Cuando pensamos en influenza, probablemente imaginamos fiebre, tos, dolor de garganta, dolores musculares y varios días de descanso. Para muchas personas, ese será el curso de la enfermedad. Sin embargo, la evidencia científica nos invita a mirarla desde una perspectiva más amplia: no es exclusivamente una infección respiratoria y sus efectos pueden extenderse a otros sistemas del organismo, incluyendo el cardiovascular.

El doctor Eric Adler es cirujano plástico facial, miembro de los Latin Doctors y colaborador de MCS.
El doctor Eric Adler es cirujano plástico facial, miembro de los Latin Doctors y colaborador de MCS. (Suministrada)

Esto es particularmente importante porque podemos sentirnos recuperados una vez desaparecen la fiebre y el malestar, mientras nuestro organismo todavía responde a los efectos de la infección.

Un metaanálisis publicado en 2025 en Virus Research, que evaluó 17 estudios, encontró una asociación significativa entre la influenza y el infarto agudo del miocardio. Uno de los hallazgos más relevantes fue el momento en que se concentró el riesgo: aumentó marcadamente durante la primera semana después de la infección y alcanzó su punto más alto durante los primeros tres días.

Otro análisis publicado en Cardiovascular Research encontró evidencia de que la influenza puede actuar como desencadenante de eventos cardiovasculares agudos. Los investigadores reportaron un aumento en la incidencia de infarto y una asociación con mayor riesgo de accidente cerebrovascular durante las primeras semanas posteriores a la infección.

Estos hallazgos no significan que una persona que contraiga influenza necesariamente sufrirá un evento cardiovascular. Nos indican que existe un periodo de mayor vulnerabilidad que merece atención, particularmente en personas con factores de riesgo.

¿Qué tiene que ver una infección respiratoria con el corazón?

Cuando combatimos la influenza, nuestro sistema inmunitario genera una respuesta inflamatoria. Aunque es parte del mecanismo natural de defensa, esta respuesta puede producir cambios que aumentan temporalmente el estrés cardiovascular, incluyendo mayor demanda de oxígeno del corazón y alteraciones relacionadas con la coagulación y estabilidad de las placas de aterosclerosis.

Por ello, las personas con enfermedad cardiovascular, hipertensión, diabetes, obesidad, edad avanzada u otros factores de riesgo requieren especial atención.

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) también reconocen que la influenza puede provocar complicaciones fuera del sistema respiratorio, incluyendo miocarditis, exacerbación de insuficiencia cardiaca y eventos como infarto y accidente cerebrovascular. Además, puede ocasionar neumonía, deshidratación, sepsis y, en los casos más graves, insuficiencia respiratoria o fallo multiorgánico.

Desde la perspectiva quirúrgica

Como cirujano, este tema adquiere otra dimensión. Una intervención quirúrgica representa un estrés fisiológico para el organismo. Por eso, antes de una cirugía no evaluamos únicamente el área que vamos a intervenir: necesitamos conocer el estado general del paciente y cualquier condición reciente que pueda influir en su recuperación.

Una infección activa o reciente puede ser relevante.

Después de una influenza pueden persistir la inflamación, la debilidad, la deshidratación o los síntomas respiratorios aun cuando el paciente sienta que “ya está bien”. Por ello, es importante informar al cirujano y al equipo médico sobre una influenza reciente, especialmente antes de un procedimiento. Esto no significa que toda cirugía deba posponerse; la decisión dependerá de la condición del paciente, la severidad de la infección, sus factores de riesgo y el tipo y urgencia del procedimiento.

Prevenir también es proteger el corazón

La vacunación anual continúa siendo una herramienta fundamental para reducir el riesgo de influenza y sus complicaciones. Los CDC señalan que la vacunación se ha asociado con menores tasas de algunos eventos cardiovasculares entre personas con enfermedad cardiaca.

Para quienes pertenecen a grupos de alto riesgo, buscar atención médica temprana también es importante. El tratamiento antiviral, cuando está indicado y se inicia oportunamente, puede reducir la duración de la enfermedad y algunas de sus complicaciones. Quizás el mensaje más importante sea cambiar nuestra percepción de la influenza.

No siempre termina cuando desaparece la fiebre.

La evidencia continúa demostrando que una infección respiratoria puede generar efectos más allá de los pulmones. Reconocerlos no debe generar alarma, sino conciencia. Conocer nuestros factores de riesgo, vacunarnos, escuchar al cuerpo y buscar atención médica ante dolor u opresión en el pecho, dificultad para respirar u otros síntomas preocupantes puede hacer una diferencia.

Porque protegernos de la influenza no significa solamente proteger nuestros pulmones. También puede ser una manera de proteger nuestro corazón y nuestra salud integral.