Desde un punto de vista biológico, el envejecimiento es el resultado de la acumulación de una gran variedad de daños moleculares y celulares a lo largo del tiempo, lo que lleva a un descenso gradual de las capacidades físicas y mentales, a un mayor riesgo de enfermedad y, en última instancia, a la muerte. Por supuesto, existe variabilidad en el envejecimiento por individuo, ya que se dan interacciones entre factores de herencia o genéticos, exposición ambiental y en el modo en que cada persona enfrenta estos cambios.

No todo es pérdida o negativo en la vejez. Debemos romper estereotipos negativos como los son relacionar la vejez con enfermedad o con no poder hacer actividades nuevas o divertidas. Estos conceptos discriminan socialmente a los mayores y acaban siendo perjudiciales.

En un momento en el que la expectativa de vida —que media en los 82 años— está aumentando a nivel mundial y se calcula que, para el 2050, una cuarta parte de la población será mayor de 60 años, debemos de ver a nuestros viejos (esta es la palabra correcta, ya que envejecientes somos todos, pues es un proceso continuo) como personas útiles, con diferentes capacidades y talentos, siendo muchos de ellos profesionales retirados.

Generalmente, la mayoría de los abuelos o personas mayores ayudan voluntariamente a sus familias, mediante el cuidado de los niños o de otros viejos. Este trabajo lo hacen de forma voluntaria y suele ser no remunerado, pero produce sentimientos de utilidad y ayuda mucho a reducir la carga del día a día de los familiares, por lo que es importante reconocerles.

Ellos tienen necesidad de afecto y cariño, debido a las pérdidas típicas de la etapa como disminución de la visión, de la audición, de la memoria o de personas allegadas. Sentirse escuchados y queridos evita el aislamiento y aumenta la autoestima. Esto va a generar mejores relaciones y la posibilidad de resolver conflictos, puesto que se sentirán respetados y comprendidos, provocando empatía, ayudando a que no se sientan solos y aumentando su autoestima porque se les hace partícipe de un grupo social tan importante como es el familiar.

Sabemos que cada cual afrontará el envejecimiento de manera distinta. Tanto los familiares como la persona mayor deben asumir esta pérdida de capacidades como algo natural —como parte del proceso de vivir—, pero nunca como algo negativo. Aceptar los cambios que se producen en el envejecimiento, aunque puede ser difícil, ayuda a enfrentar la situación y a adaptarnos a los nuevos roles que se adquieren, pues se pueden seguir haciendo actividades de utilidad. Podemos verlo como una oportunidad para desarrollar el crecimiento personal con actividades de lectura o de música. Además, es una oportunidad para pasar tiempo con los seres queridos y de compartir la sabiduría adquirida por sus experiencias. Perdonar y ser agradecidos por cada día, que es un presente, es una nueva oportunidad de ser de bendición para otros y de vivir nuevas experiencias. Esto propicia una perspectiva positiva y de esperanza que genera nuevas fuerzas, especialmente si cultivamos la espiritualidad.

Debemos fomentar la creatividad y la socialización de nuestros viejos, valorar su aportación, ya sea a nivel profesional -pasada o presente-, o familiar, porque, definitivamente, son nuestra base. Promovamos su autonomía, su bienestar y una mejor calidad de vida, esto redundará en una sociedad más equilibrada, más sana y feliz. Después de todo, la longevidad es un privilegio.

La doctora Eileen Ortega Mercado es geriatra y una de las directoras médicas de MCS.

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