Hipertensión arterial: El enemigo silencioso que más vidas cobra
Aunque suele no presentar síntomas, la hipertensión es el principal factor de riesgo cardiovascular en Puerto Rico y el mundo

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La enfermedad cardiovascular continúa siendo la principal causa de muerte tanto en Puerto Rico como en el resto del mundo. Existen múltiples factores que predisponen al desarrollo de esta afección, muchos de ellos modificables. Entre los más importantes se encuentran la diabetes, la hiperlipidemia, una dieta poco saludable, el sobrepeso, el hábito de fumar, el sedentarismo, el estrés psicosocial y la hipertensión arterial.

De todos estos factores, la hipertensión arterial es la que más muertes causa a nivel mundial. Esto se debe, en gran parte, a que suele pasar desapercibida durante años, causando daño progresivo al corazón, los riñones, el cerebro y las arterias sin producir síntomas evidentes. Cuando no se detecta ni se trata, la hipertensión puede manifestarse súbitamente con eventos graves, como un derrame cerebral o un infarto al corazón.
Según datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés), cerca de la mitad de los adultos en Estados Unidos padecen hipertensión arterial y se estima que aproximadamente 1 de cada 4 personas con hipertensión no sabe que la tiene. Esta realidad convierte la hipertensión en un verdadero “enemigo silencioso”, ya que la mayoría de los pacientes se sienten bien mientras el daño ocurre de forma gradual. Aunque con el paso de los años es más frecuente, la hipertensión también puede presentarse en adultos jóvenes.
Precisamente por esta razón, las visitas médicas de rutina son fundamentales. En muchos casos, el diagnóstico de hipertensión se realiza durante una evaluación regular, aun cuando el paciente no presenta síntomas. La presión arterial se clasifica actualmente en varias categorías (ver tabla): presión normal, presión elevada, hipertensión estadio uno (1) e hipertensión estadio dos (2), según los valores obtenidos en múltiples mediciones.

Cuando la presión arterial produce síntomas —lo cual no es lo más común—, los pacientes pueden experimentar dolores de cabeza frecuentes, sensación de cansancio o fatiga excesiva, mareos, palpitaciones o malestar general. Sin embargo, la ausencia de síntomas no significa que la persona no tenga la enfermedad. La presencia de estos síntomas, especialmente si son recurrentes, debe motivar al paciente a consultar con su médico, pues podrían estar relacionados con la hipertensión arterial u otras enfermedades que requieran evaluación.
Es importante aclarar que no todo paciente diagnosticado con presión arterial elevada o hipertensión necesariamente requerirá medicamentos de inmediato. En muchos casos, el primer paso consiste en modificar el estilo de vida. Entre los más efectivos se encuentran reducir el consumo de sodio en la dieta, perder peso cuando existe sobrepeso u obesidad, realizar actividad física de forma regular, aumentar el consumo de frutas y vegetales ricos en potasio (siempre que no exista enfermedad renal que lo contraindique), limitar el consumo de alcohol y manejar adecuadamente el estrés. Cuando el manejo incluye medicamentos, tomarlos de forma consistente es fundamental para lograr un buen control.
Además de estos cambios, el monitoreo de la presión arterial en el hogar desempeña un papel clave. Medir correctamente la presión permite obtener valores más representativos de la vida diaria del paciente. Para una medición adecuada, se recomienda estar sentado, en reposo, durante tres a cinco minutos, con los pies apoyados en el suelo, sin cruzar las piernas y sin hablar durante la medición. El brazalete debe colocarse y ajustarse correctamente en el brazo, aproximadamente uno o dos centímetros por encima del pliegue del codo. No se debe medir la presión inmediatamente después de fumar o comer, ni con la vejiga llena; idealmente, se debe esperar al menos 30 minutos.
Llevar una bitácora de estas mediciones y compartirla con el médico ayuda a tomar decisiones más precisas, ya que un valor aislado en la oficina no siempre refleja el comportamiento real de la presión arterial fuera del entorno clínico.
Los pacientes con presión arterial elevada suelen manejarse inicialmente mediante cambios en el estilo de vida y un seguimiento cercano. Aquellos con hipertensión en estadio 1 pueden beneficiarse de un tratamiento farmacológico temprano si existen enfermedades asociadas o evidencia de daño a órganos. En el caso de la hipertensión en estadio 2, con frecuencia se requiere el uso de uno o más medicamentos, según lo determine el médico tratante.
Finalmente, como cardiólogo, siempre trato de transmitir a mis pacientes un mensaje de esperanza: en muchos casos, los cambios en el estilo de vida pueden lograr que la presión arterial se normalice, incluso permitiendo reducir o suspender medicamentos bajo supervisión médica. Detectar y tratar la hipertensión a tiempo ayuda a reducir el riesgo de complicaciones cardiovasculares a corto y largo plazo y se asocia con una vida más larga y saludable.
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