Todas sabemos que la leche es un alimento completo y que es indispensable para la salud de nuestros huesos y dientes. Sin embargo, muchas de nosotras desconocemos los múltiples usos de la leche en nuestra rutina de belleza. Desde mascarillas y exfoliadores para la piel hasta acondicionadores para el cabello, existen numerosos remedios caseros cuyo ingrediente principal es la leche. 

Los expertos en belleza prefieren usar leche cruda –es decir, leche que no ha sido pasteurizada– porque tiene todos sus nutrientes íntegros. No obstante, como no todas tenemos acceso a ese tipo de leche, en su defecto nos recomiendan usar leche entera (con 3.5% de grasa), que no sea ni parcialmente desnatada ni desnatada. De hecho, si puedes usar crema de leche, suero de leche (buttermilk), crema agria (sour cream) o yogur, ¡mucho mejor! Mientras más cremoso y espeso sea el producto, mayores serán sus beneficios.

Por otro lado, si bien en algunos portales de Internet encuentras consejos de belleza que contemplan el uso de leche de coco, de arroz, de almendras o hasta de soja, la realidad es que la mayoría sigue prefiriendo la leche de vaca, de cabra –particularmente porque su pH es muy similar al de la piel humana– o de oveja para todos los remedios que compartimos contigo hoy.

¡Ah!, y si no acostumbras a consumir leche, no te preocupes.  Para que no la desperdicies, en lugar de leche fresca, puedes usar leche en polvo, siempre y cuando sea leche entera. 

Un poco de historia 

El uso de la leche en rutinas de belleza no es nada nuevo. Dicen que Cleopatra, la última faraona del Egipto Antiguo poseía una piel increíblemente tersa, lozana y radiante porque se bañaba exclusivamente con leche de burra. De hecho, cuentan las leyendas que en sus establos siempre tenía por lo menos 700 burras para poder sumergirse diariamente en abundante leche.

Pero, Cleopatra no fue la única que confió en la leche de burra para preservar su hermosura. De acuerdo con el historiador Plinio el Mayor, Poppaea Sabina, la segunda esposa del emperador romano Nerón también la usaba para sus baños porque así preservaba la blancura de su piel, a la vez que combatía las arrugas y las manchas. Otra que utilizó el mismo remedio en la antigüedad fue Valeria Messalina, esposa del emperador Claudio I, quien se ponía mascarillas de rebanadas de pan mojadas en leche de burra.

En los 1800, Pauline Bonaparte, hermana del emperador Napoleón, era muy criticada por gastar cuantiosas sumas en obtener leche de burras para bañarse. 

Pero, que conste, que las mujeres no fuimos las únicas. En 1515, y por consejo de un médico de Constantinopla, Francisco I, rey de Francia se bañaba con leche de burras para preservar su salud. Más adelante, en los 1700, el militar Armand de Vignerot du Plessis no solo se bañaba con leche de burra… sino que le seguía sacando provecho porque, luego de usarla, se la vendía a los pobres.

Piel lozana

Sola o mezclada con otros ingredientes naturales, puedes usar la leche (de vaca, de cabra o de oveja) para embellecer tu piel. A continuación, algunos de sus muchos usos. En todos los casos, hablamos de leche entera o sea, que no sea baja en grasa:

Limpiar y tonificar

Humedece un pedazo de algodón en dos cucharadas de leche y pásalo por todo tu cutis, desde la frente hasta el cuello y escote. Deja que repose durante cinco minutos a 10 minutos y retira con un pañito remojado en agua tibia (no caliente). Procede con tu maquillaje, pues no necesitarás humectante adicional.

Blanquear y aclarar manchas

Humedece un  algodón en una mezcla de dos cucharadas de leche entera y dos cucharadas de té verde o dos cucharadas de jugo de limón. Unta sobre tu cara y cuello, prestando particular atención a las áreas donde tengas manchas. Deja reposar durante 15 minutos y remueve con agua fresca. 

Mascarillas

Tritura dos rodajas de papaya fresca con ¼ taza de leche en la licuadora. Aplica sobre tu piel y deja reposar durante 20 minutos. Remueve con agua fresca.

Tritura un guineo con ¼ taza de leche fresca en la licuadora. Aplica sobre tu rostro y cuello y deja reposar durante media hora. Remueve con agua fresca. 

Mezcla dos cucharadas de leche fresca con una cucharada de miel y una cucharada de jugo de limón. Aplica sobre tu cutis y deja reposar durante 10 minutos.  Remueve con agua fría.

Suavizar y humectar

Para una piel sedosa en todo tu cuerpo, no tienes que bañarte en leche de burro como hacía Cleopatra. Sencillamente, prueba algunos de estos relajantes y rejuvenecedores baños de tina.

Haz una solución con dos litros de leche entera, una taza de miel, cinco cucharadas de bicarbonato de soda, el jugo de tres limones y seis gotas de aceite de oliva, aceite de lavanda o aceite de almendras. Cuando todo esté bien mezclado, llena la bañera con agua tibia y añade la solución. Mezcla bien. Métete a la bañera y descansa por unos 20 minutos. Antes de enjuagarte con agua tibia, frota todo tu cuerpo con una toallita de mano, una esponja de lufa (loofah) o un cepillo de baño. Sécate con suavidad. No necesitarás crema para el cuerpo.

Exfoliar

Haz una pasta con dos cucharadas de leche, media cucharada de nueces o almendras trituradas, dos cucharadas de avena cruda y media cucharada de miel. Frota suavemente sobre tu rostro y cuello, y deja reposar durante 10 minutos. Remueve con una toallita remojada en agua tibia, seguido por un algodón remojado en agua destilada fría.

Aliviar quemaduras de sol

Remoja un algodón en suero de leche (buttermilk) y pásalo por todas las áreas del cuerpo donde tengas quemaduras de sol. Deja reposar por 20 minutos y remueve con agua fresca (que no esté fría de la nevera). 

Si no tienes suero de leche, mezcla una taza de leche entera con una cucharada de jugo de limón o una cucharada de vinagre blanco. Deja reposar a temperatura ambiente durante 10 minutos. Cuando haya espesado, úntalo sobre las partes afectadas con un algodón o paño suave. Enjuaga con agua fresca luego de 20 minutos. Puedes repetirlo de dos a tres veces al día hasta sentir alivio.

También puedes usar crema agria (sour cream) o yogur, siguiendo el mismo procedimiento.

Pies más suaves

Remoja tus pies durante 20 minutos en esta solución: un litro de agua tibia, dos tazas de leche caliente, cinco gotas de jugo de limón, cuatro cucharadas de sal y unas cuantas gotas de tu champú favorito. Antes de enjuagarte los pies, frota los talones, y cualquier otra parte que tenga callosidad, con una piedra pómez. Luego, enjuaga tus pies con agua fresca y usa la crema de pies de tu preferencia. Ponte un par de medias de algodón… ¡y a descansar se ha dicho! Verás que al día siguiente tus pies estarán bien suaves. Puedes repetir una vez a la semana.