Enero se reconoce como el Mes de la Salud Visual, una oportunidad clave para reflexionar sobre la importancia del cuidado de nuestros ojos y cómo múltiples factores, muchos de ellos prevenibles, influyen en el desarrollo de diversas condiciones visuales. La visión no solo nos permite interpretar el mundo que nos rodea, sino que también es esencial para la independencia, la seguridad y la calidad de vida a lo largo de todas las etapas de la existencia. Sin embargo, muchas personas desconocen que detrás de síntomas aparentemente simples, como visión borrosa, ardor ocular o sensibilidad a la luz, pueden existir causas médicas, ambientales o sistémicas que requieren atención profesional.

Entre las condiciones visuales más comunes se encuentran las cataratas, el ojo seco, el glaucoma, la degeneración macular relacionada con la edad y los errores refractivos como la miopía, la hipermetropía y el astigmatismo. Aunque cada una presenta manifestaciones distintas, comprender sus causas es el primer paso para prevenirlas, diagnosticarlas a tiempo y tratarlas adecuadamente.

Las cataratas, por ejemplo, se caracterizan por la opacidad progresiva del cristalino, lo que provoca visión nublada, dificultad para ver de noche y sensibilidad al resplandor. Aunque el envejecimiento es su causa principal, la exposición prolongada a la radiación ultravioleta (UV) del sol es un factor determinante que a menudo se pasa por alto, especialmente en climas tropicales como el de Puerto Rico. El uso consistente de gafas con protección UV, gorras o sombreros, así como el control de condiciones como la diabetes y la abstención del tabaquismo, pueden reducir significativamente el riesgo. Cuando las cataratas avanzan, el tratamiento quirúrgico suele ser altamente eficaz y seguro.

Otra condición frecuente es el síndrome de ojo seco, que ocurre cuando las lágrimas no lubrican adecuadamente la superficie ocular. Aunque puede asociarse al envejecimiento o al uso prolongado de pantallas digitales, también puede ser consecuencia de condiciones autoinmunes como el síndrome de Sjögren, trastornos tiroideos o ciertos medicamentos. Los síntomas incluyen ardor, sensación de arena, enrojecimiento y visión fluctuante. El manejo depende de la causa e incluye desde lágrimas artificiales y cambios en el entorno hasta tratamientos médicos más especializados cuando existe una condición sistémica subyacente.

El glaucoma, por su parte, es conocido como el “ladrón silencioso de la visión”, ya que suele progresar sin síntomas evidentes hasta alcanzar etapas avanzadas. Su causa más común es el aumento de la presión intraocular, que daña gradualmente el nervio óptico. Factores como antecedentes familiares, edad avanzada, hipertensión, diabetes y el uso prolongado de esteroides aumentan el riesgo. La detección temprana mediante exámenes oftalmológicos regulares es crucial, ya que el daño visual es irreversible, pero puede detenerse o ralentizarse con medicamentos, láser o cirugía.

La degeneración macular relacionada con la edad (DMRE) afecta la mácula, la parte central de la retina responsable de la visión fina y detallada. Esta condición dificulta actividades como leer, reconocer rostros o conducir. Entre sus principales causas se encuentran el envejecimiento, la genética, el tabaquismo y una dieta pobre en antioxidantes. La prevención incluye una alimentación balanceada rica en vegetales de hoja verde, pescado y frutas, así como el control de factores cardiovasculares. Existen tratamientos que pueden ayudar a frenar su progresión, especialmente cuando se diagnostica a tiempo.

Finalmente, los errores refractivos como miopía, hipermetropía y astigmatismo son las causas más comunes de visión borrosa en niños y adultos. Aunque tienen un componente hereditario, el aumento del tiempo frente a pantallas y la disminución de las actividades al aire libre se han asociado con un incremento de su prevalencia, especialmente en la población pediátrica. El uso de espejuelos, lentes de contacto o procedimientos quirúrgicos pueden corregir eficazmente estas condiciones, siempre bajo la evaluación profesional.

Cuidar la salud visual va más allá de ver bien: implica adoptar hábitos preventivos como proteger los ojos del sol, mantener una dieta saludable, manejar condiciones crónicas, limitar el tiempo frente a pantallas y realizar evaluaciones oftalmológicas periódicas. En este Mes de la Salud Visual, el llamado es claro: conocer las causas de las condiciones visuales más comunes nos empodera para tomar decisiones informadas, proteger nuestra visión y preservar nuestra calidad de vida a largo plazo. En MCS queremos que estés saludable. Si notas alguno de los síntomas aquí mencionados, no olvides visitar a tu médico para atender cualquier situación que pueda afectar tu visión.