Menopausia y corazón: cómo los cambios hormonales afectan tu salud cardiovascular
Tras la disminución del estrógeno, el riesgo cardiovascular en la mujer aumenta de forma significativa, aunque existen medidas para reducirlo

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La menopausia es un proceso natural en la vida de una mujer. El promedio de edad en que ocurre es de 51 años, pero puede comenzar tan temprano como a los 40. Pero a estas mujeres les sucede algo más que no pueden ver ni sentir, o que ni siquiera saben: sus riesgos de enfermedad cardiovascular están aumentando.

Después de la menopausia, el riesgo de enfermedad cardiovascular aumenta significativamente. Esto ocurre como resultado de cambios hormonales que influyen en el metabolismo, los vasos sanguíneos y la distribución de la grasa corporal. Los bajos niveles de estrógeno y otros cambios biológicos que ocurren en las mujeres menopáusicas están asociados con un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular, osteoporosis, diabetes tipo 2 y demencia. El riesgo de un infarto cardíaco, según algunos estudios, puede aumentar hasta un 27 % durante el primer año de la menopausia.
La enfermedad cardíaca es la causa principal de muerte entre las mujeres en los Estados Unidos. Sin embargo, las mujeres no están conscientes de su riesgo de enfermedad cardíaca, que tiene más probabilidades de causarles la muerte que todas las demás formas de cáncer sumadas.
El papel del estrógeno en el sistema cardiovascular
Durante los años reproductivos, el estrógeno ejerce funciones protectoras sobre el sistema cardiovascular. Esta hormona ayuda a mantener los vasos sanguíneos flexibles, favorece niveles saludables de colesterol y contribuye a un mejor control de la presión arterial. Cuando llega la menopausia, los niveles de estrógeno disminuyen de forma marcada. Esta reducción elimina parte de esa protección natural, lo que facilita la aparición de cambios que aumentan el riesgo de enfermedad cardíaca.
Aumento de lípidos en la sangre
Uno de los efectos más notables de la menopausia es el aumento de los niveles de colesterol en sangre. Los estrógenos pueden reducir los niveles de colesterol LDL (colesterol malo) y aumentar los de colesterol HDL (colesterol bueno). Esta acción protectora se pierde con la disminución de los niveles de estrógeno, lo que aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares, como la aterosclerosis, que es el endurecimiento y estrechamiento de las arterias debido a la acumulación de placa.
Cambios en los vasos sanguíneos
Los estrógenos tienen un efecto vasodilatador; en otras palabras, ayudan a mantener la presión arterial en niveles saludables. Con la disminución de los niveles de estrógeno, los vasos sanguíneos pueden volverse menos flexibles, lo que aumenta la presión arterial y el riesgo de hipertensión. La hipertensión es uno de los principales factores de riesgo de infartos y accidentes cerebrovasculares, y muchas mujeres desarrollan presión arterial alta por primera vez durante o después de la menopausia.
Aumento de peso y grasa corporal
Muchas mujeres experimentan un aumento de peso y una redistribución de la grasa corporal hacia el abdomen, lo que se asocia con un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares. Las mujeres posmenopáusicas tienden a aumentar de peso desde el primer año de la menopausia. Se han observado aumentos significativos en el peso corporal de aproximadamente 12 libras durante los primeros 36 meses de la menopausia. El aumento de peso y la obesidad pueden contribuir a la hipertensión, la diabetes tipo 2 y la resistencia a la insulina, todos ellos factores de riesgo de enfermedades cardíacas.
¿Qué puedo hacer para disminuir el riesgo?
El aumento del riesgo cardiovascular tras la menopausia no es inevitable. Hay múltiples medidas que pueden reducirlo de forma significativa.
l Las formas más efectivas de prevenir la enfermedad cardíaca incluyen no fumar, realizar una actividad física regular, seguir una dieta saludable, mantener un peso saludable, dormir suficientemente y mantener bajo control los niveles de colesterol, presión arterial y glucosa en sangre.
l El aumento de la actividad física es probablemente el factor más importante para la buena salud porque reduce el riesgo de enfermedad cardíaca, derrame cerebral, presión arterial alta, diabetes tipo 2 y cáncer, además de mejorar la salud ósea, el control del peso, el sueño y la salud mental.
¿Y la terapia hormonal? Lo que dice la evidencia actual
Puede aliviar síntomas como los sofocos y la sequedad vaginal, pero su relación con la salud cardiovascular depende de la edad, del momento de inicio y del perfil de riesgo individual. No es un tratamiento universal para prevenir la enfermedad cardíaca. Más allá de su conocido papel en el alivio de los sofocos, las sudoraciones nocturnas y los cambios de ánimo, cuando se utiliza adecuadamente y bajo supervisión médica, la TRH puede ofrecer beneficios importantes para el corazón y los vasos sanguíneos, especialmente en mujeres recién menopáusicas.
Estudios más recientes han demostrado que la TRH iniciada tempranamente se asocia con:
- Mejora del perfil de colesterol, con aumento del HDL (“colesterol bueno”) y reducción del LDL (“colesterol malo”).
- Disminución de la resistencia a la insulina y mejor control metabólico.
- Reducción de la rigidez arterial y mejoría de la función de los vasos sanguíneos.
Las formulaciones modernas de TRH, especialmente las transdérmicas, tienen un menor impacto sobre la coagulación y reducen el riesgo de trombosis en comparación con las formas orales. La evidencia muestra que, cuando se inicia cerca del comienzo de la menopausia, la TRH puede reducir la mortalidad en torno al 39 % y disminuir los eventos coronarios en un 32 %. Otros estudios observacionales también han encontrado reducciones importantes: hasta un 54 % menos de riesgo de muerte coronaria y un 39 % menos de riesgo de accidente cerebrovascular en usuarias con uso prolongado. En general, los beneficios cardiovasculares son mayores cuando la terapia se inicia antes de los 60 años o en los primeros 10 años tras el inicio de la menopausia.
La menopausia incrementa notablemente el riesgo de enfermedad cardiovascular debido a la disminución de los estrógenos, lo que afecta la presión arterial, eleva el colesterol, altera la función de los vasos sanguíneos y favorece el aumento y la redistribución de la grasa corporal. Aunque la terapia de reemplazo hormonal (TRH) no es un tratamiento cardiovascular por sí misma, cuando se utiliza de manera individualizada puede reducir significativamente el riesgo de eventos coronarios y la mortalidad —entre un 30 % y más del 50 %— en mujeres posmenopáusicas. Es importante consultar a un especialista antes de iniciar cualquier tipo de terapia hormonal.

