prevención sigue siendo la mejor medicina. Así como insistimos en la importancia de la mamografía, el Papanicolaou, la vacunación y un estilo de vida saludable, también debemos incorporar el cuidado de la piel como parte de la salud femenina.

Mi invitación es sencilla: la prevención siempre será el mejor tratamiento, conozca su piel, protégela diariamente y consulte a tiempo cualquier cambio sospechoso. Un examen que toma apenas unos minutos puede marcar la diferencia entre un procedimiento sencillo en el consultorio y una enfermedad que amenace la vida.