Entre todos los males asociados con el cigarillo ahora se suma uno más, y no para quien lo fuma, sino para los que inhalan el humo de segunda mano. Según un estudio de la Universidad Brigham Young (BYU, por sus siglas en inglés), en Utah, exponerse al humo del cigarillo puede provocar aumento de peso.

De acuerdo con una comunicación emitida por BYU para destacar los hallazgos de la investigación, las personas que comparten la casa con un fumador, particularmente menores de edad, tienen un riesgo mayor de problemas cardiovasculares y metabólicos que desembocan en un incremente en el peso. Se estima que la mitad de la población de Estados Unidos se expone al humo de segunda mano al menos una vez al día. En el caso de los niños y niñas, aproximadamente un 20 por ciento vive en un hogar donde alguien fuma.

Benjamin Bikman, profesor de fisiología y biología del desarrollo de BYU, y su colega Paul Reynold, querían demostrar que el humo del cigarrillo está ligado a la función metabólica. Para efectuar su estudio, expusieron a ratones de laboratorio al humo de segunda mano y analizaron su progresión metabólica para ver por qué los fumadores se vuelven resistentes a la insulina. 

Como anticiparon, los ratones expuestos al humo engordaron y, cuando los investigadores indagaron, encontraron que los ratones habían liberado un pequeño lípido llamado ceramida que interrumpe la función de las células e inhibe su capacidad para responder a la insulina.

Para revertir los efectos del humo del cigarrillo habría que inhibir la ceramida . A los ratones que trataron con myriocin (un bloqueador de ceramida) no pareció afectarle la exposición al humo, así que ahora Bikman y su equipo están en la búsqueda de un inhibidor de la ceramida que sea seguro para los seres humanos.